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Friday, May 12, 2006

La voz y el silencio de Lino Novas Calvo (I)

CULTURA
La voz y el silencio de Lino Novás Calvo (I)
Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - No es posible obviar en la
narrativa cubana del siglo XX el nombre de autores que desarrollaron su
obra en varios contextos, muy en especial aquéllos que nacieron en
España y germinaron en nuestras letras: Carlos Montenegro, Lino Novás
Calvo y Manuel Millares Vázquez, todos gallegos y cubanos por adopción.
De ellos, es Novás Calvo el más universal y, tal vez, el de mayor
trascendencia en las letras de América.

El narrador hispano-cubano fue un hombre de existencia novelesca, que
parece reencarnar con fuerte vibración humana en los seres minúsculos
que galoparon en la acción de sus novelas y relatos. En él, como en
Valle Inclán, la experiencia vital se confundirá con la ficción. De ahí
el carácter autobiográfico y testimonial que asoma en la mayoría de sus
cuentos.

Novás Calvo nació en 1905 en una aldea gallega (Granas de Sor), que
parecía detenida en el tiempo. En 1912 emigró a La Habana con un tío
carretonero. Creció en un ambiente de pobreza y marginalidad que lo
obligó a ganarse el sustento como mozo de limpieza, mensajero, cortador
de caña, boxeador, contrabandista, carbonero y taxista. A ese laberinto
de faenas y aventuras se suma un viaje clandestino a New York, en 1926,
que despierta su interés por el idioma inglés y la narrativa norteamericana.

Con semejantes experiencias y dotado de una gran voluntad, y una
sensibilidad a flor de piel que se nutría de lecturas incesantes,
incursionaría en las letras a partir de 1927. Tenía entonces 23 años y
un humilde puesto de obrero en una fábrica capitalina de sombreros. Sus
contemporáneos afirman que Novás Calvo envió un poema a la famosa
Revista de Avance, y que uno de los editores, Francisco Ichazo, le
proporcionó un empleo en la librería Minerva, lo que estimuló sus
inquietudes literarias y el contacto directo con el ambiente cultural
habanero.

En esa publicación vanguardista se dio a conocer como escritor en julio
de 1928. En marzo del año siguiente aparecieron en la misma cinco poemas
suyos con ilustraciones de Mañach. En Avance vieron la luz otros frutos
de su creación lírica, pero sus mejores empeños no estuvieron dedicados
a la poesía, sino a la crítica literaria que ejercía desde la sección
Letras, en la que promueve la obra de autores de la literatura universal
mediante esbozos precisos y sugerencias. Para esta revista tradujo
textos de James Could Cozzens y William Butler Yeats.

Era un periodista de ritmo vertiginoso cuando en 1931 acepta viajar a
España como corresponsal del semanario gráfico Orbe. Desde Madrid
enviará a La Habana sus crónicas, reportajes y entrevistas sobre la vida
cultural, política y social de la Península Ibérica. En la capital
española recibe la ayuda de Chacón y Calvo y se gana la amistad de Valle
Inclán y Unamuno. Investiga y escribe en la biblioteca del Ateneo de
Madrid y colabora en publicaciones de renombre: Revista de Occidente,
Gaceta Literaria, Revista de Estudios Históricos y otras que le abren
las puertas del mundo periodístico y literario de esa nación.

En la citada Revista de Occidente publicó, a partir de 1932, algunos
relatos de gran valor lingüístico y estilístico: "Aquella noche salieron
los muertos", "En el cayo" y "La luna de los ñáñigos", así como notas
críticas de carácter ensayístico que dan continuidad a sus exploraciones
iniciales en Avance. Desde la Gaceta Literaria dio a conocer, en la
sección "Tarjetero de Cuba", a figuras de nuestras letras. Para el
Diario de Madrid escribió una serie de relatos policiales de gran
acogida que confirman su talento en este género.

La publicación en 1933 de su novela Pedro Blanco, el negrero, constituye
el suceso literario más importante de su estancia en España. Ese libro
mágico, tan celebrado por la crítica y el público de entonces -y de
hoy-, es, en mi opinión, su obra más significativa y una de las grandes
novelas escritas en lengua española. En esa "novela embrión" recrea
Novás Calvo la historia de la piratería a partir del sórdido contrabando
de esclavos negros y las complejas relaciones establecidas entre
negreros, marineros, jefes tribales, autoridades coloniales, y los
propietarios de ingenios azucareros. Si bien la obra parte de una sólida
investigación histórica, no se pierde en especulaciones sobre la
esclavitud, ni recurre a trucos y artificios inútiles en aras de la
perfección. La emoción concentrada, la vida intensa de los personajes y
la descripción cinematográfica de las aventuras y los escenarios
convierten a Pedro Blanco, el negrero, en antecesora de lo que
posteriormente ha sido llamado "lo real maravilloso".

En esa gran novela el autor se proyecta como un historiador cuya
fantasía lo lleva a la creación literaria. Un historiador que recrea las
fuentes documentales, que hace críticas historiográficas y formula una
hipótesis de gran interés: la historia la hacen la violencia, el sudor,
el miedo, el odio. En esa metaficación que es Pedro Blanco, el negrero,
Novás Calvo nos conduce a una historia contractual de Cuba en sus
relaciones con España, el Mediterráneo, Africa, el Caribe, la economía y
el hombre con sus ideas y frustraciones a cuestas.

Para Novás Calvo, España fue un boleto hacia el conocimiento y la
creación desde otros contextos. De Madrid se traslada a Barcelona, donde
traduce libros para editoriales catalanas y publica su novela corta Un
experimento en el barrio chino (1936). Viaja a Francia y a la Alemania
nazi. En París solía atravesar la Place Dauphine para ver almorzar a
James Joyce en el restaurante Le Vert Galant, pero no conversó nunca con
ese "monstruo de la poesía y la narrativa". Si París fue para él "una
fiesta", la Alemania histérica de Hitler sería "una expedición al fondo
del mar" que describirá en una serie de reportajes titulada Sordo y mudo
por Alemania.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/may06/11a7.htm

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