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Saturday, March 24, 2007

ALIVIO

ALIVIO
2007-03-24.
Antonio Torres Justo. Vicepresidente del Partido Solidaridad Democrática
(PSD)
El día que en Cojímar nos enteramos que nos imponían la electricidad
para cocinar, muchos no dormimos y el resto sufrió kafkianas pesadillas
toda la noche. Un alerta de mare-moto para el poblado no provocaría
tanto susto.

En casi toda La Habana sucedió otro tanto y hasta el mismo verde caimán
insular tembló de incertidumbre. No era para menos. Los apagones han
sido un camarada de ruta de la revolución. El buchito de café mañanero
se podía falsear o no existía, pero los apagones no escasearon nunca.

Ahora otro usuario, en la cola para comprar la calabacita –como
popularmente se le conoce al recipiente de l9 Kg. de gas licuado-
revela, que ni a Cojímar ni a otras zonas aledañas al mar les quitarán
el gas. Los presentes, a pesar del recelo por la veracidad de la
información, suspiramos con alivio. Desde el que está hasta el que no
está, sin excluir a los que reflotan en el conformismo.

Para suerte nuestra la agonía de la cruz que cargamos no se
incrementará, ni en peso sobre nuestras espaldas ni en costo para
nuestros bolsillos con la idea de ponernos a todos a cocinar con
electricidad, decía el sujeto.

Bastante tenemos ya con cargar con la calabacita a la espalda, sobre una
bicicleta o arrastrarla con un artilugio de dos ruedas cualquiera, para
comprobar que no hay gas o que la cola para comprarlo es de espanto.
Porque si en algo el sistema no falla nunca, indicaba, es en crearte
preocupaciones y dificultades, en complicarte la existencia de infinitas
maneras. Sólo a un loco se le ocurre semejante idea, lo pensó mejor y
resumió:

No tanto, como quiera que sea, a ellos no los afecta. Ya en este punto
los escuchas dirigieron sus miradas al azul firmamento. Parecían tratar
de avizorar algún ovni mañanero o elevaban sus silenciosas preces a la
Providencia porque la noticia fuera cierta.

Y tal parece que la Providencia escuchó, porque ovni no apareció
ninguno, ya que se comenta que hasta dentro de dos años no se realizará
este tipo de expropiación forzosa en Cojímar, porque tienen que
sustituir el tendido eléctrico, etc., o porque la genial idea se
trasmuta en brillante disparate. De no proceder de dónde procede la
policía política, estaría trabajando horas extra.

Por otros lugares, donde ya vendieron el módulo para el gran salto de
los hogares cubanos hacia la electrificación total, el malestar y las
quejas por la falta de electricidad determinaron que las calabacitas
planificadas para imprevistos, se vendan con una frecuencia muchísimo
menor a la programada.

Por otra parte los equipos eléctricos del módulo no parecen estar
diseñados para el persistente trabajo diario a que los someterán en las
cocinas cubanas, que sólo dependerán de ellos para elaborar los alimentos.

Ahora imaginemos por un instante que sucederá cuando en casi toda La
Habana, más o menos al mismo tiempo, se conecten las arroceras, las
ollas eléctricas multiusos, los calentadores y las bombas de agua, los
TV, etc. Es previsible que ocurra un nuevo Chernobyl. El chisporroteo y
los fuegos artificiales en la cálida noche habanera se podrán contemplar
en Groenlandia, donde los esquimales se preguntarán admirados el motivo
de tan extraordinarios festejos.

Si se hubiera filmado la expresión de incredulidad y angustia en el
rostro de los especialistas energéticos, con conocimiento real de las
carencias y deficiencias de las plantas generadoras y la red de
servicio, ante el propósito de exponer a la mayoría del país a depender
en tan alto grado de la electricidad, el último Oscar se exhibiría en
alguna vitrina del ICAIC. Y como que el designio parte de la cúspide de
la pirámide del poder, punto en boca y que Dios se apiade de nosotros.

Así como un día nos enteramos que nos electrificarían, nos enteramos que
se gasificarían todos los hogares cubanos. Para quiénes el kerosén era
el combustible para cocinar, el beneficio era indudable. La medida hasta
resultaba saludable. La reducción del índice de accidentes con esas
cocinas era de agradecer. Lo que no recuerdo es si en algún momento se
concluyó la gasificación o si resultó un fracaso que se clasificó como
secreto de estado que lo mejor es olvidar.

Pero no importa de que modo terminó aquello. Ahora lo trascendental es
electrificar la cocina cubana y si sucede que se demuestra su
imposibilidad, es de sospechar nos encaminemos a la carbonificación o
leñalización de nuestros hogares.

Cualquiera sea el desenlace, no nos adelantemos a los acontecimientos.
Por ahora respiremos aliviados. Que nos importa no nos vendan el módulo
de artículos eléctricos. Tampoco nos endeudamos con ello. Descansemos de
la inquietud y en nuestro ambiente marino disfrutemos, pese a todas sus
contrariedades, de la hornilla con la llama azulada para colar el café.Y
Dios quiera se quede en casa.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=9458

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