«Jugaron con nuestros sueños»
Carmelo Gutiérrez, jefe de uno de los centrales desmontados y enviados a
Venezuela, habla sobre la destrucción de la industria azucarera nacional.
Yodel Pérez Pulido, Manaos
"Nos complace mucho disfrutar, junto a ustedes, este día de alegría
justa, merecida, en que el central Jesús Suárez Gayol se constituye en
el primero del país en cumplir su meta azucarera". Son palabras de Fidel
Castro, pronunciadas el 12 de febrero de 1996, frente a miles de
trabajadores azucareros del municipio camagüeyano de Santa Cruz del Sur.
En medio de la alegría por el "plan de producción cumplido", una
cuestión de honor y no de política, pocos podían imaginar que con el
paso de los años la industria desaparecería para dejar en el silencio a
quienes entonces aplaudieron al Comandante. "Estos son los hechos que
nos van a hacer a nosotros salir del período especial, estamos
trabajando en muchas áreas, en muchos campos, en muchas ramas".
Doce años después, se puede afirmar que ni la euforia de aquellos
obreros, ni mucho menos las promesas del "ex gobernante", impidieron el
colapso total y la desaparición de una industria que formó parte de los
sueños y hasta del orgullo de los trabajadores.
Los que estuvieron en febrero de 1996 en el batey del central Gayol
pueden contar hoy qué ha pasado con sus vidas. Con certeza, una serie de
sucesos infelices. ENCUENTRO EN LA RED conversó con quien cumplió la
triste tarea de trasladar las piezas y equipamientos del central
azucarero Jesús Suárez Gayol hacia el poblado venezolano de Albarico,
perteneciente al estado de Yaracuy.
Carmelo Gutiérrez nació en el pueblo La Sacra, cerca del Suárez Gayol.
Tiene 42 años, es negro, fuerte e inteligente.
¿Por qué se decide trasladar el central Suárez Gayol a Venezuela?
El central no cumplió nunca más su plan. El año 1996 fue el último. La
gente sufría más que nadie aquello, los trabajadores técnicos, los
macheteros, todo el mundo… Pero nunca dependió de nuestro esfuerzo. La
gente se mataba día y noche, 16 y 18 horas todos los días, pero el
complejo siempre tuvo problemas operacionales.
Desde 1984, que fue la primera vez que el complejo molió, el plan se
cumplió 5 ó 6 veces. Era una industria ineficiente, sin dudas. No
obstante, era el sueño de mucha gente. Alrededor del central vivía una
comunidad que soñaba con el olor a guarapo, aquel aroma dulce que, para
el que sabe de azúcar, puede hablar sobre la calidad de lo que se está
produciendo.
En 2003, yo era el administrador del complejo. Ese año nos dijeron que
las piezas necesarias para echar a andar el central no iban a llegar
para la campaña de frío. Los dos molinos se habían "esmerao" meses antes
de comenzar la zafra. Se decidió entonces que durante ese año el central
no iba a moler.
Imagina lo que se formó. Era más que todo, el fin de la vida, un gran
caos. La gente quiere trabajar y ganar dinero, aquellos míseros salarios
que hoy siguen pagando en el Ministerio del Azúcar eran el salvavidas de
la gente.
La mayoría del personal fue reubicado en los centrales Haití y Cándido
González, los otros de Camagüey. Sin embargo, el personal técnico o
administrativo tuvo que quedarse allí mismo, con un salario fijo y
esperando por las piezas necesarias para volver a echar a andar. Conocí
palmo a palmo la industria, al punto de estar en mi casa —a dos cuadras—
y saber, por los ruidos, cuál era el tacho que estaba descargando, si la
caldera tenía un determinado problema. ¿A qué hora me levantaba? No, a
cuál me acostaba; tuve momentos de permanecer tres días allí, dormir
media hora en la oficina y seguir…
Las piezas nunca llegaron…
¡Las piezas…! Resulta ser que dos meses después del inicio de la zafra,
se nos dijo que junto a un personal de La Habana, nosotros teníamos que
desmontar el central. Imaginamos que se trataba de una remodelación
general. Pero no, dos días después, llegó el personal de la Empresa de
Reparación de Centrales y cada una de las piezas fue colocada en el
piso. Me acuerdo de haberle dicho a un compañero de trabajo: "Si esas
cuchillas se van para el suelo, nunca más las vamos a poder subir". Y
así fue. Sólo un mes demoró el desmantelamiento de la industria, y 15
días después estaba reunido en el Ministerio del Azúcar para ser
informado que la maquinaria se iba para Venezuela, con parte del
personal técnico y administrativo.
Aquella noticia explotó como pólvora en la comunidad Gayol. La gente
comenzó a cuestionarse muchas cosas: ¿qué sería de todos?
¿Se iniciaba, de manera oficial, la extinción de la industria azucarera
nacional?
Eso que tú dices parece poesía… (risas). Lo triste era ver todo aquello.
Lo montaron en un barco venezolano llamado…, deja ver si me acuerdo… Ah!
Batalla de Güiria. Ahí se trasladó casi todo, aquellas máquinas
ineficientes, pero nuestras, caramba. Para nuestra sorpresa, junto a los
hierros viejos, entraron en el barco los dos molinos por los cuales
habíamos esperado mucho tiempo, y que se nos dijo que no habían podido
ser comprados, estaban muy caros… Pues allí estaban los dos, nuevecitos,
y camino a Venezuela.
Entonces, el antiguo Jesús Suárez Gayol está en Venezuela…
Están sus antiguas piezas intentando ser eficientes. Y quiero decirte
que cuando se montó todo, eso duró como seis meses, el engranaje
funcionó bien. Pero aquel centralito de Albarico, que, por cierto, es el
único que pertenece a la Corporación Venezolana Agraria-Azúcar (todos
los demás son privados), no tenía la infraestructura que tenían nuestros
centrales. En Venezuela casi todo era mecanizado. Vi muchas más
cortadoras de caña cubanas en aquel lugar, que las 25 que teníamos en el
Gayol para todas las campañas, la mayoría viejas y rompiéndose a cada
rato. Pero, bueno, así es la vida.
¿Qué quedó del Gayol en Santa Cruz?
Sólo la estructura, las tejas, las líneas de trenes; la gente, claro,
con desesperanza y resignación. Se jugó con nuestros sueños. En Cuba es
así, no respetaron ni el nombre del central… ni su historia, nada.
Hoy se vuelve a hablar de una recuperación azucarera…
Los que saben de azúcar, saben de una ley: central que para, muere. En
Cuba pararon muchos, ya no existen. Las zafras también murieron. Hoy la
tecnología para producir azúcar a bajo costo es sumamente eficiente.
Brasil, por ejemplo, nunca abandonó su trayectoria azucarera. Hoy son
líderes en el mercado, porque se produce sin la excusa de que el precio
está bajo o que no hay compradores. Esas eran las excusas en Cuba.
Para mí, es difícil saber que muchos de los sacos de azúcar que hoy se
producen donde trabajo, en Brasil, van para Cuba. Los miro, te juro, con
envidia. Los sacos van, cuando debíamos ser nosotros quienes fuésemos, a
hacer de nuevo tanta historia olvidada y muerta. Así mismo, muerta.
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