De la España que emigra a la que acoge
En menos de un siglo, España ha dejado de ser un país emigrante para
convertirse en una nación que acoge a ciudadanos especialmente de
América Latina, África y Europa del Este
Ana Anabitarte
El Universal
Lunes 18 de septiembre de 2006
MADRID.- En los últimos 90 años, España ha sufrido las convulsiones
históricas y las transformaciones políticas, sociales y tecnológicas de
un mundo de cambios vertiginosos y, a veces, trágicos. De la llamada
España peregrina, la que emigraba tanto por la pobreza y el hambre como
por la persecución ideológica derivada del franquismo, este país se ha
convertido en uno de los principales receptores de personas que integran
la nueva diáspora, la del hambre y la falta de oportunidades.
En menos de un siglo, España ha dejado de ser un país emigrante para
convertirse en una nación que acoge a ciudadanos especialmente de
América Latina, África y Europa del Este. También el paisaje ha variado
y si hasta los años 80 no se veían personas de raza negra o china por
las calles, ni se escuchaban otros acentos ni otros idiomas, el país es
ahora multiétnico. Hoy en día los inmigrantes representan más de 8.5% de
la población española frente al 1% de 1998.
A principios de siglo los españoles viajaron a América, tierra de
oportunidades, con la misma esperanza que los inmigrantes mexicanos
cruzan a diario la frontera de Estados Unidos: encontrar una forma de
vida digna. Gallegos y asturianos principalmente partieron con destino a
Argentina, México, Brasil y Cuba. Este fenómeno migratorio se dio desde
el siglo XIX hasta 1929 en que estalló la gran crisis económica en el
mundo occidental.
En aquellos años, España vivía inmersa en la incertidumbre política, en
gran parte provocada por la inestabilidad de la paz en Europa, todavía
con la herida fresca de la Primera Guerra Mundial y, en ciernes, el
preámbulo de la Segunda. Durante la segunda República (1931-1939) se
produjo una emigración interior. Los españoles se desplazaron primero a
las ciudades y luego a las regiones industrializadas, como Madrid,
Cataluña, el País Vasco o Asturias, en busca de una vida mejor.
El proceso duró hasta el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), que
tras el triunfo del bando fascista de Francisco Franco propició la que
es, sin duda, la diáspora más numerosa y dolorosa en la historia de
España. Cientos de miles de republicanos huyeron del régimen franquista
bajo el epíteto de "exiliados", con destino a Argentina, Venezuela, Cuba
y México. Sólo en nuestro país, cerca de 25 mil refugiados españoles
llegaron entre 1939 y 1942. La mayoría se quedó a vivir aquí para siempre.
La tercera gran oleada de la emigración española transcurrió desde
finales de los años cincuenta hasta la crisis del petróleo en 1973 y
tuvo como principal destino Europa. Tras 40 años de dictadura, España se
había convertido en un país pobre, atrasado y con excesiva mano de obra.
Más de dos millones de personas se dirigieron a Francia, Alemania,
Suiza, Holanda, Bélgica y Reino Unido. También en los años 60 se produjo
un fenómeno de emigración interior masiva de los pueblos a las ciudades
industriales como Barcelona, Madrid y el País Vasco.
A partir de 1967 la emigración disminuyó. Europa empezó a exigir una
mayor cualificación a los inmigrantes, lo que unido a la crisis de 1973
provocó que no sólo se detuviera la corriente migratoria, sino que
provocara un proceso de retorno.
También España vivió una crisis en aquella época, pero la muerte de
Franco, la llegada de la democracia, el desarrollo económico, la entrada
en el Mercado Común y la ayuda de la Unión Europea convirtieron al país
en uno de los más industrializados en el mundo y en la tierra prometida
para miles de ciudadanos de países pobres, que se juegan la vida al
cruzar el Estrecho de Gibraltar.
Así en las dos últimas décadas han viajado a España más de cuatro
millones de inmigrantes. Tres millones tienen sus papeles en regla, pero
se calcula que más de un millón viven en situación irregular. Este
enorme flujo migratorio ha planteado problemas sociales nuevos como la
integración, el acceso a la vivienda, a la sanidad y a la educación.
Y aunque la mayor parte de los ciudadanos reconoce no tener prejuicios
hacia ellos, han aparecido actitudes xenófobas. En menos de un siglo,
aquella España que se vanagloriaba de sus emigrantes errantes que
retornaban a su pueblo con el éxito a cuestas, se ha convertido en un
país de oportunidades. Ahora los peregrinos son otros, latinoamericanos
y africanos que sueñan con pisar suelo español, para quizá algún día
regresar a su país como aquellos "indianos" españoles del siglo pasado.
http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=51600&tabla=internacional
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