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Saturday, December 13, 2008

Ahí vienen los procastristas

Publicado el jueves 11 de diciembre del 2008

Ahí vienen los procastristas
DANIEL MORCATE

La última vez que miré los hermanos Castro mantenían incólumes su
régimen policial, la supresión de partidos políticos, la censura, la
persecución de activistas opositores y humanitarios, el control
totalitario de las salidas del país y el apoyo a regímenes terroristas
como los de Irán y Siria. Y encima se preparaban para legarles este
putrefacto engranaje a sus hijos y nietos, como hacen las más rancias
familias mafiosas. Pero nadie lo diría a juzgar por la ofensiva que
desatan La Habana, sus apologistas y los ingenuos para que el futuro
gobierno de Barack Obama varíe la política norteamericana de contención
hacia Cuba. Los cómplices y apologistas del castrismo reciclan los
mismos argumentos de cuando en vez, pero hay que reconocerles la
dedicación de los fanáticos y, en ciertos casos, el esmero de los
agentes pagados.

Aún Obama no ha sentado las posaderas en la Oficina Oval y ya cuenta con
una tonelada de convites castristas al ''diálogo respetuoso'',
enjundiosos análisis sobre el supuesto ''fracaso'' de 50 años de
política norteamericana hacia Cuba y hasta una cacareada encuesta que
proclama que la mayoría de cubanoamericanos favorecemos el levantamiento
incondicional del embargo comercial. Lo de la encuesta es
particularmente revelador porque cayó, como quien dice de la nada,
apenas días después de que tres congresistas del Gran Miami que
custodian el embargo en Washington salieran reelectos gracias al apoyo
abrumador de los cubanoamericanos. Los electores de otros grupos étnicos
locales votaron mayoritariamente por sus adversarios, que favorecían un
cambio sustancial en la política hacia Cuba.

En algunos casos, la ofensiva contra la agenda de contención justifica
los cheques y prebendas que prodiga La Habana. Pero en otros, mucho más
numerosos, sirve de cortina de humo, de excusa casi, para no mover un
dedo en defensa de las víctimas del castrismo. De esas mujeres de blanco
que abnegadamente luchan por la libertad de sus hijos y esposos
encarcelados por delitos de conciencia. De esos blogueros a los que la
policía política amenaza y prohíbe reunirse. De los peloteros Yadel
Martí y Yasser Gómez, expulsados de su equipo por querer ejercer su
derecho elemental a jugar fuera de Cuba. De Gorki Aguila, líder de Porno
para Ricardo, procesado por delitos kafkianos. De esos cientos de
infelices a los que han arrestado por traer comida ''de contrabando''
del campo a las ciudades en medio de la escasez que agudizó la reciente
racha de huracanes.

Llevo dicho que Estados Unidos no debería prohibir que los
norteamericanos viajen a Cuba cuando les plazca. Y no porque eso no vaya
a reportarle ingresos sustanciales a una tiranía deleznable, lo cual sin
duda haría, sino porque una democracia que se precie no debe dictarles a
sus ciudadanos adónde pueden o no viajar. Pero el embargo ha cumplido y
cumple propósitos que el futuro gobierno de Obama no debería desdeñar.
En primer lugar, le recuerda cada día al régimen castrista no sólo el
robo descarado de billones de dólares en bienes norteamericanos en la
isla, sino también y sobre todo su esencial ilegitimidad. Constituye,
además, una de las contadísimas presiones externas que aún recibe la
vieja satrapía en un mundo que hace tiempo optó por la complicidad o la
indiferencia hacia ella. Y llegado el momento podría servir de incentivo
para que futuros dirigentes cubanos sepulten el sistema.

Con su ofensiva contra el embargo y la política norteamericana de
contención, el régimen castrista aspira a generosos créditos
internacionales que prolonguen su vida parasitaria, algo que podría
volvérsele apremiante si, con la caída vertiginosa de los precios del
petróleo, entra en crisis el gobierno de Hugo Chávez, su benefactor de
turno. Estados Unidos no debería darle ese gusto a La Habana sin
exigirle a cambio lo que justamente le ha exigido siempre: libertad y
democracia para los cubanos.

http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas_de_opinion/story/337476.html

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