¿Qué puede pasar en Cuba?
MANUEL CEREIJO
Las condiciones sociales, políticas, económicas y militares en Cuba
indican que ya ha empezado una transición hacia una era post Fidel y
Raúl Castro. Y esto es muy importante si queremos una transición hacia
un sistema democrático, capitalista, de libertad y justicia. Dada la
complejidad de la situación en Cuba, sólo podemos analizar, no predecir,
lo que pudiera suceder.
El factor principal es qué pasaría si en las condiciones actuales
faltase Raúl Castro. Este, de 76 años y con una salud más resquebrajada
que la que siempre tuvo Fidel Castro, pudiese no estar capacitado para
gobernar en un futuro no lejano. ¿Entonces qué?
En realidad, con Raúl Castro o sin él, hay tres situaciones posibles: 1)
mantenimiento del status quo; 2) transición ordenada y rápida hacia la
democracia; 3) transición violenta.
El mantenimiento del status quo sería inadmisible, ya que significaría
una continuación del actual sistema represivo.
En el caso de una transición ordenada hacia un sistema democrático,
tendría que ser dirigida por las fuerzas armadas, con la cooperación de
algunos civiles.
En el caso de una transición violenta existen dos posibilidades: un
conflicto entre las fuerzas armadas o una explosión popular, creando una
situación fuera de control. Ambos casos conducirían a una intervención
extranjera urgente, aunque transitoria.
La solución óptima sería una transición rápida, ordenada, con libertad
de prensa, creación de partidos políticos, libertad de los presos
políticos, abolición de las leyes penales políticas y represivas y un
proceso preelectoral con la participación de todos los cubanos --los del
exilio y los de la isla-- seguida por unas elecciones libres,
independientes, secretas, transparentes. Esta solución, desde luego, no
será fácil de lograr. El exilio tendrá que tener una parte muy activa
desde ahora para lograr que así suceda.
Raúl Castro, es decir, si no se incapacitase, necesitará el apoyo de las
fuerzas armadas y de los principales dirigentes civiles para gobernar.
Si esto sucediera, sólo sería admisible si es algo temporal, que
conduzca rápidamente a su salida del país, y a un sistema ordenado hacia
los cambios antes mencionados. Su huida de Cuba es muy posible, dadas su
fortuna en el exterior, su edad y su salud. En mi opinión, estamos
vislumbrando esta posibilidad como resultado de los cambios económicos
puestos en vigor. Raúl tratará de dejar un legado y de empezar una
apertura económica antes de cualquier intento de apertura política.
Un objetivo primordial para que en Cuba avance la democracia, una vez
que el sistema actual sea abolido, debe ser el preocuparnos menos por
apurarnos en celebrar elecciones lo más pronto posible y atender más a
crear las condiciones que hagan posible que puedan celebrarse elecciones
lo más libres posible.
Existen muchos peligros en una transición hacia la democracia. Esta
transición puede ser larga y ardua. La transición de una sociedad con
miedo a una sociedad con libertad, donde los derechos básicos de
disentir sean protegidos y donde las instituciones que protegen el
disentimiento y la libertad sostenida estén firmemente establecidas
puede tomar unos años. Sin embargo, la cuestión debe ser cómo una
democracia puede ser mejor establecida en Cuba y no en si nunca podrá serlo.
Muchos gobiernos piensan que la libertad no puede imponerse desde afuera
y que cualquier intento de hacerlo saldría mal. Esto es una premisa
falsa. El librarse de una tiranía no es sólo un deseo universal, sino
que es universalmente deseable.
Muchos sostienen que una política de arreglo con la dictadura mantendría
la estabilidad y el orden. Dondequiera que el ser humano tiene el
derecho a decidir, a escoger, la decisión es la misma: libertad, no
tiranía; democracia, no dictadura; estado de leyes, no policía secreta y
represiva. La libertad es un regalo de Dios a la humanidad.
El desarrollo socioeconómico de Cuba dependerá de una política que parta
de la realidad y que trate de mejorar las condiciones de vida de la
población cubana. Las inversiones nuevas del capital son necesarias para
crear puestos de trabajo y aumentar la producción. Tendremos que
derrotar la miseria lo antes posible, sin populismo demagógico.
¿Conclusión? El final está cerca. El exilio tiene que estar preparado
para asumir el papel activo que lleve a una transición rápida y pacífica
hacia un sistema democrático y capitalista.
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas_de_opinion/story/192526.html
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