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Wednesday, March 07, 2007

Los arquitectos del sepulcro

DISIDENCIA
Los arquitectos del sepulcro

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba Marzo (www.cubanet.org) - Los disidentes en Cuba
soportan, perseveran, su luz no se apaga pese al vendaval represivo. En
el transcurso de algo más de 30 años han logrado articular un entramado
de organizaciones y proyectos cuantitativamente superiores a los
ocurridos en los países de Europa del Este y en la Unión Soviética,
cuando el totalitarismo dominaba el escenario político en ambos territorios.

Esto es un hecho que pone en dudas las aseveraciones de críticos y
calumniadores que llenan el éter y las cuartillas con alusiones a la
cobardía, la flacidez moral y el carácter mercenario de quienes se
exponen al exilio, a la cárcel y a la muerte por luchar a favor de los
derechos fundamentales de todos, incluidos los integrantes del Partido
Comunista.

¿Puede un mercenario enfrentar sin dobleces, ni titubeos una condena a
prisión en condiciones semejantes a la de una bestia? ¿Es acaso amoral
pedir que la libertad de expresión sea un derecho sin cortapisas
ideológicas? ¿Podría un cobarde enfrentarse, pacíficamente, a una suerte
de engendro totalitario que decide sobre su vida como si fuera Dios?

Decenas de miles de hombres y mujeres han sufrido el encierro por no
ajustarse al guión oficial. Tal vez hoy son simples osamentas dentro de
una tumba o viven allende los mares como forasteros en alguna vecindad
ajena a la delación y a tener en la psiquis un policía de guardia.

A pesar de las pesadillas, los sueños se han impuesto. El lugar vacío a
causa de una baja es ocupado por alguien que rompe las cadenas del temor
y se alza con la idea de crear una nación nueva sin odios, tolerancia y
donde nadie use las leyes como alfombras o calzoncillos.

Ser disidente ahora es una virtud porque se lucha por el futuro. Por
cada gota de sufrimiento llega a la conciencia un alud de satisfacción,
y es que nadie de los que empuñan la verdad, su verdad sin los virus del
absolutismo, quiere ser un practicante de la fuerza, ni persigue honores
vanos.

Los que discrepan a cara descubierta no tienen de qué arrepentirse, son
paradigmas de la transparencia, personas que no forran sus pensamientos
con palabrerías desprendidas de los vaivenes de las circunstancias.

En Cuba la mentira es el artilugio del náufrago que evita la inmersión
definitiva. Flotar sobre las miserias, el miedo, los burócratas, la
policía, las ilusiones perdidas, las ruinas que habitan al lado de las
consignas. Pocos disienten a viva voz. Es cierto que la mayoría repite
frases, aplaude, finge, derrocha diligencia en cuanto suenan las
campanas de la convocatoria partidista.

A su manera van al desquite, mudando sus valores a lo más recóndito del
olvido. Suelen ser expertos en el hurto, paradigmas del soborno, piezas
claves de la corrupción, actores proclives a cualquier papel con tal de
no caer en el abismo de la desgracia.
Es por eso que el país es un desastre. ¿Un teatro? ¿Una jungla que
llaman paraíso? En 2007, valga decir que Cuba revolucionaria no pasa de
ser una entelequia. Casi medio siglo embarcados en un proyecto
"socialista" que a duras penas se sostiene con sus dos muletas:
propaganda y represión.

Nadie o muy pocos creen en los discursos que vienen anunciando Eldorado
desde 1959. Si las frustraciones tomaran la naturaleza de sus autores
hoy tendríamos casi el doble de la población actual

Yo abogo por una reparación urgente, doy la voz de alarma antes que las
desventuras tomen el cariz de una hecatombe. Por eso me condenan, me
lanzan a la hoguera por hereje. De todas formas insisto en mis
disidencias. Quiero vivir en un país real, escribir una crónica y
publicarla en un periódico editado en La Habana sin los fantasmas de la
censura, viajar al extranjero sin pedir un permiso en las oficinas de
inmigración, hospedarme en un hotel de los que ahora son exclusivamente
para turistas foráneos, y por supuesto, no ver en el código penal
ninguna disposición contra quienes practiquen los preceptos inscritos en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Lo mismo desean los disidentes, los ciudadanos sin claras definiciones
ideológicas y comunistas de cartulina. Estos dos últimos grupos son
quienes, afanosamente, cavan la fosa para enterrar lo que queda del
socialismo. Con sus desfalcos, malversaciones, indisciplinas y apatías,
son los genuinos arquitectos del sepulcro, los artesanos de la lápida,
quienes aportan la tinta negra para el epitafio.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/mar07/07a6.htm

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