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Tuesday, March 13, 2007

EL DIA QUE CUBA PERDIO EL FUTURO

EL DIA QUE CUBA PERDIO EL FUTURO

Wilfredo Cancio Isla
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Distribuye:
Paul Echaniz
New York
E.U.
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 13, 2007

La historia cubana estuvo a las puertas de un alumbramiento promisorio
50 años atrás, muy diferente al curso totalitario que le imprimió Fidel
Castro tras su llegada al poder en 1959. La especulación histórica es
siempre riesgosa, pero cuando se trata de revisitar la fecha del 13 de
marzo de 1957 no deja de ser tentadora.

¿Cuál sería el destino de Cuba si la acción armada contra el Palacio
Presidencial de La Habana hubiera conseguido liquidar al dictador
Fulgencio Batista y abrir una etapa de transformaciones democráticas en
el país? ¿Había lugar para la revolución castrista tras el magnicidio
del entonces hombre fuerte de Cuba? ¿Y quedaría espacio de liderazgo
para Castro y sus seguidores si el líder estudiantil José Antonio
Echeverría hubiera tomado las riendas de la renovación nacional?

Al cumplirse cinco décadas de los trágicos sucesos del Palacio
Presidencial, la ocupación de la emisora Radio Reloj y la posterior
Masacre de Humboldt 7, quedan aún en pie las interrogantes y los sueños
inconclusos de una generación de cubanos que apostó por el civismo y la
vida constitucional en la isla. El programa del Directorio
Revolucionario y los ideales democráticos de Echeverría terminaron
diluidos en una avalancha revolucionaria que pronto torció sus promesas
y derivó en una larga pesadilla autocrática, investida de socialismo.

Todavía retumban en la memoria de muchos cubanos los latidos de aquella
jornada heroica y sangrienta. Pocas acciones patrióticas del siglo XX
cubano se conservan en el imaginario nacional con el aliento mítico de
hombradía que fijó el ataque al Palacio Presidencial. Cincuenta jóvenes
tomaron las armas con la confianza de que ajustarían cuentas a Batista
en su propio despacho. El ex combatiente de la Guerra Civil española,
Carlos Gutiérrez Menoyo, fue el responsable del plan militar, y Menelao
Mora se encargó de coordinar la operación. Los asaltantes se desplazaron
hacia allí en dos automóviles y una camioneta de la firma Fast Delivery,
que aún se conserva como objeto museable en La Habana. Gutiérrez Menoyo
encabezó el operativo y abrió paso a dos grupos de asalto que comandaban
Faure Chomón y Ricardo Olmedo.

El combate dentro del Palacio Presidencial fue cruento y la guarnición
ofreció dura resistencia. Los combatientes que escalaron hasta el
segundo piso de la edificación comprobaron que Batista se había
escabullido por una escalera interior aledaña a su oficina. La balacera
dejó 29 asaltantes muertos -- Menoyo y Mora entre ellos -- y los
restantes, sin refuerzos ni municiones, lograron escapar y esconderse en
refugios de la ciudad.

Casi simultáneamente, a las 3:21 p.m., Echeverría entraba a la cabina de
Radio Reloj para interrumpir la transmisión e iniciar su histórica
alocución al pueblo de Cuba, dando a conocer la presunta muerte del
dictador. La enardecida intervención fue cortada y el presidente de la
Federación Estudiantil Universitaria (FEU) salió de la emisora en una
caravana de tres automóviles, rumbo a la Universidad de La Habana.
Minutos después cayó abatido cuando enfrentó, pistola en mano, a un
carro policial que casualmente se interpuso en el camino. En el suelo,
un agente represivo lo remató con dos balazos en el pecho y uno en la cara.

Lucy Echeverría, su hermana menor, recuerda aquella tarde con la nitidez
de un acontecimiento que se repite hasta el infino en su memoria. Tenía
entonces 17 años y vivía con su familia en la ciudad de Cárdenas, en la
provincia de Matanzas. ''Nos empezaron a llamar a la casa para que
pusiéramos Radio Reloj'', rememoró ella. 'Alguien nos informó que había
un muerto de apellido Hechevarría, con `H', pero presentíamos que había
sucedido algo terrible. . . después nos confirmaron la noticia desde La
Habana''.

En el exilio desde el 11 de diciembre de 1961, Echeverría evoca en esta
conversación al hermano desparecido a los 24 años y remarca las
diferencias irreconciliables entre el líder estudiantil y Castro, aún en
los momentos de la alianza estratégica suscrita entre ambos el 31 de
agosto de 1956 y conocida como la Carta de México.

¿Cómo fue su infancia junto a José Antonio?

Imagínate, era la niña mimada por tres hermanos varones en una típica
familia cubana. Fue una infancia muy placentera, porque vivíamos frente
al parque de Cárdenas y me pasaba el día jugando allí, protegida por mis
hermanos. José Antonio, que era el mayor, tenía una relación muy
especial conmigo. A él le gustaban mucho los deportes. Jugaba bien el
baloncesto, pero no podía esforzarse al máximo por el asma, que con
frecuencia lo dejaba sin aire y con los cachetes colorados. De ahí
surgió años después el apodo de Manzanita.

¿Cuál fue la fuente que nutrió el espíritu rebelde y libertario de su
hermano?

