2007-03-21.
Pedro Álvarez Peña
Fuimos un grupo de estudiantes cubanos con una suerte inmensa o será
otra cosa. A pesar de todo lo que traíamos en las mochilas castristas
tuvimos la dicha de vivir los tiempos de la Perestroika y el Glasnost en
la antigua Unión Soviética. Este aire democrático cambiaría para siempre
nuestras vidas. Tanto fue así que de nuestro grupo de siete estudiantes
ninguno regresó a Cuba.
Llegamos a la Unión Soviética a comienzos de la Perestroika en el año
1987. Aunque ahora les contaré sobre el año anterior, el que pasamos en
la facultad preparatoria para estudios en el extranjero "Hermanos País"
de la Universidad de La Habana.
Comenzaba el nuevo año escolar en septiembre. Llegamos a la barriada de
Siboney, una de las más exclusivas de la Habana. Yo venía del interior
del país y estaría becado por lo que llegué unos días antes. Allí
encontré gente de toda Cuba pues en esta facultad estudiaban los
estudiantes de La Habana pero también estudiantes de humanidades y los
llamados "nucleares" grupo al que pertenecía.
No mencionare nombres de nadie en este escrito. Si alguien lo lee y
quiere que ponga su nombre pues lo haré con mucho gusto. Creo le daría
más vida ha este recuento.
El primer día nos registramos. Llevábamos con nosotros el expediente
docente, ese que nos había acompañado por trece años en las escuelas,
un alta del comité militar, pues nos trasladarían hacia Siboney, y otros
papeles de formalidad.
Enseguida nos reunimos por provincias. Ocupábamos una casa antigua del
barrio al parecer abandonada por alguien al marcharse de Cuba. Dato
curioso es que nuestra casa colindaba con la de un ministro del gobierno
cubano aunque no recuerdo su nombre (Roberto… puede que sea). Su
guardaespaldas nos ayudo un día cuando un alumno se partió un pie.
En la casa estábamos por cuartos: los pinareños, santiagueros, los de
Camaguey y Ciego, holguineros y el de los matanceros, el mío. Éramos
seis estudiantes de Matanzas tres de los Camilitos, dos de la Vocacional
y yo.
A los matanceros los conocía de las pruebas que nos habían hecho en
febrero antes de aceptarnos en el programa. Estuvimos una semana en la
Universidad de Matanzas donde pasamos pruebas de matemáticas, física,
química y de lógica. También nos hicieron una entrevista de la que no
recuerdo mucho pero si que me pregunto la psicóloga si había tenido
relaciones sexuales y con animales.
Entré para la carrera de ingeniería Física-Electrónica nombre que no
refleja muy bien la realidad pues era Física del Cuerpo Sólido más bien
aunque en aquel tiempo no sabíamos mucho de ello. Nuestro grupo de esta
especialidad era muy interesante aunque no menciono nombres. Éramos
siete como dije antes. Tres del preuniversitario especial, como se decía
o F.Q.M. Dos de ellos venían con unos pelos largos como nunca había
visto en un aula. Llegaron unos días después pues habían estado en
Londres en la Olimpiada Mundial de Física obteniendo el mejor resultado
de Cuba en dicho evento. Vaya unos quemaos en resumen. El tercero del
F.Q.M era de matemáticas. Dos venían de Santiago de Cuba, el negro y yo
de Matanzas.
Así empezaron las clases. Ruso todo el día. Teníamos una profesora rusa
de las cercanías de Leningrado que había llegado a Cuba en el 1968
casada con un estudiante cubano. Ella hablaba muy bien español con un
acento muy peculiar, algo cariñoso. Nos contaba mucho de Rusia y que
añoraba los días grises, cosa que no he podido entender aún, aunque si
que son muy diferentas a los soleados de Cuba. Vaticinó allí que Pedrito
se quedaría calvo en Rusia. Me dijo que el tipo del pelo mío, tenía un
montón entonces, en combinación con la chapka "gorro de invierno ruso"
acabaría con mi cabellera, por cierto andaba en lo cierto.
Estuvimos como tres meses con ruso para delante y para atrás, afuera y
adentro, ¡Sdrasbuitie! ¿Kak Dila? Paschalusta. Spacibo. Supimos de las
dos formas de hablar: perfecta e imperfecta; de los 6 casos gramaticales
básicos que ponen inútiles a las preposiciones. En fin nos adentrábamos
en la lengua bella de Tolstoi y Lomonosov.
Teníamos gran entusiasmo por aprender y pronto empezamos con
matemáticas, física y química. El nivel de estas materias era mayor que
el traíamos del preuniversitario. Por ejemplo en física en los problemas
de plano inclinado empezaron a hablar de vectores y derivadas cosas que
no había visto antes y la segunda ley de Newton la adornaban con esos
vectores encima de las entidades.
