Mesa Cuadrada
2005-11-06
Hace unos días tuve la oportunidad de ver y escuchar una Mesa redonda, programa político de la televisión cubana internacional, Cubavisión. En el mismo intervino, casi habló solo él, gran hermano. Hacia más de 15 años que no lo escuchaba hablar tanto, hombre que tanto irrumpió en mi televisor durante mi infancia y adolescencia.
Empero la retórica era la misma y el tema bien conocido: ayuda de los médicos cubanos a otros países y por supuesto ataque arremetedor contra el gran vecino del norte. Ya no les llamaba ni por su nombre. Decía: "ellos hacen esto", "ellos no hacen aquello".
Pero empecemos por la mesa: redonda, sí era físicamente y bien grande para solo estar sentados tres personas alrededor de ella. De mesas redondas se ha hablado desde la del Rey Arturo en Camelot hasta las vistas en tantas conferencias internacionales. Se trata de que todos participen y no haya jerarquía, sino que todos por igual expresen sus ideas. ¿Qué pasó con la de la televisión cubana? Él está siempre en la tribuna dando discursos, no se percata del perímetro alrededor; su geometría de Lobachevsky a la inversa ha tornado la curvatura del infinito en una línea de demarcación y solo desde su lado comanda, enmienda, reprocha a todo el mundo, a los que ha puesto del otro lado.
Curioso que el modelador del programa no podía decir palabras, a cado rato se escuchaba, "este , uhummm , a ver ", pero de ahí no pasaba pues el caballo continuaba el discurso, uniendo una cosa con otra sin mucho de lógica, con el dedo índice erecto, indicando una y otra vez lo correcto de sus adivinanzas. Contando cuántos miles de médicos estaban estudiando y cuántos miles habría para el 2008 o 2010. La última era dar a conocer la presencia de médicos cubanos en Pakistán después del terremoto. Repitió una y otra vez que nosotros -es decir él- no hacemos propaganda de esto.
Al parecer, a los que les hace falta atención médica e intensiva es a los cubanos pues se han quedado ciegos, sordos y mudos. Otra explicación no tiene el poder ver este programa donde el comandante en jefe se extiende horas hablando, disponiendo del país, mandando gente para aquí o para allá, poniéndole una mochila de medicinas en sus espaldas a los hijos cubanos para que anden por el mundo en los lugares más incógnitos cuando en Cuba no hay sabanas en los hospitales, ni anestesia en el dentista y vanagloriándose de su obra como si fuera la de todos los cubanos. Habló de como decidían buscar más casas de campañas, más mochilas, más recursos. ¿Quiénes deciden y cuánto cuesta todo eso?
A cada rato en el programa pasan la cámara a un salón que al parecer está ahí mismo en el estudio al lado de la mesa. Allí están sentados cubanos de todas las clases y tipos. Claro, todos muy callados, parecen estar momificados, algunos bostezan, otros parecen dormir con los ojos abiertos, todos tienen la misma camiseta, pulóver negro con letras blancas con una consigna que no quiero leer. Ancianos, jóvenes, mujeres, hombres pero todos con el mismo uniforme, la misma imposición. He intentado entender cuál es el objetivo de que estén allí, encomendados, pero ¿para qué?
Para lo que sea, Comandante se escuchó en la línea desde Guatemala. Era la jefa de misión acogiendo puntos desde allá. Así van las cosas. Detengámonos en esa frase: palo que sea. Al parecer él lo tiene claro: cualquier cosa puede disponer, después sentaos todos en la mesa redonda que les contaré.
Parece estar en un bunker, no hay cortinas, no hay emociones, todo del mismo color de fondo que compagina con la mesa y con el traje verde olivo. Ha repetido las mismas oraciones varias veces, sobre todo eso de que nosotros no utilizamos a nuestros médicos para propaganda; de que en una mochila tenían todo lo que hacía falta para hacerle frente a cualquier situación; y que nos imaginemos como sería la cosa en el 2008 cuando muchos miles de médicos más se graduarían. La mesa por su forma, cual acelerador de palabras, sirve de tubo de ensayo o moldeo para las mismas sílabas y vocablos en su ir y venir, dando vueltas y vueltas en una espiral sin evolución.
Por esto ha de ser redonda; por lo demás, no solo la mesa sino el programa, esta más cuadrado que el cubo de Rubik, aún así de disperso e incoherente. El hecho de que él la hubiese visitado ese día le quitaba entonces una dimensión más, la única para él posible: la mesa perdió área y se volvió un punto: la tribuna del comandante, el epicentro del terremoto revolucionario borraba todo dialogo e imponía su tremolante hablar, delirar, agobiar, acabar.
http://www.presslingua.com/web/article.asp?artID=3580
2005-11-06
Hace unos días tuve la oportunidad de ver y escuchar una Mesa redonda, programa político de la televisión cubana internacional, Cubavisión. En el mismo intervino, casi habló solo él, gran hermano. Hacia más de 15 años que no lo escuchaba hablar tanto, hombre que tanto irrumpió en mi televisor durante mi infancia y adolescencia.
