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Friday, April 20, 2007

Más turbadores del orden público

SOCIEDAD
Más turbadores del orden público
Odelin Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Caminar por las calles de la
Habana, percibir su entorno social y una urbanización en detrimento, nos
lleva a pregunta: ¿en qué sistema social andamos?

Realmente, está muy lejos de ser socialismo, y menos cerca de
considerarse capitalismo por necesidad. Creo asociarlo más al
neoliberalismo y su onda de integración económica, donde el concepto de
patriotismo, junto a los valores morales y nacionales pasan a un segundo
plano. De no ser así, puede catalogarse como un fenómeno o una
malformación social sui géneris de consecuencias catastróficas.

Son muchos los elementos que degradan nuestra sociedad socialista, faro
y guía de los pueblos del tercer mundo, según los oradores que envejecen
en el poder totalitario.

Se hace difícil entender que algunos colegiales al salir de la escuela
trepen a los ómnibus en pleno movimiento, a la vista de profesores y
agentes del orden público. Que las jineteras (gremialistas del sexo
desautorizado) sean encerradas en los calabozos para beneplácito de
oficiales y carceleros. O que un anciano, como norma diaria, recopile
para el almuerzo cinco pesos, aunque para ello tenga que permanecer por
horas desfallecido en portales y semáforos de La Habana.

Son sólo tres ejemplos visibles de un proceso que se denomina
revolucionario.

Recientemente, en una ruta 213, rompió en llanto una joven, al tiempo
que gritaba ¡descarado, descarado! No entendía qué pasaba. Sólo vi
apearse del ómnibus a otro joven de buen aspecto y con un portafolio en
la mano. El sujeto corrió con el viento y la suerte a su favor hasta
perderse en una de las entrecalles.

Me acerqué a la muchacha y pregunté qué pasaba, lo que no hizo un
oficial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) que viajaba en el
ómnibus, y que se encontraba cerca de la puerta por donde bajó el hombre
del portafolio.

Se trataba de un acto de depravación, un sujeto masturbándose sobre
ruedas, detrás de su victima y con un portafolio como telón que tapaba
su ofrenda masculina. Era una proximidad excesiva, casi una fusión de
dos motivada por la guagua llena, circunstancia que aprovechó el
"disparador". Regularmente, nadie ve nada, o no quiere ver nada. ¿Para
qué buscarse más problemas de los que ya tienen?

Quiero comentar sobre este tipo de individuo, del que poco se habla en
los medios, los llamados "masturbadores del orden público". No puede
achacársele a la dictadura como uno de sus "logros sociales", pero si un
elemento más que ha ido ganando espacio en las calles y al que las
autoridades le dan poca importancia.

Quizás sea un tema impúdico a tratar, pero necesario para el
conocimiento de cubanas y cubanos.

En Cuba se conocen como tiradores, disparadores, escopeteros o
fusileros. Generalmente, estos irracionales operan en las periferias de
la ciudad. Pasan inadvertidos entre la gente, en puentes, carreteras o
puntos de control. Tratan de apartarse de las aglomeraciones, buscando
sitios estratégicos para la depravación. Otros, los más temerarios, se
pueden detectar en un transporte público, una Terminal de ómnibus y
hasta en un centro hospitalario.

El antiguo comedor en ruinas del hospital clínico quirúrgico 10 de
Octubre, anteriormente conocido como Quinta Dependiente, es un verdadero
puesto de artillería para estos desquiciados. Cualquiera puede ser un
blanco perfecto, desde una hermosa fémina hasta una anciana.

Estos sujetos se mueven de un lugar a otro, pueden escandalizar los
portales de Cuatro Camino y el Barrio Chino, en Centro Habana o el Casco
Histórico de la Habana Vieja. Su horario es abierto. Mientras la
necesidad apremie, el deber enfermizo está por delante.

En las periferias de la capital se hacen habituales. Utilizan los
puentes de San Pedro, municipio Cotorro y el paso superior de la calle
100 y Boyeros, en Altahabana, por citar algunas zonas de operación.
Pueden tomar posición detrás de una columna de hormigón o encima de un
arbusto. A pesar del camuflaje son detectables, especialmente por las
féminas, quienes poseen un sexto sentido para estos gendarmes del sexo,
siempre de guardia.

La policía suele ignorarlos, por miedo, o por ser paisanos del oriente,
la tierra caliente. No debe haber código penal para ellos. Encerrarlos
en un calabozo, más que una atracción, es un peligro potencial.

Un amigo del barrio decía en tono jocoso: "son tantos los efectivos que
se puede hacer otra revolución".

De momento, en lo que el palo va y viene, aconsejamos a chicas y chicos
no deambular por sitios desolados donde asecha un enemigo social, otro
de tantos.

odelinalfonso@yahoo.com

http://www.cubanet.org/CNews/y07/apr07/20a9.htm

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