Como estudiantes de esta organización de sombrilla, "Los nucleares",
teníamos ciertas cosas a diferencias de otros alumnos de la
preparatoria. Había que tener más de cuatro de promedio para poder
viajar a Rusia. Cada quince días teníamos reuniones extras los miércoles
en la tarde para abordar temas políticos y de seguridad. Además nos
encargaban "tareas" extras fuera de todo aspecto académico. Un fin de
semana tuvimos que ir a hacer de guardacostas y con una AK-M en las
manos patrullamos parte de la costa del noreste habanero. Otro día nos
llevaron al comité militar y nos dieron instrucciones para ir por las
casa anunciando un simulacro aéreo que tendría lugar, a decirle a los
vecinos de Siboney que la luz se apagaría por un tiempo se escucharían
sirenas y tal vez el vuelo de aviones. No recuerdo que tal ejercicio
tuvo lugar pero si que estuvimos en varias casas hablando de eso.
Lo peor fue el día en que varias personas habían hecho un intento de
meterse en la embajada de Francia en La Habana, esto tiene que haber
sido a principios de 1987 por si alguien conoce de los hechos. No estaba
en la preparatoria ese día por suerte para mi pues no sé que hubiera
hecho si como a mis compañeros me encomendarán con palo en mano a
golpear a los presuntos dimitentes. Creo en fin que no llegaron a tiempo
al lugar, pero me contaron como llegaron al albergue sobre las 8 de la
noche ese día diciendo los nucleares, militantes de la juventud, el paso
al frente.
Entre estas tareas políticas y el ruso con ciencias pasaban los días.
Jugábamos baloncesto todas las tardes casi y balompié. Nos sentábamos
por las tardes a hablar con las muchachitas afuera de la casa de ellas.
A veces íbamos a la ciudad, al Copelia, a un cine o simplemente a pasear
por la rampa o el Malecón.
Muchas cosas curiosas pasaban todos los días. Yo y mi amigo matancero
estábamos siempre estudiando y observando todo. Resulta que un día en la
clase de física nos sentábamos detrás de uno de los que serian nuestros
compañeros en Rusia. Uno de los peludos. Hablaba la maestra de un
ejercicio cuando este le dijo a su compañero de pupitre: "Ese es fácil,
es el número 72 de la página 53 del Bolkestein" [Disculpen sino
recuerdo bien como ponerlo pero es un libro de física de ejercicios, muy
popular en aquel tiempo en Cuba]. Mi amigo me dijo: "oíste eso, tenemos
que verlo". Efectivamente fuimos después de la clase y buscamos en el
libro, era increíble este muchacho no solo manejaba los ejercicios como
bagatelas sino que sabía hasta en que lugar podíamos encontrarlo.
De él pudiéramos escribir un capitulo aparte, que creo merece, pero me
limitare a contarles lo que aconteció en torno a su pelo. Ya bien
adentrado el año en curso en una de las reuniones "nucleares" la
sicóloga de estos planteó a todo el grupo que los estudiantes no debían
llevar pelo largo pues no estaba de acuerdo con las normas, no pasó
mucho pero fue un tema que retornaba en cada reunión. Al final salio ya
directamente que nuestro colega del aula tenia que pelarse o no se iría
para la U.R.S.S. Esto trajó grandes discusiones y reuniones de colectivo
donde nos presionaban para que como grupo lo botáramos si no se pelaba.
Nosotros al final por votación decidimos no hacerlo alegando que eso
nada tenia que ver con la actitud del compañero, que a él le gustaba el
pelo así.
Sin embargo la agrupación de nucleares tomó una decisión por encima del
colectivo de estudiantes [si no es de una forma será de otra] de
suspender al estudiante si no se pelaba. Así supimos que los
representantes lo esperarían a la entrada del barco que nos llevaría a
La Unión Soviética. Si veían los pelos esos, súper largos, negros y
ondeados no lo dejarían entrar.
Para asombro nuestro, estuve allí parado exactamente cuando entró al
barco, parecía haberse pelado aunque algo raro note. El representante
nuclear le dijo algo como: "Al fin muchacho, lo has hecho". Para asombro
de todos esa tarde, cuando el barco zarpó y un poco después del cañonazo
de las nueve que oímos más de cerca que nunca en la bahía de La Habana,
nuestro amigo, el quemao peludo, salió corriendo por los pasillos del
barco con su pelambre. Qué orgullo sentí y creo sentimos todos los que
compartíamos con él este ideal libertario. Ni los psicólogos del
Ministerio de Educación, ni nucleares, ni el director de La Facultad
Preparatoria, nadie pudo quitar a este genio cubano de ideal noble su
fija idea de protestar con su pelo largo. Si, yo era uno de los pocos
que sabía que no solo se ocultaba el gusto detrás de tal cabellera.
Así nos fuimos en el barco los siete expedicionarios de la física un 20
de julio de 1987 con las maletas llenas de sueños, con las mentes
abiertas a la verdad que pronto abrigaría nuestras mentes. Dos peludos,
uno más que él otro, dos santiagueros, uno de Cienfuegos, y los
matanceros, el negro y yo. Hoy vivimos por el mundo, uno es profesor de
la Universidad de Pittsburg. Otros trabajan en Tampa y en Miami también
en esa profesión para completar los que están en Estados Unidos. Uno
anda por Santiago de Chile programando, otros lo hacen en San
Petersburgo, Moscú y Estocolmo. 0 – 7, score final.
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