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BOLETÍN VITRAL. AÑO 6. #214. 9 DE ABRIL DE 2007.
Índice
ARTÍCULOS DE LA REVISTA VITRAL DEL CENTRO DE FORMACIÓN CÍVICA Y
RELIGIOSA DE PINAR DEL RÍO. CUBA. AÑO XIII. NO. 78. MARZO - ABRIL DE 2007
- Cuba: Hora de oportunidades - Nota de la Redacción
CUBA: HORA DE OPORTUNIDADES
Editorial. Revista "Vitral". No. 78. Marzo - Abril de 2007
Hasta que la realidad demuestre lo contrario, con fehaciente evidencia,
vivimos en Cuba una hora de oportunidades. Oportunidad es el tiempo que
se presenta para hacer lo pertinente, es la puerta para la posibilidad.
Oportunidad es la frontera en que lo que parecía imposible se adentra en
el territorio de lo posible. Es la ocasión lógica para responder a lo
que se necesita, quizá desde hace mucho tiempo.pero que estaba ahí
paralizada, porque no se habían presentado las circunstancias. No
habíamos llegado a la encrucijada entre las condiciones y las
consecuencias. Oportunidad no es oportunismo sino sentido del momento
histórico, es discernimiento de las cualidades que rodean un tiempo y un
lugar que necesitan cambiar. Hemos escuchado a muchas personas, de muy
diferentes modos de pensar y de creer, con muy diversos puestos en la
sociedad, que coinciden en que este pudiera ser un tiempo de
oportunidades para Cuba. Atención, decimos: oportunidad para Cuba. Es
decir, para todos y cada uno de los cubanos y cubanas que vivimos aquí o
en cualquier lugar de la Diáspora. No se nos parecen estas opiniones a
las que durante décadas se han escuchado de algunos de los ángulos
agudos de esta historia que se llama Cuba en la segunda mitad del pasado
siglo XX. Nos parecen voces muy sosegadas, profundas, serenas,
moderadas, estudiosas unas y otras intuitivas, con mucho amor a la
Nación a la que pertenecen por derecho en virtud de ese mismo amor y
sentido de pertenencia, sostenido a pesar de los ciclones y las sequías
Tenemos la impresión de que cuando tantas y tan diversas voces y
corazones coinciden en la coyuntura de la posibilidad es que el trance
tiene algo de acierto y que el tiempo madura para abrir la puerta a las
transformaciones sentidas como necesarias, reflexionadas como urgentes,
y buscadas como asideros para progresar como cubanos, permaneciendo en
tierra y cultura cubanas. Es hora de dejar atrás los desaciertos y
errores, a veces muy graves e irremediables, hora de decidirnos,
conciente y responsablemente, por no abrirle la puerta ni a la revancha,
ni a la violencia, ni a la venganza. Hora de optar por la verdad sin
odios, pero verdad; por la justicia sin ensañamiento, con magnanimidad,
pero justicia; y por la reconciliación sin ocultar las cicatrices pero
sin urgar en ellas, es decir, reconciliación que es siempre volver a
empezar y pasar la hoja. Es hora de tomar las decisiones que
consideremos mejores para Cuba y su futuro, sin impertinencias pero sin
pausa, porque para muchos, por su edad y por su capacidad de resistir,
esta es su última hora de oportunidad. y la Patria no debe seguir
perdiendo a una significativa porción de sus hijos por falta de
oportunidades. Es la hora de dejar atrás los anacronismos que, como
sabemos, significa aferrarse a un tiempo que pasó. Esto significaría
aquí dejar de aferrarse a una forma de organizar la sociedad que ya
pasó, a unas ideologías que ya pasaron, a unos estilos de trabajo que
están trasnochados, a una forma de convivir que ya pasó, a una forma de
debatir o dialogar que está superada, a una forma de discrepar que ataca
a las personas y no discute sus ideas, a una manera de participar que
pertenece a la edad de los autoritarismos y los paternalismos, propios
de la adolescencia cívica y no de la madurez ciudadana que sabe que la
autopista para llegar a la democracia es la participación efectiva,
eficaz, plural, transparente, tolerante y cotidiana. Unas veces siendo
participación de apoyo y otras como participación discrepante, pero
siempre con la misma validez, respeto y espacios para el debate público
y el consenso negociado. Es hora de dejar atrás los anacronismos e
injerencismos foráneos, venidos del Sur y del Norte, del Este y del
Oeste. Este tiempo de oportunidades para Cuba debe significar también un
gran respeto en las relaciones internacionales por la primacía del
protagonismo de los cubanos y cubanas que vivimos, trabajamos y
permanecemos aquí, pero esto conlleva, inseparablemente y al mismo
tiempo, un gran respeto aquí por la primacía de todos los derechos
humanos de todos los cubanos y cubanas que vivimos, trabajamos y
permanecemos aquí, por encima de la política, la economía, las
ideologías y todo lo demás.
