Apenas el comienzo
La enfermedad de Castro: ¿Intervención quirúrgica u operación militar?
Alejandro Armengol, Miami
jueves 3 de agosto de 2006 6:00:00
El primer día tras conocerse que el gobernante Fidel Castro había cedido
temporalmente el poder en la Isla, transcurrió con los periodistas de
todo el mundo tratando de encontrar el ángulo nuevo de una noticia
detenida en el tiempo. En la práctica no ha ocurrido nada desde que se
divulgó la Proclama que anunció el traspaso.
De esta forma, las especulaciones ocuparon el lugar de las informaciones
y poco añadió un escueto comunicado, aparentemente del propio
gobernante, donde señalaba que su situación era estable, que se
encontraba de buen ánimo y que la evolución de su estado de salud
necesita el transcurso del tiempo.
El propio Castro se encargó también de definir el manejo de la
información: su salud es "secreto de Estado".
Esta definición completa y cierra el círculo sobre lo ocurrido. La
verdad se conocerá a su "debido tiempo". Más que ante una intervención
quirúrgica, estamos frente a una operación militar. Médicos y
especialistas de todo el mundo han visto limitadas sus explicaciones a
un rosario de posibles padecimientos y causas, por la ausencia de datos
específicos.
No hay partes médicos oficiales —lo usual en estos casos— y no parece
existir la intención de producirlos. Además del secreto impenetrable, la
obediencia y la fe marcan el proceso de la posible recuperación: las
declaraciones de apoyo sustituyen a las oraciones, pero cumplen un papel
similar.
Si sólo se supo algo de lo ocurrido luego que el gobernante fue operado,
si el pueblo está condenado a la ignorancia por voluntad expresa del
enfermo, queda sólo la vía del control absoluto para evitar que las
dudas, las esperanzas o el desasosiego tomen un camino equivocado, de
acuerdo con la línea establecida por el régimen.
Estado de sitio
No hay que llamarse a engaño, la óptica bélica es la opción adoptada
para enfrentar la crisis. No ha sido necesario el golpe de Estado,
porque el proceso se realiza de acuerdo con lo previsto en la
Constitución vigente y ha obedecido a la voluntad expresa del gobernante
—de acuerdo con circunstancias físicas que le impiden seguir en sus
funciones—; pero éste ha reafirmado su voluntad en una declaración que
más bien es un decreto: no caben interpretaciones y tanto la Asamblea
Nacional del Poder Popular como el Partido Comunista de Cuba no tienen
otra alternativa que acatar la orden.
En primera y última instancia, el poder está en manos de las Fuerzas
Armadas. Existe, de hecho, un Estado de sitio en el país, sólo que no se
trata de una condición muy similar a la que han conocido los cubanos por
muchos años.
Hay, por lo tanto, un traspaso de poderes similar al que ocurre en un
sistema monárquico tradicional, y cualquier respuesta que no obedezca a
ese mandato será reprimida con violencia. De hecho, existen informes de
una amplia movilización militar y de otros cuerpos represivos en la Isla.
Incitar a la desobediencia civil, apelar a la disidencia para que se
lance a exigir un cambio y reclamar la realización de protestas
pacíficas desde Miami es actuar de forma irresponsable.
La situación es aún más peligrosa, porque junto a la puesta en marcha de
un mecanismo férreo de traspaso de poderes impera no sólo una falta de
información que alimenta todo tipo de rumores, sino hay también el hecho
que ambos documentos —la Proclama y el comunicado, que constituyen las
únicas fuentes de información sobre lo ocurrido— contienen un lenguaje
que por momentos se torna agorero.
Frases y sentencias que dan la impresión que Castro está preparando al
pueblo cubano para la noticia de su muerte. Sospecha que en una visión
retroactiva se alimenta además por una campaña de promoción de la figura
de su hermano en los últimos meses.
De ocurrir ésta, el lunes se vivió una especie de ensayo de un futuro
más o menos cercano. Los cubanos de la Isla encerrados en sus casas, los
funcionarios del régimen a la espera de las órdenes y en Miami una
alegría y alboroto que comenzó de forma espontánea y justificada, pero
que poco a poco va degenerando en declaraciones vacías, comentarios
exagerados y una visión simplificada en extremo de lo que puede suceder.
Cuidar a la disidencia
Dentro de este panorama incierto, se debe destacar el papel de cautela
adoptado por la disidencia en la Isla. Es la hora de cuidar a los
disidentes, si es que esto es posible desde la lejanía. Pero al menos,
evitar el dar pie al régimen para que se aproveche de cualquier acción
originada en Miami sin tomar en consideración las consecuencias de una
escalada de violencia en Cuba.
En cualquier caso, es imposible predecir si Castro sobrevivirá a este
nuevo quebranto de su salud. No hay indicadores todavía que permitan una
fuerte sospecha de que está muerto. Tampoco se sabe si sus funciones
vitales se han visto afectadas de forma definitiva. Pero sí es indudable
que de volver al gobierno, no podrá dominar todos los aspectos
nacionales e influir en el terreno internacional como lo hizo hasta hace
pocos días.
Asistimos al inicio del fin de su mandato, pero no hay que olvidar que
apenas estamos en sus comienzos. Un comienzo que puede acelerarse en las
próximas horas o dilatarse por meses.
URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/cuba/articulos/apenas_el_comienzo
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