Crecí viendo a mi hermano enfrascado en defender a sus compañeros en la
escuela cada vez que surgía una injusticia. Creo que él nació con esa
cualidad, era un justiciero nato. Pero esa vocación de justicia se
mezclaba con un carácter risueño y un profundo sentido de pertenencia
familiar. Tocaba la guitarra, le gustaba cantar y era un pintor
excepcional. Guardo varios de sus dibujos. Y tenía una fe religiosa muy
honda, cobijada en el seno familiar. Mi hermano iba a misa casi a
diario, rezaba, comulgaba y andaba siempre con dos rosarios en el bolsillo.

Fueron justamente esas condiciones las que lo llevaron a liderar la FEU
y el movimiento estudiantil cubano después del golpe de estado del 10 de
marzo de 1952.

¿Estaban ustedes conscientes de que esa temeridad manifiesta podría
poner en peligro su vida en cualquier momento?

El golpe de estado de Batista transformó su vida. Sabíamos que él estaba
decidido a todo. Desde el mismo 26 de noviembre de 1952, cuando se lanzó
al terreno del estadio del Cerro para desafiar a la dictadura, su vida
estaba en peligro. No fueron pocos los enfrentamientos y los golpes que
cogió de la policía. El discurso de la Sociedad de Amigos de la
República, en el Muelle de Luz, para rechazar las fraudulentas
elecciones que se preparaban en 1955, fue un desafío frontal a Batista.

Usted dice que presentía que su hermano estaba en ''algo grande''.
¿Tuvieron alguna idea de la acción del 13 de marzo?

El le dijo a nuestro hermano Sinforiano que le pidiera a mamá que rezara
mucho por él. Sinforiano le insistió en que si iba a haber alguna acción
él quería sumarse. Pero él se negó y le argumentó que alguien tenía que
quedar para cuidar a nuestros padres. Nuestro hermano Alfredo, el que le
seguía a José Antonio, había muerto en un accidente automovilístico en 1956.

¿Estaba decidido a morir?

Absolutamente. Cuando salió de la toma de Radio Reloj le pidió al moro
Asseff [uno de los asaltantes] que se subiera en el mismo carro con él y
le dijo: ``Ven conmigo que me voy a morir''.

Por eso se ha dicho que la muerte de Echeverría fue un acto suicida,
cuando salió del automóvil, con un arma en la mano, para enfrentar al
carro de la policía que les cerró el paso.

Fue un acto desafiante, pero de un valor incalculable. Porque el tiro
estaba sato y había que tener los. . . pantalones bien puestos para
fajarse de frente con la policía. Yo creo que él no imaginó que los
cuatro compañeros que lo acompañaban en el carro lo iban a dejar solo.

Todavía hoy muchos antiguos miembros del Directorio y colaboradores de
José Antonio mantienen distancia con la Carta de México, firmada con
Castro. ¿Cómo recuerda usted ese momento histórico?

Mi hermano sabía quién era Fidel Castro, un personaje frustrado que no
logró nunca ser electo ni delegado de escuela. Cuando regresó de México,
le dije: ''¿Qué has hecho, mi hermano?'' Me respondió que él había
firmado con Dios y ahora con el Diablo, pero que no me preocupara,
porque cuando el movimiento estudiantil triunfara habría que bajar a
Fidel Castro a tiros de las lomas.

¿Cómo fueron las relaciones con Castro después del triunfo de la revolución?

El 8 de enero de 1959, antes de entrar triunfante en La Habana, Fidel
Castro vino a nuestra casa en Cárdenas a darle un abrazo a mi madre. Le
dijimos que en nuestra casa no había fiesta, sino dolor y pena. Llegó
hasta el cuarto, se sentó, nos escribió una carta de respaldo y nos
pidió que lo acompañáramos a La Habana para resolver los problemas que
había con el Directorio, pues él con Faure Chomón no tenía nada que
hablar. Fuimos juntos al cementerio y él hablo ante la tumba de mi
hermano. Le prometimos que íbamos a ayudar a solucionar las
dificultades, pero Fidel Castro ya tenía planeado el desenlace. Todo era
una farsa.

¿Cuándo se produce el rompimiento definitivo entre la familia Echeverría
y el proceso revolucionario?

Muy pronto, en la celebración del segundo aniversario del 13 de Marzo.
Cuando leyeron el testamento político de mi hermano, le quitaron la
referencia a Dios en el texto. Entonces mis padres, mi hermano
Sinforiano y yo nos pusimos de pie y abandonamos el acto. Fidel Castro
lanzó entonces sus improperios, asegurando que los que se marchaban, que
éramos nosotros, no podrían detener la marcha de la revolución. Fue la
única vez que mi madre participó en un acto público en su vida. A
finales de 1962 toda nuestra familia estaba ya en el exilio.

Por estos días Cuba ha lanzado una campaña de donación de objetos del
movimiento estudiantil para festejar el 50 aniversario del
acontecimiento. ¿Qué le parece?
Una vergüenza. La casi totalidad de las pertenencias, documentos y fotos
de José Antonio pudimos sacarlas de Cuba. Lo que quedó en mi casa, se lo
robaron para establecer el Museo Casa Natal de José Antonio Echeverría.
Como mismo se robó Fidel Castro la bandera del movimiento estudiantil
universitario para que el fantasma de José Antonio no le cayera encima.

¿Regresaría a Cuba?

No pretendo regresar a Cuba a buscar nada. El día que el país retorne a
una vida democrática, llevaremos las pertenencias de José Antonio a su
tierra natal.

¿Cómo le gustaría que los cubanos del futuro miraran a José Antonio?

Como un hombre de ideales puros y un corazón que no le cabía en el pecho.


http://www.lanuevacuba.com/nuevacuba/notic-07-03-1390.htm

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