Otros anacronismos que entorpecen esta hora de oportunidades para todos
los cubanos, pueden ser los siguientes: - Anacrónicas son las medidas
económicas impuestas contra los ciudadanos y que son éticamente
inaceptables, porque equivocan el destinatario, justifican a los
verdaderos responsables y trocan las consecuencias. Esto entorpece la
hora de la oportunidad para el libre intercambio entre las personas, las
familias y los pueblos y contribuyen al "aislamiento de la Isla" -
Anacrónicas son las inversiones económicas que desconocen y violan aquí
los derechos de los trabajadores cubanos, los mismos derechos que en su
País están obligados a respetar y reconocer, no solo porque sus leyes se
lo exigen allá y se lo prohíben aquí, sino porque lo exige la buena
conciencia y los derechos prioritarios de los trabajadores cubanos. Y
todos esos propietarios saben que el Derecho está por encima de la Ley y
mucho más de las leyes injustas. Admitir esto, argumentando que los
negocios son los negocios y el mercado es el mercado por encima de la
persona humana, es un anacronismo que está entorpeciendo y mal educando
el futuro de Cuba. - Anacronismo es también manipular, con utilitarismos
políticos, las necesidades y pobrezas de los pueblos, para intercambiar
bienes de indiscutible justicia social por influencias políticas de un
lado y de otro. Los populismos cierran la oportunidad de los pueblos de
crecer como ciudadanos empoderados con su soberanía inalienable. -
Anacronismo es cerrar y aislar el País ya sea desde dentro o desde fuera
y prohibir la libre circulación de los ciudadanos dentro y fuera de sus
fronteras provinciales y nacionales cuando el mundo de hoy sabe que esos
"muros" pertenecen al pasado en cualquier lugar que lo intenten alzar
hoy contra el tiempo y los derechos de los pueblos. El aislamiento es la
fortaleza de los anacronismos y la apertura el comienzo de su fin. Pero
no nos quedemos en estos desafíos por resolver, debemos escuchar esa
íntima y perseverante intuición de que estamos entrando en la hora de
las oportunidades para Cuba. Dejemos a un lado, tanto los pesimismos
como los oportunismos. Hora de oportunidad para Cuba debe ser sinónimo
de hora de la responsabilidad de cada cubano y cubana que viva aquí o en
cualquier lugar donde peregrina la Nación indivisible. Hora de
oportunidad es hora de responsabilidad. De libertad y responsabilidad
compartidas. En efecto, dar oportunidad a que los cubanos ejerzan su
plena soberanía desde abajo es dar mayores espacios de libertad, pero
esa libertad no será bien usada si al mismo tiempo no damos chance a la
responsabilidad personal y social. Escuelas de responsabilidad es lo que
necesita Cuba en esta hora de oportunidades. Escuelas de responsabilidad
son espacios de participación verdadera y no de repetición inconciente.
Escuela de participación es propiciar oportunidades de ser uno mismo y
no una máscara de oportunismo. Escuela de participación y
responsabilidad es entrenamiento para la democracia y garantía para no
convertir la libertad en libertinaje, ni la oportunidad en oportunismo.
Si los cubanos y cubanas nos ponemos de acuerdo en no cerrar la puerta a
la oportunidad en esta hora de Cuba, entonces cada persona, la sociedad
civil y el Estado podrán sentir y pensar cómo revivir la esperanza.
Virtud que empuja a la confianza y al empeño. Cuyo nuevo nombre es la
oportunidad para que cada cubano pueda crear y protagonizar su propio
proyecto de vida y para que podamos encontrarnos, asociarnos,
organizarnos libre y pacíficamente para buscar comunitariamente la
igualdad de oportunidades y la oportunidad para que Cuba cambie para bien.
Concretemos aún más los minutos que conforman esta hora de Cuba: - Puede
ser la hora en que cada cubano comience a pensar con cabeza propia y a
hablar y actuar sin hipocresía. Y nada ni nadie le quite esta
oportunidad de ser. - Puede ser la hora en que cada familia cubana
comience a decidir su propio destino, la educación de sus hijos, el
respeto a la vida, el ambiente moral y la atmósfera de participación en
el seno de la familia: primera escuela de democracia. Y nada ni nadie le
impida esta oportunidad de quererse y crecer en humanidad. - Puede ser
la hora en que cada grupo natural estreche sus lazos de amistad y
reciprocidad, se encuentre para pensar, sentir y trabajar en comunidad
de intereses y de solidaridad sin falsas divisiones ideológicas,
políticas o religiosas. Y nada ni nadie le niegue esa oportunidad de
sentir y querer juntos. - Puede ser la hora en que cada grupo de cubanos
y cubanas que tengan un proyecto común, sea de perfil social, cultural,
económico, político o religioso, aprenda a asociarse, a organizarse
pacíficamente, dentro del respeto del derecho de los demás y de las
leyes justas para ir tejiendo el entramado de una sociedad civil nueva y
más autónoma, creativa y participativa. Y nada ni nadie limite esa
oportunidad de asociación ni le niegue el espacio a la confianza
recíproca, único "pase" a la oportunidad. - Puede ser la hora en que
cada empresa cubana pueda tener la oportunidad de ser protagonista de su
autogestión y la hora en que cada cubano empresario no tenga que
