El negocio de la familia
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Tanto el mundo como Cuba
marchan a una forma u otra de polarización. Las cosas toman su lugar y
queda claro qué quieren y qué no quieren los actores políticos
mundiales. Para muchos ya está claro lo que quiere y lo que no quiere el
régimen de Fidel Castro: no quieren un país rico. Tampoco un pueblo
próspero y feliz.
El gobierno socialista español de Rodríguez Zapatero tiene algunos
puntos de contacto con el gobierno de Fidel Castro. En unos casos por
omisión y en otros por comisión, coinciden con la dictadura de los
Castro en que Cuba no sea un país rico; también en que su pueblo no sea
próspero y feliz. A partir de la última visita del canciller español
Moratinos, todo parece indicar que España tratará de conducir a la Unión
Europea por su misma senda de diálogo con los gobernantes vitalicios de
la Isla.
En su visita, el canciller Moratinos permitió, y de cierta forma condonó
los desplantes de su homólogo Pérez Roque. Desairó a la oposición
interna cubana y aceptó el diálogo con el gobierno de La Habana, basado
en el supuesto de que los presos políticos cubanos son terroristas,
agentes de una potencia extranjera. España, por tanto, ya ocupó su lugar.
Mientras, en Cuba se instaura con la mediática convalecencia de Fidel
Castro, un inmovilismo que afirma la supervivencia política y el
mantenimiento del status quo deseado por las familias que conforman la
élite del poder. Este se basa en impedir el desarrollo y la liberación
de las fuerzas productivas.
El proceso es complejo. El régimen vende la fuerza de trabajo altamente
calificada del país. Esta fuerza de trabajo contribuirá al desarrollo de
la industria azucarera Brasil. Resolverá problemas de salud pública en
África o en cualquier otro oscuro rincón del planeta. Construirá desde
una planta de biotecnología hasta un aeropuerto, fuera de Cuba. Lo único
que no le será dado hacer es trabajar para la salvación, la riqueza y la
felicidad de la tierra que los vio nacer. Por esto, a nivel interno no
se liberan estas fuerzas productivas.
Las familias gobernantes, encabezadas por la familia Castro, necesitan
un pueblo de miserables indigentes ilustrados. No necesitan para nada un
pueblo rico, libre y feliz. Su supervivencia como clase política
descansa en nuestra miseria.
Allá por 1830, la condesa de Merlín visitó La Habana. Aquella bella,
inteligente y distinguida mujer realizó observaciones muy inteligentes
en su visita. Entre ellas, vale destacar la relacionada con los salones
aristocráticos de nuestra ciudad. Según la dama, los aristócratas que
los frecuentaban estaban emparentados en algún grado de consanguinidad.
Pues bien, en la actualidad, el cuartito está igualito. El hijo del
general Zutano se casa con la hija del ministro Fulano. Están a un tilín
de crear su nobleza de sangre.
Por ejemplo, el canciller Pérez Roque no está unido en matrimonio con
cualquier hija de vecino. Don Felipe se casó con otra hija de papá.
Ojala alguien se atreva a desmentirme. Esta es la mala noticia. La buena
es, que dentro de cien o quizás 200 años, sucederá lo que sucedió en el
antiguo Egipto y más recientemente en las casas nobles europeas:
degenera la raza por consanguinidad.
Hoy el problema es otro. Cuba necesita desembarazarse de las familias
gobernantes que la mantienen en la miseria. En esta confrontación, las
partes ocupan el lugar que las definirá ante la historia. Los Estados
Unidos y los países del Este de Europa hicieron su elección; la España
de Zapatero y Moratinos la suya. Cuba, al menos por el momento, calla y
espera. Pero que nadie piense que olvidará.
jgonzafeb@yahoo.com
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