2007-03-23.
Pedro Álvarez Peña
Fuimos un grupo de estudiantes cubanos con una suerte inmensa o, será
otra cosa. A pesar de todo lo que traíamos en las mochilas castristas,
tuvimos la dicha de vivir los tiempos de la Perestroika y el Glasnost en
la antigua Unión Soviética. Este aire democrático cambiaría para siempre
nuestras vidas. Tanto fue así, que de nuestro grupo de siete
estudiantes, ninguno regresó a Cuba.
El recuerdo de hace veinte años atrás me lleva al barco "Mijail Suslov",
que nos llevaría a la Unión Soviética en travesía de 22 días desde las
aguas de la bahía de La Habana, hasta el puerto ucraniano de Odessa en
el Mar Negro.
El 20 de julio, de 1987 fuimos de La facultad Preparatoria en ómnibus
hasta el puerto habanero. Al llegar allí, nos acercamos al barco. Para
mí, que nunca había visto unos de estos trasatlánticos me pareció ver un
hotel sobre el agua, pues se erguían varios pisos, unos cuatro o cinco,
verticalmente del muelle. Pronto entramos con nuestras maletas.
Ocupamos un camerino muy cerca de la entrada del barco a solo unos
metros de la recepción del mismo. Éramos cuatro del grupo de los
matanceros. Salimos a recorrer todo el barco y estuvimos allí anclados
por un medio día pues a las nueve de la noche saldría a su rumbo.
El barco en realidad no era tan grande comparándolo con otros de este
tipo, cosa que supe después con el paso de los años. En aquel momento me
parecía inmenso. Eran cuatro pisos, tres de camarotes y uno más arriba
donde estaba el restaurante, una disco y otras facilidades. Había entre
otras cosas un cuarto con mesa de ping pong, una enfermería, dos salas
de estar; en una de ellas había un televisor de pantalla bastante
grande. Tenía afuera una piscina rodeada de sillas de tomar el sol, en
un piso arriba de la ella también se podía tomar el sol y contemplar el
océano.
A las tres de la tarde del mismo día de la salida del barco aún en el
muelle tuvimos la primera reunión a bordo. Allí se presentó el
representante del MES (Ministerio de Educación Superior) que viajaría
con nosotros. Era una especie de jefe seguroso que controlaba todo lo
que pasaba en el barco. Tenía un ayudante y pronto se encontró apoyado
por las organizaciones de masas entre nosotros, la FEU y la UJC.
Formaron un consejo del barco. Vaya que ya nos estaban moldeando, como
siempre. Nos leyeron la cartilla con algunas cosas, como que no podíamos
tocar las máquinas de juego que había en los pasillos del barco, igual
no teníamos dinero para ello. También otras cosas de orden y demás que
no podíamos hacer.
A las nueve de la noche se ponía el barco en movimiento. Subimos a
cubierta casi todos los estudiantes. Era atardecer en La habana, el sol
casi tocaba el mar en el horizonte y el cielo tenia un color gris
oscuro. Muchas personas en los techos de las casas nos despedían, daban
saltos y gritaban, nosotros también lo hacíamos. Fue muy emotivo. En eso
sonó el cañonazo de las nueve, detonación que oímos bien alto pues nos
encontrábamos frente por frente al Castillo del Morro. Pronto lo
bordeamos y el barco giro más a la derecha intrincándose en el
Atlántico. La noche caía, a lo lejos la silueta inolvidable del malecón
se hacia cada vez más pequeña, las aguas más negras y la espuma blanca
quedaba detrás del barco. Estuvimos sentados en la popa un par de horas
conversando mientras ya todo quedaba en tinieblas.
Los primeros días fueron de mucho ocio y sobre todo piscina. Allí estaba
casi todo el mundo. Inventamos un juego, una especie de mezcla de polo
acuático con lucha grecorromana submarina. Consistía en transportar una
chancleta de un lado de la piscina al otro en equipo, dos contra dos.
