2007-4-11
Por Miriam Leiva.
Los cubanos arrastramos el enorme lastre de ser isleños, lo cual
significa que estamos enclaustrados por las fuerzas del mar y las armas,
y para escapar del encierro tenemos que arriesgar nuestras vidas en el
Estrecho de la Florida, procurar un pariente que nos reclame desde
algún país, una ciudadanía por herencia o un matrimonio con extranjero,
o ir a la cárcel.
Se nos niega la libre información para que continuemos creyendo que este
es el mejor de los mundos posibles, aunque ya la mayoría lo duda por la
precariedad de la vida cotidiana. Ni radios de onda corta, ni
televisión extranjera, ni teléfonos móviles, ni equipos de fax, ni
Internet, catalogada de un peligro para la humanidad. No amigos
extranjeros y pocos turistas.
Caudillos hemos tenido a lo largo de la historia como buenos
latinoamericanos, dignos herederos de los españoles. El pueblo fue
alegre, bullicioso y emprendedor, pero apacible y crédulo. Tuvo grandes
ilusiones con una revolución que en 1959 le ofreció el Edén, si se
sacrificaba por corto tiempo y creía ciegamente.
Cuba tuvo una metrópoli, España, que gozó del privilegio de la
insularidad, el garrote y la reconcentración de Valeriano Weiler para
retener la ¨Joya de la Corona¨, última gran colonia en sublevarse y
finalmente desgajarse a fines del Siglo XIX. Contó con un vecino en el
Norte, hacia el que miraron con admiración los criollos ansiosos de
emanciparse, unas veces añorando la anexión y finalmente la
independencia. Fue el principal socio comercial desde entonces. Pero
las circunstancias en Estados Unidos primero no permitían asimilar un
nuevo estado esclavista, e iniciadas las guerras de independencia
cubanas retrasó los esfuerzos, unas veces con amenazas a la metrópoli,
otra con colaboración contra los barcos con armas para los mambises.
Finalmente, lanzó la guerra que produjo la intervención norteamericana.
Pero los cubanos tuvieron una república en 1902 que poco a poco se
despojaba de la tutela. Por desgracia, en 1952 llegó la tiranía de
Fulgencio Batista.
Estos isleños iniciamos el Siglo XXI atenazados por confrontación entre
los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, y la llegada de España con sus
empresarios apresurados para que los yankis no ocupen nuevamente su lugar.
Poco antes de que la Unión Europea analice nuevamente su posición hacia
Cuba, el 2 de abril, arribó el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores
de España, escoltado por su embajador en La Habana. Aduce que debe haber
un diálogo crítico para que Cuba se abra y que la política de la UE,
después de la represión a 75 opositores durante la Primavera Negra del
2003, fue un error. Claro que fue un error levantar las medidas de la
UE sin nada a cambio, sólo el canto de sirenas del astuto Presidente
cubano. Ahora el dislate puede ser mayor. No nos llamemos a engaños, el
gobierno español en el que muchos tuvimos serias esperanzas, apuesta por
el petróleo cubano, más hoteles, todos los negocios. Conoce el peligro.
Ya en Washington los legisladores se mueven para levantar las
prohibiciones a sus empresas y ciudadanos, mientras enfrentan a los
obstinados en mantener un absurdo embargo ya prácticamente inexistente,
utilizado como pretexto para reprimir a los cubanos.
Indudablemente muchos españoles han aprendido con creces. Ya no son los
emigrantes de boina y alpargatas que llegaban a Cuba sin un céntimo, y
eran acogidos por este noble pueblo. En los últimos 32 años han
logrado el desarrollo y entrar a América Latina con sus capitales. No
recuerdan que ellos tuvieron la dictadura del Franco. Otros españoles
sufren ante tanto egoísmo.
Los cubanos que se resignen. Seguiremos siendo rehenes de los intereses
de allende los mares y de los omnipotentes del totalitarismo tropical
que asfixia a un pueblo merecedor de salir de la miseria material y
espiritual; no tener prisioneros de conciencia y políticos pacíficos
en sus terribles cárceles; ni soportar a los empresarios españoles o de
otro país que le extraiga la sangre en contubernio con los explotadores
locales.
Señores extranjeros continúen riendo las gracias a los gobernantes de
Cuba; sigan llamándose grandes amigos, pero no engañan a los cubanos con
sus cuentos de que también han hablado sobre respeto de los derechos
humanos y los prisioneros. Pamplinas. No se han preguntado a cuantos
entrarán aún en las cárceles y cuantas mentiras urdirán las autoridades
para mantener al pueblo cubano oprimido e impotente ante la represión.
Así no se contribuye a la democratización.
La Habana, 10 de Abril de 2007
Miriam Leiva
Periodista Independiente
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