2007-03-05.
Oscar Espinosa Chepe, Economista y Periodista Independiente
La Habana, 5 de Marzo de 2007. Un congreso extraordinario de la
Federación Internacional de Béisbol (IBAF) concluyó en Beijing, China,
con la selección del nuevo presidente hasta el 2009 para sustituir al
italiano Aldo Notari fallecido el pasado año. Los candidatos fueron el
cubano Reinaldo González, el norteamericano Harbey Shiller y el holandés
Theo Reitsma, quien declinó poco antes de la votación.
Shiller ganó por 58 votos a 29 de González, hombre con muchos años de
experiencia en el deporte de las bolas y los strikes. Una de las tareas
que deberá acometer el nuevo Presidente será lograr el retorno del
béisbol al programa olímpico, del que fuera sacado por el Comité
Olímpico Internacional (COI); una medida incompresible teniendo en
cuenta la expansión planetaria alcanzada por esta modalidad deportiva.
El Sr. Shiller al asumir ese cargo planteó la necesidad de hacer más
cortas las competiciones olímpicas y que los equipos cedan a los
jugadores para su participación en las citas estivales cada cuatro años.
El béisbol había sido un deporte olímpico desde 1992, mientras que en el
2006 se iniciaron los Clásicos Mundiales ganado en esa primera ocasión
por Japón, y Cuba resultó subcampeón.
La justa demanda de que el béisbol se reincorpore al programa olímpico
está respaldada por todas las federaciones nacionales del deporte. Sin
embargo, también debiera discutirse la discriminación existente en
ciertos países sobre algunos jugadores, managers y entrenadores a la
hora de conformar los equipos para participar en olimpiadas y eventos
mundiales.
Tal es el caso de Cuba, donde siempre quedan excluidos los peloteros que
juegan en el extranjero, en grandes ligas u otras ligas profesionales.
Eso no ocurre en la inmensa mayoría de los países, donde todos los
deportistas tienen la opción de representar a su bandera sin ser
discriminados por motivos políticos, raciales u otros.
También los peloteros cubanos tienen prohibido jugar en equipos
extranjeros, salvo algunas excepciones controladas por el gobierno
cubano sobre la base de decisiones basadas en elementos ajenos a los
méritos deportivos.
Asimismo debe haber una presión internacional para que todos los
jugadores cubanos con condiciones y voluntad para firmar contratos con
clubs en el exterior puedan hacerlo, lo cual está totalmente prohibido
por las autoridades con el resultado de salidas ilegales que en
ocasiones han puesto en peligro la vida de jóvenes peloteros ansiosos de
mostrar su valía y superarse en el exterior.
Lo correcto sería que en el futuro existiera libertad para que salgan
libremente y retornen cuando lo deseen con los recursos ganados;
posibilidad que al bloquearse impide la entrada al país de valiosos
recursos financieros, los cuales estas personas podrían invertir en Cuba
con beneficios para ellos y toda la sociedad.
El levantamiento de esas absurdas prohibiciones contribuiría además a
lograr un desarrollo más armónico del béisbol cubano y evitaría los
sufrimientos de muchos deportistas, quienes para cumplir sus sueños de
jugar en ligas mayores y otros campeonatos en el exterior, de acuerdo a
sus capacidades y con el pago adecuado, son empujados a separarse de sus
familias y desarraigarse del suelo natal. Un tratamiento cruel,
inmerecido y absurdo.
Experiencias en el mundo sobran de la práctica normal y civilizada del
deporte. Los peloteros a la vez que se desempeñan en los equipos
nacionales salen a hacerlo al extranjero, con lo que adquieren
experiencia y destreza. Esto se aprecia también, por ejemplo, en
deportes como fútbol, boxeo, baloncesto y voleibol. ¿Porqué los cubanos
tienen que ser una excepción?
La IBA debería tomar en cuenta esas desventajas y discriminaciones a los
peloteros cubanos.
Con ética y sin injustas prohibiciones ¡Play ball!
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