También competíamos en aguantar la respiración y nadar una cantidad de
piscinas por debajo del agua. No era muy grande la piscina, unos 25
metros cuadrados puede ser. Jugábamos cartas o domino, leíamos a ratos o
escribía en mi diario.
Por las noches había disco. Un grupo ruso del barco tocaba, bastante
bien pero pronto nos aburrieron sus canciones pues cada día tocaban las
mismas: "Susana" y otra de la cual no recuerdo el nombre. Empezaron a
poner más y más música cubana entonces para bailar. Hacíamos ruedas de
casino y bailábamos un buen rato.
Por cada día que pasaba después de los cuatro primeros empezamos a
cruzar husos horarios por que se hacia una hora más tarde. Este desfase
termino en que nos acostábamos tardísimo y la fiesta duraba más cada
día. Estábamos ya por las dos de la mañana un día cuando alguien decidió
sacar las bocinas para la piscina y a bañarse a esa hora. Esto termino
en consejo de barco con suspensión de piscina por tres días para todos.
Aunque más cosas vendrían.
Para estimular a los estudiantes el representante del MES, en una
reunión, propuso que ayudáramos a la tripulación con trabajo voluntario.
Pronto me vi con mis compañeros raspando ventanas en el salón de estar.
Teníamos un horario de trabajo creo que como de dos horas cada día donde
nos rotábamos a hacer diferentes tareas como pintar, recoger y ordenar
tarecos, sacudir las cortinas y alfombras, etc.
Pasamos 12 días en el Atlántico. El barco iba a hacer escala en
Guadalupe para cargar más agua pero por algún motivo que no se nos
explicó no lo hicimos. El resultado fue que casi ya no teníamos agua al
llegar a la próxima escala en Santa Cruz de Tenerife. Por lo que
pusieron horarios para bañarse, de 5 a 7 de la tarde y después quitaban
el agua.
Los camerinos eran muy modernos. Teníamos teléfono en todos, pero como
muchos no estaban acostumbrados parece empezaron a bromear llamando a
todo el mundo. Hasta llamaron al capitán del barco para decirle que
pusiera el agua. No se hizo esperar otra medida: Nos cortaron el
teléfono a todos. Mala cosa pues así llamábamos a los amigos y nos
poníamos de acuerdo donde nos íbamos a encontrar y a que hora.
En toda este viaje hasta las canarias no vimos un solo barco en el mar,
solo olas y un día que vimos delfines. Tuvimos buen tiempo todo el
Atlántico por lo que el barco no se tambaleó mucho.
Hubo sus preparativos antes de llegar a Tenerife. El consejo del barco
se reunió. Escogieron entre los alumnos viejos, sobre todos miembros de
la orden 18 (es decir estudiantes que venían seleccionas después del
servicio militar y eran unos años mayores que el resto) y militantes de
la Unión de jóvenes comunistas a vigilantes que se situarían en
diferentes postas alrededor de cubierta para que nadie se fuera a
"quedar" en España. Nosotros los demás no podíamos ir a cubierta durante
toda la estancia del barco allí.
Recuerdo la noche antes cuando nos acercamos a las islas. Era como las
doce de la noche. Por la ventana del camerino se veía la tierra. Eran
como montañas salidas del mar. Las luces subían como serpentinas rojas
por las alturas que se vislumbraban en la oscuridad.
Al amanecer vimos el puerto de Santa Cruz. Muchos colores y un cartel
grande con un anuncio de Malboro. El barco atracó en un muelle bastante
alejado de todo por lo que no vimos casi nada, solo los montacargas que
se acercaban y alejaban del barco con diferentes mercancías. Fue bien
aburrido la verdad, no pudimos bajarnos a tocar la tierra de la madre
patria.
Para mí en especial tiene Tenerife un significado tremendo pues mi
familia vive hoy en día allí; mis padres y hermanos. Aquel día aún sin
saberlo me pregunte si algún día tocaría esa tierra. Por cosas del
destino la primera que vi después de la mía. Hoy he estado más de quince
veces allí.
