2007-03-09.
Miriam Leiva, Periodista Independiente
La Habana, 9 de Marzo de 2007. Al arribar al cuarto aniversario de la
extraordinaria represión de los días 18, 19 y 20 de Marzo de 2003, nada
ha cambiado en Cuba en el respeto de derechos humanos y avances hacia la
democracia.
La delegación de poder provisional por Fidel Castro a su hermano, Raúl
Castro, no ha ocasionado en 8 meses ninguna modificación sustancial,
solamente la represión permanente de baja intensidad en lugar de los
estrepitosos mítines de repudio y el mantenimiento de los horarios en la
televisión cubana.
75 personas condenadas durante la Primavera Negra a penas de hasta 28
años de cárcel, fueron declarados prisioneros de conciencia por Amnistía
Internacional en junio del 2003, y su encarcelación fue considerada
arbitraria por el Grupo de Trabajo de la Organización de Naciones Unidas
en su Opinión No.9/2003.
De ellos 59 permanecen en terribles condiciones en las prisiones
cubanas, mientras 11 con licencia extrapenal por motivos de salud pueden
ser regresados en cualquier momento. Miguel Valdés Tamayo, primer mártir
de los 75, falleció el 10 de enero en un hospital de La Habana, no
obstante contar con visas de Holanda y Estados Unidos, pero no poseer
permiso de salida del país.
Las Damas de Blanco continúan su diaria demanda pacífica porque los
prisioneros sean liberados inmediata e incondicionalmente porque son
inocentes, mientras son sometidas a amenazas, persecución y provocaciones.
Los preparativos para nuevas oleadas represivas se sienten en el
ambiente. Posiblemente no las lleven a cabo aún. Eso dependerá de los
intereses y las conveniencias del régimen. Indudablemente, la oposición
en Cuba crece, pero más importante es que el pueblo sometido a penurias
cada día mayores, está exasperado y lo expresa permanentemente.
En lugar de ejecutar modificaciones sustanciales para echar a andar la
economía y el país en general, el Gobierno pudiera tomar la decisión de
realizar una nueva campaña de descrédito a la oposición y nuevos
encarcelamientos, no sólo para silenciarla, sino también para recordar a
cada cubano que igual puede sucederle.
El 27 de Marzo de 2003 escribí el artículo que seguidamente pongo a
consideración ahora. Entonces no se publicó debido a las limitaciones
que yo tenía para enviarlo. Todavía no se habían destapados los agentes
del Gobierno infiltrados en la oposición. Ojalá que no vuelva a ocurrir
algo similar. Pero no puede descartarse.
El gobierno de Cuba desafía al imperialismo: arremete contra la Oficina
de Intereses de Estados Unidos, pero un cubano es capaz de vencerlo.
Se trata de Manuel David Orrio, organizador del Taller de "Ética
Periodística", efectuado en la residencia norteamericana en La Habana.
Las dos Mesas Redondas de la televisión, dedicadas a atacar al Sr.
Cason, jefe de la Sección de Intereses, tuvieron en cuenta la reunión.
Días antes de efectuarse el Taller, David publicó en Internet un
artículo argumentando la justeza de utilizar la sede diplomática. Las
autoridades cubanas no se enteraron. Por tanto, no impidieron la llegada
de los participantes, como suele hacer.
Inmediatamente después de haber conversado sobre Ética, David explicó en
detalle a los medios de prensa extranjeros como se desenvolvieron los
trabajos del Taller. Ojos y oídos gubernamentales estaban cerrados.
Logro insólito del sagaz comunicador David.
Luego de las detenciones de 26 periodistas independientes, supuestos
peones del amo yankee, David confesó al Chicago Tribune que él había
escondido todos sus equipos: fax, ordenador, grabadoras y otros. Su
traslado no fue detectado por la eficiente Seguridad del Estado cubana.
La Sociedad de Periodista Manuel Márquez Sterling tiene 20 miembros en
prisión. La mayoría no asistió a la reunión fatídica. La asociación no
tuvo nada que ver con la organización del taller de "Etica". Sin
embargo, sus integrantes podían asistir según su libre albedrío,
siguiendo una práctica democrática de respeto a las ideas y criterios
propios.
Allí no estuvo Ricardo González Alfonso, presidente de la Sociedad; ni
Raúl Rivero, su asesor; ni Oscar Espinosa Chepe; ni muchos otros. Ellos
se encontraban trabajando en la preparación del tercer número de la
revista DE CUBA, primera publicación realizada íntegramente en la isla
por la prensa independiente.
Afortunadamente a David no le pasó nada. Nadie le desea el destino de
los periodistas encarcelados a este ingenioso comunicador, ungido de
algún poder divino. Menos aún lo deseo yo.
Indudablemente, David venció a Goliat.
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