OPINIÓN - 04/10/2008
Por Ricardo Chavira
Durante la mayor parte de sus 63 años, Carmen, oriunda de La Habana era
"una verdadera revolucionaria". Estos días su fervor se ha visto
desplazado por la furia contra la aparente eterna y arrolladora pobreza
de Cuba. También le enoja lo indiferente que se muestra Washington en
cuanto a las dificultades de Cuba.
Carmen no está sola en el afán de valerse con migajas. Tampoco está sola
en estar exasperada con la esclerosis política de La Habana, pero en
particular con la de Washington. Se pregunta por qué los Estados Unidos
se ha aferrado a su política de la guerra fría de aislar a Cuba.
En un discurso del 7 de marzo, el Presidente George Bush lamentó que
sólo un puñado de países se había unido a los Estados Unidos en querer
aislar a Cuba.
Mientras tanto, algunos lugares del mundo han fortalecido sus vínculos
con la isla. "Me parece que las condiciones necesarias existen como para
iniciar una nueva era en las relaciones", dijo Louis Michel, funcionario
principal de asistencia para el desarrollo de la Unión Europea, sobre Cuba.
La mayoría de los dirigentes del mundo se han dado cuenta ya de lo que
Bush y mucho de Washington oficial se empeñan en no ver. Fidel Castro se
está muriendo.
En privado, funcionarios cubanos y estadounidenses dicen que una
coalición ligeramente reformista será la que dirigirá el país. Los más
mencionados como parte de este grupo son el ministro de finanzas Carlos
Lage y presidente de la asamblea nacional Ricardo Alarcón.
Cual sea el grupo exacto, es inevitable y pronto un cambio importante en
Cuba. Al desaparecer los hermanos Castro, el pueblo cubano romperá su
largo silencio para hacerse oír.
Lo que sería de mucha ayuda serían aumentos en el salario y remesas sin
límites, las cuales limitan severamente las sanciones estadounidenses.
Washington podría permitir viajes sin restricciones a los cubanoamericanos.
Los funcionarios en La Habana están muy dispuestos a sentarse con sus
contrapartes estadounidenses para resolver las diferencias que afectan a
Cuba. Bush y otros tradicionalistas hablan sólo de la necesidad de
llevar a Cuba la democracia.
"Hace unas pocas semanas reportes del supuesto retiro del dictador
cubano llevaron inicialmente a que muchos creyeran que había llegado por
fin el momento en el que los Estados Unidos cambiásemos nuestra política
en cuanto a Cuba y mejoráramos nuestras relaciones con el régimen", dijo
Bush en su discurso del 7 de marzo. "Ese sentimiento está precisamente
al revés. Para mejorar las relaciones, lo que tiene que cambiar no es
los Estados Unidos, sino lo que tiene que cambiar es Cuba. El gobierno
de Cuba debe comenzar un proceso de transformación pacífica democrática.
Deben dejar libres a todos los prisioneros políticos. Deben mostrar
respeto por los derechos humanos en palabra y obra, y preparar el camino
a las elecciones libres y justas".
Dada la mentalidad de asedio que se vive en La Habana, el liderazgo no
se abrirá políticamente hasta que estén encaminados hacia la
normalización de las relaciones con Washington. Esto no ocurrirá hasta
que pase algo revolucionario: que dos viejos antagonistas se sienten a
conversar. Continuará la tragedia cubana hasta que eso ocurra.
ha visitado Cuba más de 40 veces como corresponsal y está escribiendo un
libro sobre los isleños.
http://www.eldiariony.com/noticias/detail.aspx?section=63&desc=Opini%c3%b3n&id=1849186
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