2007-03-22.
Guillermo Fariñas Hernández, Director de Cubanacán Press
Las variantes fundamentales del despotismo político actual son el
autoritarismo y el totalitarismo. Ambas sistemas han utilizado al miedo
como arma política para consolidar la hegemonía sobre las grandes masas,
creando la llamada cultura del miedo.
En Cuba la cultura del miedo se asocia a la apatía, el desinterés, a la
alineación, la sumisión, pasividad, acomodo, resignación y a los
intereses personales expresados en el cuidado ante la pérdida del
trabajo, estudios o beneficios que míseramente pueden obtener del estado
ante la necesaria alineación política.
Ya Ortega y Gasset en su libro La Rebelión de las Masas había advertido
que las masas tienden a actuar apáticamente y que son unos pocos, a
quienes llamó "nobles", los que actúan tenazmente a pesar del peligro
que ello pueda contraer. Ellos han eliminado el miedo de sus mentes y
están fundidos de coraje, valentía, derroche y firmeza.
Pero el miedo se enraizó en los cubanos desde el mismo momento de la
llegada al poder de la revolución, dominando todos los medios de
comunicación masiva y politizando toda la sociedad. Los paredones
masivos ejemplarizantes, la encarcelación de opositores muchos de ellos
gestores del propio proyecto, el destierro obligado; fueron algunas de
las causantes de la raíz del miedo entre los cubanos, usado con crueldad
y como forma de control político.
Una de esas alternativas para generalizar el miedo fue la manipulación
de las masas, movidas por las pasiones y emociones, gritando en las
abarrotadas plazas públicas ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón!, fuente de
linchamiento que denotaba odio, dolor y rencor hacia los coterráneos.
Repasando la obra Algunos Fundamentos Sobre el Miedo en Cuba del
psicólogo Ramón Humberto Colas, quien ha encontrado su basamento
científico de esta problemática, porque según él: "En los años de
Revolución el pueblo ha sido manipulado, para lograr el objetivo de
perpetuar el gobierno en el poder", un sui generis modo de poner en
práctica la psiquis de las masas, induciendo y proliferando el terror y
la apatía general es a escala social.
El miedo es humano, pertenece al hombre más que a cualquier animal por
el alto grado de desarrollo del celebro y se expresa en momentos de alta
tensión emocional y afectiva que conduce a una estrechez de los procesos
mentales, incapacitando el poder de defensa del organismo ante la
fuerza. El miedo vence las potencialidades del individuo en toda su
magnitud y se funda en hechos reales o inexistentes.
Dice Colas: "Al perder su propia individualidad el ciudadano carece a la
vez de toda responsabilidad y sin percatarse, se somete a realizar
acciones que nunca haría estando solo", el pueblo aparecía como el
protagonista que asumía sin plena conciencia, todos los decretos.
Porque en su nombre se juzgaba, se confiscaba sin indemnización, se
fusilaba y se neutralizaba todo intento de oposición, dando lugar a la
marginalización política de un importante sector, que ante el terror
abandonó el país, mientras que la otra era silenciada o fue a la cárcel
ante la fuerza de la cruzada revolucionaria.
Pero ya ha transcurrido casi medio siglo de las primeras "Medidas
Revolucionarias" y aún los nacionales tienen miedo. No es menos cierto
que el cubano habla privadamente, pero no se atreve hacerlo
públicamente. ¿Cómo se explica la contradicción, en la ya casi fenecida
primera década del siglo XXI?
A mi modo de ver las cosas, la memoria histórica de aquellos tiempos de
la generación de hijos, padres y abuelos, aún está patente en los
estratos sociales. Conozco un caso de un sobrino al que no lo dejaban ir
al camposanto, para investigar donde tenían enterrado a su tío fusilado
en 1964, capturado como "alzado" en la cordillera del Escambray.
El pavor a que le ejecutaran también a su único hijo movía a la madre,
el único que le quedaba, sirva de ejemplo más que elocuente, si
agregamos el discurso peyorativo de los gobernantes versus junto al
falso mesianismo, hace percibir cual un ente suicida, a todo quien
exprese ideas diferentes al oficialista, no coincidente con el ideario
de los padres fundadores de la patria.
Colas asegura: "Que el cubano no deja de ser valiente, pero sin embargo
tiene demasiado y hasta exagerado miedo", si vamos repasando la historia
existen múltiples ejemplos, que nos muestran que el ciudadano cubano
nunca ha sido cobarde.
Incluyendo a los aborígenes, los mambises contra las huestes españolas
mucho mayor en número como mejor organizadas y armadas que éstas, en
época más cercana durante las contiendas africanas los jóvenes cubanos
dieron muestras de valor y heroicidad, que ya son míticos en las
leyendas sociales.
Pero la inseguridad de hoy día se deriva en la propia valentía de los
cubanos, eso si nunca en lo individual, pero sí en lo social, ya que
unos se delatan a los otros, viéndose de repente convertidos en
diminutas lacras sociales, pues existe una ruptura entre las tradiciones
históricas de esta nación, porque en Cuba el terror está inducido.
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