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Monday, April 16, 2007

Suite Habana: realidad en colores

CULTURA
Suite Habana: realidad en colores
Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - De las treinta películas
cubanas que el gobierno prohibió proyectar en la televisión durante
largos años, para sorpresa de muchos, dos se han podido ver en días
pasados: Diario de Mauricio, de Manuel Pérez, y Suite Habana, de
Fernando Pérez. Faltan veintiocho.

A decir verdad, muy claros han estado los censores del régimen al
prohibirlas. Diario de Mauricio es una prueba contundente del fracaso
del socialismo cubano. Suite Habana le pone la tapa al pomo. A esta
última voy a referirme.

La clave del filme Suite Habana radica precisamente en su nombre. Está
compuesta de una selección de fragmentos de nuestra realidad social,
extraídos de una obra -la llamada Revolución Cubana- de larga duración,
las que servirán de ejemplo para el futuro.

Aquellas excelentes fotos de escenas rurales realizadas por Raúl
Corrales y Alberto Korda en los años cincuenta del siglo pasado, donde
se ve una linda niña campesina abrazada a un pequeño tronco de madera
que le servía de muñeca, niños descalzos, campesinos con las ropas
raídas, bohíos destartalados; en fin, la miseria del campo cubano, son
un pálido reflejo ante lo que nos muestra Suite Habana: todo lo que
vivimos cada día en nuestra capital, plasmado en una fotografía
magistral y que supera con creces la pobreza y el dolor de aquellas
otras del lejano pasado, las que no se reproducen en los medios de
prensa porque podrían parecer fotos actuales.

Fernando Pérez, también guionista del filme, posee un gran talento. Se
propuso hacer buen arte y lo logró con su Habana. No necesitó montar
escenarios ni agregar diálogos. Una cámara solamente le hizo falta, y
que los capitalinos le abrieran de par en par sus puertas para que la
calidad de vida del cubano pudiera sobrecoger al más duro de corazón.

Suite Habana servirá para que las generaciones de un futuro libre no
olviden el desgarrante pasado de nuestra capital: el médico que trabaja
de payaso para ganar algo más que un salario humillante, el profesor de
marxismo mostrando su miseria y su tedio después de más de medio siglo
de revolución socialista, la tristeza del zapatero, del travestí, de la
anciana, que como miles en La Habana vende cucuruchos de maní por las
calles.

Todo llora en Suite Habana: las calles por rotas, los edificios a punto
de caerse, la mortecina luz del Morro, la abulia del cubano de a pie.

Pero algo le faltó a Fernando Pérez para que completara nuestra realidad
social: las residencias de la antigua aristocracia en manos de la nueva
clase del país. Sólo así hubiéramos podido ver en colores y de forma
brutal la desigualdad que se oculta a todos.

Pensé, por la nostalgia que sufren millones de cubanos separados de la
Isla, que a ellos está dedicado este filme. Así termina, con las
estrofas finales de la melodía Quiéreme mucho, del maestro Gonzalo Roig,
cantadas con la cámara desde el Norte: Es imposible, mi cielo, tan
separados vivir… tan separados, vivir.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/apr07/16a7.htm

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