América Latina mantiene la apuesta
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Ya es habitual. El único
modo de saber sobre la salud del mandatario cubano, Fidel Castro,
secreto de estado en Cuba, es a través del presidente venezolano Hugo
Chávez. Siempre, tras el "How are you, Fidel?", lo declara en franca
recuperación.
Primero fue mediante la edición de breves vídeos de sus visitas al
bunker habanero donde convalece Castro. Después, una conversación
telefónica con su convaleciente amigo, durante su programa radial, ahora
diario, "Aló, Presidente".
Chávez ha vuelto a dar noticias de Fidel Castro. Afirma que, luego del
mitin anti-Bush en un stadium bonaerense y de su carrerita haitiana, el
Comandante volvió a llamarlo, esta vez para felicitarlo por su gira y
sus discursos geniales.
Chávez, por su parte, cual estrella del pop en el hit-parade, ya había
proclamado por Tele Sur, "Aló, Presidente" y cuanto micrófono tuvo a su
alcance, su triunfo en la competencia sobre su rival en la gira, el
presidente norteamericano. Siempre modesto, Chávez declaró que era sólo
una paja arrastrada por el torbellino revolucionario.
El presidente venezolano, convertido en el siempre optimista vocero de
la presunta recuperación de Fidel Castro, indica los cada vez más
estrechos vínculos entre los dos gobiernos.
Venezuela, además de ser su aliado político- estratégico en la región,
es el mayor socio comercial de Cuba, seguido a cierta distancia por
China. El petróleo que la isla obtiene de Venezuela ha sido vital para
la precaria recuperación económica cubana.
Esta situación puede influir de forma decisiva en el esquema sucesorio
en Cuba. Para un gobierno de Raúl Castro, a quien los analistas
consideran inclinado hacia el modelo chino y el mejoramiento de las
relaciones con los Estados Unidos, el impulsivo e irreflexivo Chávez,
aunque económicamente necesario, pudiera resultar embarazoso en lo político.
La formación de una Cubazuela o Venecuba, pese a las mutuas necesidades
y conveniencias, no pasa de ser una hipótesis bastante improbable. Las
bufonadas de Chávez y la mentalidad de rancho con camisa roja parecen
ser difíciles de asimilar por los orgullosos y experimentados generales
cubanos.
No obstante, Venezuela es, en estos momentos, el único país
latinoamericano con posibilidades y capacidad para influir en el futuro
de Cuba.
El régimen cubano, más allá de idealizaciones nostálgicas, resulta muy
difícil de explicar y justificar para los gobiernos de izquierda
democráticamente electos de la región.
De hecho, algunos presidentes han sido insultados por el gobernante
cubano por sus votos sobre las violaciones de los derechos humanos en
Ginebra.
El mandatario mexicano Vicente Fox tuvo que enfrentar el chantaje del
gobierno cubano. El caso de la doctora Hilda Molina, una científica
cubana a quien las autoridades impiden viajar para reunirse con su
familia en Buenos Aires, provocó fricciones diplomáticas con el gobierno
del presidente Néstor Kishner.
Recientemente, el presidente de Costa Rica, Oscar, Arias recibió
furibundos ataques por pronunciarse a favor de una transición pacífica
hacia la democracia en Cuba.
Tradicionalmente, los vínculos con la revolución de Fidel Castro fueron
utilizados por los gobiernos latinoamericanos como un instrumento de
presión para obtener ventajas en sus relaciones con los Estados Unidos.
Una vez desaparecido Fidel Castro, y con un Hugo Chávez abogando por la
integración latinoamericana, con la cartera rebosante de petrodólares y
pese a todo, democráticamente electo, el régimen cubano, si no hace
reformas políticas, pudiera ser un escollo para la izquierda democrática
de la región.
Por ahora, cuando no de franco apoyo al régimen cubano, como en los
casos de Venezuela y Bolivia, la postura latinoamericana hacia el cambio
democrático en Cuba es, salvo contadas excepciones, tímida y retardataria.
La diplomacia cubana ha tenido éxito. Los gobiernos del continente,
temerosos de enojar a las autoridades cubanas y para contentar a la
izquierda radical de sus propios países, evitan pronunciarse sobre el
tema de los derechos humanos en Cuba y no mantienen contactos con los
disidentes y la emergente sociedad civil.
El antiamericanismo y la nostalgia romántica por un pasado
revolucionario han maniatado la política latinoamericana hacia Cuba. La
han dejado sin opciones ante un eventual cambio. América Latina, sin
querer reparar en sus mataduras, sigue apostando por el mismo viejo y
cansado caballo.
Hace unos años, pareció un galimatías cuando el excanciller mexicano
Jorge Castañeda anunció la proximidad del fin del idilio con la
revolución castrista y el advenimiento de relaciones normales y menos
pasionales con la República de Cuba.
Fidel Castro, anciano, enfermo, con un impredecible Chávez en la
cabecera y una ascendente marea de izquierdas democráticas en
Latinoamérica, comienzan a darle la razón al anuncio de Castañeda.
luicino2004@yahoo.com
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