"sentir" a la empresa "como si fuera suya", sino que tenga la
oportunidad de que "sea suya" de verdad. Y nada ni nadie tenga la
hegemonía ni el monopolio de la empresa ni del capital. Nada ni nadie de
fuera ni de dentro. - Puede ser la hora en que cada trabajador cubano
pueda tener la oportunidad de trabajar por cuenta propia, de hacerse a
sí mismo un pequeño empresario, tener acceso al micro crédito, destapar
la capacidad de tenaz emprendedor que caracteriza a la inmensa mayoría
de los cubanos y cubanas. O, cuando menos, puedan los empleados tener
real y efectiva participación en la gestión y las ganancias de las
empresas donde entregan su vida. Y nunca más se consulte lo que ya está
aprobado, sino que se apruebe solo lo que se haya consultado y todo sea
para el bien común. - Puede ser la hora en que los trabajadores cubanos
dejemos de "hacer como si trabajáramos" y de que el Estado deje de
"hacer como que nos pagan". Y los salarios y otras prestaciones sociales
le permitan vivir de su trabajo de verdad. - Puede ser la hora, y lo
estamos viendo, en que los intelectuales y artistas cubanos den paso,
por ellos mismos y con su estilo y códigos, a una cultura del debate
abierto, de la discrepancia fecundante y purificadora de la memoria
histórica y del quehacer intelectual. Y que nada ni nadie dé por zanjado
el espacio de debate, ni por cerrada la oportunidad al protagonismo de
las conciencias críticas y plurales. - Puede ser la hora en que las
Iglesias en Cuba tengan la oportunidad de ser ellas mismas, en igualdad
de condiciones con sus hermanas de aquí y de fuera, y que no tengamos
que explicar más a nuestros hermanos y superiores del mundo entero que
Cuba tiene unas "condiciones diferentes" al resto del mundo y "unas
restricciones especiales" con relación a los demás. Es decir, que nada
ni nadie confunda más la libertad de culto con la entera libertad
religiosa, ni confundan más la dimensión social del servicio de la
Iglesia con una forma de hacer política partidista. - Puede ser la hora
en que las relaciones internacionales de Cuba tengan la oportunidad de
normalizarse, es decir, en que nuestro país asuma, en la práctica
cotidiana y perseverante, el concepto de relaciones internacionales que
coloca a la persona de los ciudadanos, su dignidad y sus derechos todos,
civiles y políticos, culturales, económicos y sociales, por encima de
razones de políticas, ideologías, ideas religiosas o estrategias
económicas. No solo entre Cuba y los Estados Unidos, si no también en
América Latina y la Unión Europea, en Asia y África, en todas las
regiones de este planeta se necesita dar una oportunidad a la diplomacia
de un humanismo integral y solidario que abandone los anacronismos de
los bloques ideológicos, de los intereses económicos y comerciales por
encima de los derechos humanos y de las hegemonías internas y externas;
por encima de culturas y soberanías. - Esta puede ser la hora en que los
que tienen las más altas responsabilidades de gobierno abran cada vez
más, de forma gradual y pacífica, las oportunidades de participación
para todos los cubanos y cubanas, de modo que se adecue el marco legal a
mayores espacios de responsabilidad democrática. Y todos sabemos que
muchas de las oportunidades mencionadas anteriormente dependen de esta
apertura legal y de su amplitud plural e incluyente.
Tenemos la impresión de que una cantidad muy significativa de cubanos
intuye o ve claro este momento histórico y que, además, desearían que
todo fluyera de la forma más ordenada, más participativa y más ágil que
se pueda. El futuro próspero, feliz y democrático de Cuba dependerá de
las actitudes y decisiones que tomemos cada uno de los ciudadanos y cada
uno de los que prestan su servicio al País desde las posiciones de la
más alta responsabilidad. Si dejamos todos pasar esta hora decisiva y
sosegada, incierta pero esperanzadora, quizá lo tengamos que lamentar
durante mucho tiempo por venir. Una vez más lo decimos, con toda
confianza y esperanza, creemos que el pueblo cubano, por sí mismo, puede
y «debe ser el protagonista de su propia historia», y que nuestra mayor
fortaleza para esta hora histórica, que pudiera ser de grandes
oportunidades para todos, es el capital humano, el potencial
emprendedor, la capacidad de recuperación y el carácter solidario y
fraterno de la Nación cubana, toda ella, siendo ella misma mestiza y
plural, unida en la propia diversidad y con los demás pueblos y Estados
en relación respetuosa de sus respectivas soberanías y culturas. Tenemos
también la impresión de que a esta altura de la historia, ningún pueblo
de la tierra, ninguno, desearía violar o lesionar siquiera, nuestra
soberanía y la integridad nacional. Nadie con responsabilidad lo desea y
no lo toleraríamos nosotros, ni ninguno de esos pueblos, incluido, por
supuesto el hermano pueblo de Estados Unidos. Entonces bastaría con la
voluntad política y con la participación y responsabilidad cívica de los
cubanos para abrir la puerta y responder al reto histórico de esta hora
de oportunidades para Cuba.
No la defraudemos.
Pinar del Río, 25 de febrero de 2007 Aniversario de la muerte del Padre
Félix Varela.
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