Empero la retórica era la misma y el tema bien conocido: ayuda de los médicos cubanos a otros países y por supuesto ataque arremetedor contra el gran vecino del norte. Ya no les llamaba ni por su nombre. Decía: "ellos hacen esto", "ellos no hacen aquello".
Pero empecemos por la mesa: redonda, sí era físicamente y bien grande para solo estar sentados tres personas alrededor de ella. De mesas redondas se ha hablado desde la del Rey Arturo en Camelot hasta las vistas en tantas conferencias internacionales. Se trata de que todos participen y no haya jerarquía, sino que todos por igual expresen sus ideas. ¿Qué pasó con la de la televisión cubana? Él está siempre en la tribuna dando discursos, no se percata del perímetro alrededor; su geometría de Lobachevsky a la inversa ha tornado la curvatura del infinito en una línea de demarcación y solo desde su lado comanda, enmienda, reprocha a todo el mundo, a los que ha puesto del otro lado.
Curioso que el modelador del programa no podía decir palabras, a cado rato se escuchaba, "este , uhummm , a ver ", pero de ahí no pasaba pues el caballo continuaba el discurso, uniendo una cosa con otra sin mucho de lógica, con el dedo índice erecto, indicando una y otra vez lo correcto de sus adivinanzas. Contando cuántos miles de médicos estaban estudiando y cuántos miles habría para el 2008 o 2010. La última era dar a conocer la presencia de médicos cubanos en Pakistán después del terremoto. Repitió una y otra vez que nosotros -es decir él- no hacemos propaganda de esto.
Al parecer, a los que les hace falta atención médica e intensiva es a los cubanos pues se han quedado ciegos, sordos y mudos. Otra explicación no tiene el poder ver este programa donde el comandante en jefe se extiende horas hablando, disponiendo del país, mandando gente para aquí o para allá, poniéndole una mochila de medicinas en sus espaldas a los hijos cubanos para que anden por el mundo en los lugares más incógnitos cuando en Cuba no hay sabanas en los hospitales, ni anestesia en el dentista y vanagloriándose de su obra como si fuera la de todos los cubanos. Habló de como decidían buscar más casas de campañas, más mochilas, más recursos. ¿Quiénes deciden y cuánto cuesta todo eso?
A cada rato en el programa pasan la cámara a un salón que al parecer está ahí mismo en el estudio al lado de la mesa. Allí están sentados cubanos de todas las clases y tipos. Claro, todos muy callados, parecen estar momificados, algunos bostezan, otros parecen dormir con los ojos abiertos, todos tienen la misma camiseta, pulóver negro con letras blancas con una consigna que no quiero leer. Ancianos, jóvenes, mujeres, hombres pero todos con el mismo uniforme, la misma imposición. He intentado entender cuál es el objetivo de que estén allí, encomendados, pero ¿para qué?
Para lo que sea, Comandante se escuchó en la línea desde Guatemala. Era la jefa de misión acogiendo puntos desde allá. Así van las cosas. Detengámonos en esa frase: palo que sea. Al parecer él lo tiene claro: cualquier cosa puede disponer, después sentaos todos en la mesa redonda que les contaré.
Parece estar en un bunker, no hay cortinas, no hay emociones, todo del mismo color de fondo que compagina con la mesa y con el traje verde olivo. Ha repetido las mismas oraciones varias veces, sobre todo eso de que nosotros no utilizamos a nuestros médicos para propaganda; de que en una mochila tenían todo lo que hacía falta para hacerle frente a cualquier situación; y que nos imaginemos como sería la cosa en el 2008 cuando muchos miles de médicos más se graduarían. La mesa por su forma, cual acelerador de palabras, sirve de tubo de ensayo o moldeo para las mismas sílabas y vocablos en su ir y venir, dando vueltas y vueltas en una espiral sin evolución.
Por esto ha de ser redonda; por lo demás, no solo la mesa sino el programa, esta más cuadrado que el cubo de Rubik, aún así de disperso e incoherente. El hecho de que él la hubiese visitado ese día le quitaba entonces una dimensión más, la única para él posible: la mesa perdió área y se volvió un punto: la tribuna del comandante, el epicentro del terremoto revolucionario borraba todo dialogo e imponía su tremolante hablar, delirar, agobiar, acabar.
http://www.presslingua.com/web/article.asp?artID=3580
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