El regreso del carterismo
By ADOLFO RIVERO CARO
La mayoría del pueblo americano necesitará algún tiempo para tomar
conciencia de la radical ineptitud del actual gobierno. Es natural.
Tiene poco tiempo en el poder. Llegó en medio de una difícil recesión.
El presidente es un orador hábil. Algunos izquierdistas frenéticos
pretenden calificar a sus críticos de racistas cuando, en realidad,
mucha gente simpatiza con él simplemente porque es negro. Por supuesto,
a la hora de evaluar a un gobernante lo único importante es su política
y sus resultados. Los resultados de la política de Obama todavía no son
obvios pero el presidente es un hombre esencialmente hostil al
empresariado (los ``ricos''), el principal creador de riquezas de la
nación. A Obama no le interesa la creación de riquezas sino su
redistribución y su proposición de aumentar los impuestos en $1.1
billones en la próxima década va a dificultar y demorar salir de la
recesión. Más tarde o más temprano, la gente va a comprenderlo.
Pero, en fin, dejemos los aspectos más positivos de su gobierno y
hablemos un poco de los más peligrosos, los de su política exterior. En
este sentido, Obama parece una edición corregida y aumentada de Jimmy
Carter. El parecido de la situación en que ambos llegaron al poder es
sorprendente. Según Michael Barone --uno de los mejores analistas de la
política americana-- ''los resultados de las elecciones de 1976 sugerían
gobiernos demócratas durante el futuro previsible''. Tras la debacle de
Vietnam, Carter llegó al gobierno decidido a mejorar la imagen de
Estados Unidos en el exterior. Lo ayudaba el hecho de que los demócratas
controlaban ampliamente ambas cámaras del Congreso mientras que los
republicanos estaban divididos y desalentados. ¿Resulta familiar?
Al igual que Obama, Carter pensaban que la actuación independiente del
gobierno americano, lo que el senador William Fulbright llamaba ''la
arrogancia del poder'' americano, se había convertido en la principal
fuente de las tensiones internacionales.
Carter consideraba ''obsoleta'' la Guerra Fría y trató de disipar lo que
llamó nuestro ''excesivo miedo del comunismo''. Obama ha puesto al
frente de la Defensa Territorial (Homeland Security) a Janet Napolitano,
que insiste en que no debemos usar la palabra terrorismo y que el
principal peligro para EEUU no está en los yihadistas musulmanes sino en
los grupos americanos de extrema derecha. Esto es ridículo y peligroso.
Decidido a evitar ''la arrogancia del poder'', en diciembre de 1978,
Carter anunció que ''Estados Unidos no se vería directamente implicado''
en mantener al sha de Irán en el gobierno. ''Eso'', dijo, ''es una
decisión que tiene que hacer el pueblo iraní''. Al verse sin apoyo
americano, el sha decidió abdicar y huyó del país en enero de 1979. El
ayatola Jomeini, exiliado en Francia, regresó a Irán entronizando una
dictadura teocrática que dura hasta el día de hoy. A fines de 1979, los
iraníes asaltaron la embajada americana en Teherán tomando a 58
americanos de rehenes. Un torpe intento de rescate terminó en un
desastre, pero Carter siempre rehusó considerar cualquier uso del
poderío militar americano.
Hoy, debido a una de las recesiones típicas del libre mercado, vuelve a
ponerse de moda el pesimismo. Y, debido eso mismo, en EEUU tenemos a un
presidente de izquierda. Un hombre que cuando la embajada británica le
regaló un busto de Winston Churchill, lo devolvió, y que ha hablado con
menosprecio del estadista más grande del siglo XX. Obama no felicitó a
los presidentes de Irak y Afganistán por el Año Nuevo islámico pero
grabó un vídeo mensaje para la dictadura iraní con sus mejores deseos y
manifestando su voluntad de desarrollar ''vínculos constructivos entre
Irán, EEUU y la comunidad internacional''. Estrechó sonriente la mano de
Hugo Chávez y mantiene conversaciones con Cuba pero ignora a Uribe y
rehúsa el Tratado de Libre Comercio con Colombia.
Obama ha dicho, textualmente, que ''es importante para EEUU no decirle a
otros países como estructurar sus prácticas democráticas y lo que deben
contener sus constituciones''. El problema, por supuesto, no es la
estructura de las prácticas democráticas en Irán, Venezuela y Cuba sino
su total ausencia. Es lógico que la posición de Obama tenga un efecto
deprimente sobre los opositores a esos gobiernos. ¿Quién los va a
defender si no EEUU?
Obama parece pensar que su elocuencia le va a permitir cambiar la
posición de los enemigos de este país. El cambio no se ve por ninguna
parte. Irán y Corea del Norte prosiguen a toda marcha su desarrollo de
armas nucleares. Irán sigue amenazando con aniquilar el Estado judío. Ha
dicho que pudiera estar interesado en conversar si EEUU levanta las
sanciones contra su gobierno y renuncia a respaldar a Israel. A Hillary
Clinton no parecen importarle los constantes ataques contra Israel y lo
único que exige es la creación de un Estado palestino. Pero la
preocupación de los dirigentes palestinos nunca ha sido la creación de
un Estado (pudieran haberlo tenido desde hace décadas) sino la
destrucción de Israel. Ahí está el ejemplo de lo que ha sucedido cuando
Israel se retiró de la Franja de Gaza. ¿No se ha tomado el territorio
como una plataforma para lanzar cohetes contra el Estado judío? ¿Cómo
esperar que Israel acepte la creación de un estado hostil que
prácticamente divide al país en dos? Está claro que aceptar la
destrucción de Israel haría muy popular a EEUU en el mundo árabe. No es
de extrañar la profunda preocupación que existe en el Estado judío.
Tenemos que prepararnos. El mundo se está volviendo cada vez más
peligroso y este gobierno parece incapaz de protegernos. ¿Cómo va a
hacerlo si ni siquiera quiere admitir la existencia del terrorismo?
ADOLFO RIVERO CARO: El regreso del carterismo - Opinión - El Nuevo
Herald (15 May 2009)
http://www.elnuevoherald.com/opinion/v-fullstory/story/450227.html
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