Pablo Alfonso
La noticia llegó por Internet. Fue un mensaje electrónico recibido desde
Cuba el día de Viernes Santo. La revista Vitral, órgano cívico cultural
de la Diócesis de Pinar del Río, sería clausurada. No habían mayores
detalles.
Crucificada, pensamos algunos amigos. Hoy reitero el término:
crucificada y sacrificada. Orden ejecutada por el recién estrenado
Obispo de Pinar del Río Jorge Enrique Serpa Pérez, quien sin duda será
de triste recordación para los católicos cubanos y los pinareños en
particular.
Ya sé que son palabras duras pero es el momento de llamar a las cosas
por su nombre, sin tratar de ganar tiempos y espacios con frases
diplomáticas vacías de contenido y realidades.
Desde hace mucho tiempo Vitral y el Centro Cívico Religioso de Pinar del
Río, que inspiró y fundó su director, Dagoberto Valdés Hernández, ha
estado en la mirilla de la dictadura cubana. Vitral y el Centro, también
han sido "motivo de honda preocupación" para la cúpula dirigente de la
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, por los cursos de doctrina
social, conducta cívica, actividades culturales y contenido editorial
que durante más de una década fueron "haciendo camino al andar" por el
estrecho surco de libertades que permite la dictadura.
Siempre celosa de guardar un difícil equilibrio que le garantice la paz
litúrgica, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, ha sacrificado
en más de una ocasión el mensaje profético de denuncia de las
injusticias a que está llamada la Iglesia, bajo el pretexto de no caer
en manipulaciones políticas. Es una posición cómoda.
Ese es justo el caso de Vitral y de su director, Dagoberto Valdés.
Sacrificados y crucificados en el justo tiempo litúrgico. Sólo que, para
los que mantenemos la esperanza de la resurrección, ese es un sacrificio
glorioso para quienes lo asumen y para quienes lo cometen, una afrenta
inolvidable.
Fue la firme postura del Obispo José Siro González Bacallao, resistiendo
todas las presiones, lo que mantuvo la existencia de Vitral y el apoyo a
su director, hasta que por razones de edad, renunció el pasado mes de
diciembre. Su sucesor en el cargo no ha tenido esa actitud; porque
tampoco cuenta con las vivencias de una Iglesia que se mantuvo en Cuba a
golpe de compromiso y sacrificio en "los años duros de la revolución".
Serpa, de 65 años, ingresó a los 17 en el Seminario habanero del Buen
Pastor y en 1961, salió al extranjero. Ordenado sacerdote en Bélgica en
1968 no pudo regresar a Cuba y durante 30 años prestó servicios en
Colombia. Finalmente hace apenas siete años regresó a Cuba y comenzó un
meteórico ascenso, bajo la sombra del Arzobispo de La Habana, Cardenal,
Jaime Lucas Ortega Alamino: Primero Vicario de la Arquidiócesis,
Administrador del Seminario y por último su rector hasta que recibió la
ordenación episcopal el pasado mes de enero y asumió la jefatura de la
Diócesis de Pinar del Río.
Fue una ceremonia, cargada de presagios en la que su antecesor José
Siro, le recordó la críptica frase de Juan Pablo II durante su visita a
Cuba. Su obligación de "cuidar la cola del caimán". No lo ha hecho.
Detrás de la decisión de Serpa está la mano de Ortega; y detrás de
ambos, las notas que van y vienen desde Roma a La Habana, entre la
Secretaría de Estado del Vaticano y su representante en la capital
cubana . Monseñor Luigi Bonazzi
Mala cosa para la Iglesia Católica en Cuba, volver a los viejos tiempos
en que la pastoral eclesial, su misión profética y su caminar entre el
pueblo de la Isla, estaba enmarcada por la política diplomática de la
Santa Sede. Para quienes conocemos las interioridades de esa historia,
no es una novedad reconocer las tensiones generadas entre la jerarquía
católica de la Isla y los diferentes representantes del Estado Vaticano
a lo largo del último medio siglo.
No hay espacio en una breve columna para ahondar más en el asunto. Pero
como me propuse al principio de este comentario llamar a las cosas por
su nombre, no podía dejar de lado el tema de esas complejas relaciones.
Es necesario apuntar que no siempre los intereses de las iglesias
locales coinciden con las estrategias, visiones e intereses del Estado
Vaticano. Es una de las grandes contradicciones con las cuales tiene que
navegar la nave de San Pedro.
Imagino que a estas alturas, Caridad Diego, la Secretaria de Asuntos
Religiosos del Consejo de Estado de Cuba, estará de plácemes.
Mucho ha tenido que ver en todo esto, su diligente capacidad de prometer
y cumplir a medias; sus acercamientos a la nueva generación de
episcopables cubanos, algunos de los cuales ya tienen el cetro en sus
manos y los micrófonos que logró medio abrir para que algunos
entusiastas obispos leyeran un breve y didáctico mensaje de Semana
Santa, en tres o cuatro estaciones provinciales de radio. Todo un
triunfo de la apertura y la reconciliación!
Hace algunas horas he recibido el último editorial publicado en el
último número de la revista Vitral. Como la primera versión de la
noticia fatal, llegó por Internet. Hay una nota que aclara con humildad:
Por falta de recursos Vitral dejará de publicarse.
Si, en efecto, "por falta de recursos", pero también por falta de otros
"recursos" no necesariamente económicos, agrego yo.
http://www.cubapordentro.com/Archivo-2007-04/pab-2007-04-10-a.htm
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