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Monday, April 23, 2007

Las horas contadas

Las horas contadas

Raúl Rivero, El Nuevo Herald, 22 de abril de 2007.

Madrid -- En las cárceles de Cuba está prohibido que los presos usen
reloj. Pero es inútil. Cada preso político marca su tiempo y asume los
horarios en una vida que está conectada con fragilidad a la velocidad de
las vueltas de la tierra alrededor del sol. Esa conexión se alcanza
mediante estos elementos que no tienen sustancia material: la cercanía
de la familia, la solidaridad y la esperanza.

Los relojes íntimos, individuales, únicos como las huellas dactilares o
como el ADN y la pupila que consultan los prisioneros sin mirar con
desgano ninguna esfera, caminan también por la emoción y la memoria. Por
los derrumbes del cuerpo y los ataques de las patologías, por el
discurso de las cartas que llegan, por la calidad de las fidelidades y
por la capacidad que demuestren sus amigos y compañeros de viaje para
apartar y demoler el olvido.

Esos tiempos privados necesitan apoyos para fluir porque desde el borde
de los camastros rústicos asediados por ratas y otros bichos, o frente a
las bandejas de lata empercudida que proponen espinas de pescado hervido
y unas hierbas, es muy difícil abstraerse para comprender el tiempo de
los gabinetes presidenciales y los relojes de pared, impolutos y
exactos, que controlan la burocracia de las cancillerías.

Allá dentro es un trabajo arduo e inútil tratar de conocer con precisión
las horas de las cenas protocolares. Las derivas de las conferencias y
citas de los políticos porque suelen perturbar el ejercicio de la
meditación los aromas de los baños turcos, un hueco hecho a barretazos
en el piso irregular, que los carceleros vinculan a la fuerza con la
salud y la atención a los reclusos.

Y, además, no importa. No puede importar mucho, si como en el caso del
doctor Oscar Elías Biscet se entra a su séptimo año de confinamiento
(con un breve periodo de dos meses entre una condena y otra) y la
dictadura ha dispuesto que tiene que estar encerrado un cuarto de siglo.

El médico necesita de su tiempo particular para atenderse la presión
arterial y la úlcera y otros padecimientos que contrajo en la cárcel y
necesita la llamada internacional que acaba de hacer su esposa, Elsita
Morejón, para que el mundo recuerde que ese hombre trabajaba en silencio
por la libertad de su país y contra la pena de muerte.

Biscet, que ha utilizado siempre con sabiduría sus cronómetros, requiere
ahora, más que nunca, de esas sustancias intangibles para que las
manecillas que sólo él puede ver no se retrasen y se le pierdan en las
neblinas de sus patologías y en las del calabozo del Combinado del Este.

Le hacen falta también al poeta y periodista Ricardo González Alfonso, a
quien han operado otras dos veces, sorpresivamente, esta semana en los
salones de esa misma cárcel. Sin avisar a su familia, en la sexta visita
involuntaria al quirófano en los últimos dos años. Todo eso después que
hace una semana Alida Viso Bello denunciara que a su marido no le
permitían pasar las medicinas que no le podía facilitar la mayor
potencia médica del universo y de la historia de la humanidad.

Reclama esos soportes José Luis Pérez (Antúnez) que cumplió desde marzo
su condena arbitraria de 17 años de prisión por el escandaloso delito de
propaganda enemiga oral, es decir, por expresar su opinión y decir la
verdad en público. Un hombre que es una leyenda del presidio político
por su rectitud y su coraje.

Se necesita mucha cercanía familiar, solidaridad y esperanzas para darle
ritmo y estabilidad al tiempo de todos los prisioneros políticos. Los
comunistas tratan de excluirlos y exponerlos a la muerte y al olvido en
sus prisiones porque ellos --a pesar de las rejas y el peligro-- para la
dictadura son una bomba de relojería.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/apr07/23o12.htm

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