Posted on Sun, Sep. 17, 2006
El territorio de Cancio
DANIEL SHOER ROTH
El Nuevo Herald
Al llegar el martes a El Nuevo Herald, todos encontramos algo insólito.
Una gigantesca tarjeta con letras de vistosos colores que rezaba Thank
You estaba sobre un escritorio en la mesa de redacción.
''A todos mis colegas, los entrañables amigos de El Nuevo Herald,
gracias por su apoyo y entereza. Les deseo suerte'', firmaba nuestro
compañero Wilfredo Cancio Isla, cuyos servicios en este periódico
concluyeron la semana pasada tras ser cesanteado por considerar la
empresa que incurría en un conflicto de interés.
Cancio pasó temprano esa mañana a recoger una montaña de artículos y
documentos que archivaba meticulosamente en decenas de carpetas
clasificadas por temas. Con el tiempo, se acumularon hasta llegar a mi
escritorio. Para bajar la tensión de nuestra faena diaria, entre otras
bromas, solíamos decir que el espacio invadido en mi buró eran ''los
territorios ocupados'', haciendo alusión a mi condición judía.
En su visita por el diario, Cancio dejó un mensaje para mí con la
secretaria ejecutiva del director: ``Me mandó a decirte que la ocupación
de los territorios terminó''.
Sentarme próximo a Cancio por más de siete años fue una experiencia
enriquecedora, no solamente porque aún en los angustiosos momentos del
cierre de la edición siempre estuvo dispuesto a darme ''una ayudita''
con su excelente dominio del idioma, sino también por el fervor y la
aplicación que mostró al ejercer el periodismo.
Innumerables noches, cuando la redacción quedaba desierta, Cancio seguía
en el teléfono o frente al ordenador. Si aparecían noticias de última
hora, sin titubear suspendía el proyecto en el cual trabajaba, escribía
la nota del momento y luego retomaba el otro reportaje, sin escatimar el
tiempo que necesitaba invertir, en sus días libres inclusive.
No hubo temática que lo exaltara más que la de Cuba y el exilio. Cuando
los guardacostas hallaban un balsero fallecido en el mar, Cancio se
afligía como si fuera un familiar suyo. Pero su profesionalismo es tal
que, al leer sus artículos, era imposible percibir ese apasionamiento.
No era raro que por un mismo escrito lo acusaran tanto de comunista como
de ser una herramienta de la ``mafia cubanoamericana''.
Siempre estuvo en la primera línea de la cobertura sobre Cuba y sus
primicias e investigaciones fueron muchas, como la revelación de que
Raúl Castro ordenó el derribo de las dos avionetas de Hermanos al
Rescate en 1996 y la confirmación de que la jerarquía de la Fundación
Nacional Cubano Americana había creado un grupo paramilitar para
eliminar a Fidel Castro. Ambas historias le ganaron furibundas críticas
en Miami y La Habana, pero también muchos elogios por su valentía y amor
a la verdad.
Como si su trabajo no fuera suficiente, Cancio se dedicó a escribir los
informes sobre la prensa en Cuba para la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP). Y cada vez que una estación radial en el extranjero lo
llamaba para entrevistarlo, le dedicaba el tiempo requerido con paciencia.
Cancio sentía mucha nostalgia por Cuba. Entre sus anécdotas, una de las
que más me impactó fue que se le prohibiera viajar a la isla para
decirle un último adiós a los restos de su madre. Tampoco pudo ir para
estar en el lecho de muerte de su padre. Otras memorias eran más gratas,
como las de su paso por la Facultad de Periodismo de la Universidad de
La Habana, donde como profesor tuvo bajo su tutela a profesionales de
nuestra redacción que recuerdan maravillas de sus enseñanzas.
En los últimos meses, Cancio colocó una tierna fotografía en la pantalla
de su computadora. En ella se apreciaba él de niño, sonriente junto a
sus padres en las playas de Varadero, en épocas más felices. ''Mira lo
que me consiguieron'', me dijo con evidente júbilo.
Trabajando a su lado, pude sentir su dolor, escuchar su risa y percibir
la fortaleza del que está en el camino cierto.
En mi rincón de la redacción se siente ese vacío.
dshoer@elnuevoherald.com
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/columnists/daniel_shoer_roth/15532571.htm
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