Zarpamos de nuevo de vuelta al Atlántico con proa a Gibraltar. A los dos
días atravesábamos el estrecho. Había mucha niebla y no se veía casi
nada. Pudimos ver el peñón de Gibraltar pero del lado marroquí solo una
penumbra en el horizonte. Ya estábamos en el Mediterráneo. Recuerdo que
esa noche estuvimos en el salón de estar mirando el televisor. Entraban
canales árabes y cuando entro uno italiano lo apagó el jefecito.
Otras cosas iban pasando detrás de las puertas de los camerinos. Nos
enteramos de algo interesantísimo que perseguiría nuestras mentes en los
próximos años. A uno de nuestro cuarto lo llamaron a la oficina del jefe
del MES. Le encomendaron la tarea de vigilar a sus compañeros de
estudio. Es decir espiaría a los que estudiaban la misma carrera que él.
Le dijeron sabemos que tu papa en Cuba trabaja en el Ministerio del
Interior, por eso te escogimos a ti en esa carrera. Tú informarás
cualquier cosa extraña que acontezca. Como que alguien hable con
extranjeros en la escuela, el albergue o en la calle. Escucha cualquier
manifestación o cosa rara que se diga. Le dieron una dirección en Moscú
a dónde enviaría cartas explicando lo sucedido. Incluso le ordenaron que
aunque no pasará nada debería escribir una carta cada dos meses diciendo
que todo estaba bien. Pronto escuchamos que la amiga de mi novia también
había sido llamada para lo mismo. Mi amigo y yo hicimos un comentario
inicial: en cada carrera hay uno de estos, ¿quién será en la nuestra?
Pasamos todo el Mediterráneo hasta llegar a Estambul y el Mar de
Marmaris. Esa mañana el sol estaba radiante. Pasamos el estrecho
rodeados de miles de embarcaciones pequeñas, se veían a ambos lados
muchas construcciones orientales, mezquitas y torres elevadas. Navegamos
por debajo de un puente grandísimo, colgante que une las dos partes. Por
el traficaban muchos vehículos intensamente. La tripulación rusa del
barco tiraba monedas al mar, decían daba suerte. Nosotros tiramos unos
kilos que alguien tenia en el bolsillo.
De aquí pasamos muchos lugares estrechos hasta llegar al mar negro. Una
noche de estas se formo tremenda bronca en el barco entre dos chicos. Al
pareces fue todo por una muchacha pero el resultado para todos fue que
el representante de nuevo haciendo uso de su poder implanto toque de
queda. Después de las 11 de la noche quedaba prohibido salir de los
camerinos.
Así pasamos las tres noches finales encerrados temprano. Decidimos
tomarnos la última botella de ron que teníamos jugando cartas y domino.
Entonces ocurrió algo que removería nuestras almas. Uno de nosotros en
el camerino saco la gaveta de la mesita que estaba entre las dos literas
y la puso boca abajo para utilizarla como mesa para las briscas.
Asombrosamente descubrimos una carta de despedida escrita al reverso de
la gaveta. Era de un muchacho cubano que viajaba hacia Angola.
Supimos que este mismo barco había llevado a soldados cubanos a África.
En la carta decía estar a las afueras de Cavo Verde y se despedía de
todos por si no volvía. De las letras se desprendía el miedo de este
muchacho. Tenía como nosotros 18 años. Hablaba a sus padres y amigos.
Estuvimos mucho rato hablando de esto: note por primera vez que mi amigo
matancero y yo teníamos algo en común, no todas nuestras cosas estaban
con el régimen del que todavía formábamos parte.
Una mañana 22 días después se arrimó el Mijail Suslov al atracadero en
el puerto de Odessa. A través de la ventana vi una escalinata grande
salir del muelle unos 10 metros arriba. Muchas palomas revoloteaban
allí. El día era grisáceo, como todo nublado. Recogimos todo y en fila
india salimos uno a uno. Fuimos de los últimos en entrar al salón de
declaraciones de la Aduana Soviética.
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Otras partes:
PERESTROIKANDO: LA PREPARATORIA
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=9281
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