04/19/2006
Una mirada al futuro de Cuba
El Cardenal Richelieu, que era hombre moderado, le aconsejaba a su
soberano que fuera discreto. Esa es, tal vez, la virtud más importante
que debe tener un jefe de estado.
Hay que admitir que Fidel Castro, durante muchos años de su reinado,
siguió los consejos de Richelieu, tal vez sin conocerlos.
Pero llega un momento en la vida de los hombres, cuando se alarga su
existencia, cuando entra en el oscuro mundo de la vejez extrema, cuando
ya el viejo se ha acostumbrado al disparate impune y llega a convencerse
de que todo le está permitido, llega el tiempo en que todo se vuelve
estrafalario a su alrededor. Es todavía peor la cosa si el viejo lleva
ya 47 años gobernando un país en el cual nadie se atreve a decirle que
ya está bueno, que es tiempo de marcharse.
Ese es el caso de Fidel. En sus primeros tiempos, cuando todavía tenía
sus facultades enteras, cuando la isla aún no se había convertido en el
desastre que es hoy, cuando todavía quedaban hombres que podían hablarle
de frente, Fidel debió haber restablecido todas las libertades públicas.
Debió haberle devuelto al pueblo de Cuba todos sus derechos intactos.
Pudo fijarse un tiempo para su gobierno y retirarse a tiempo.
Tal vez pudo pedirle consejo a Lázaro Cárdenas, el mexicano, que era su
amigo. Si lo hubiera hecho, habría parado de golpe la intromisión
americana y el vasto éxodo de cubanos hacia el norte.
El país se habría salvado de un destino horroroso.
No lo hizo. Se aferró al poder. Lo convirtió, para mayor desastre, en
hereditario. Destruyó el país, que hoy se cae a pedazos, convertido en
una vasta finca en manos de un anciano que ya no tiene para donde mirar.
Es el responsable de que varios millones de cubanos, decididamente
integrados al mundo americano, estén trabajando, silenciosamente, para
restablecer la plena autoridad americana en el país. Mucho peor, ha
infiltrado en el país la ansiedad por integrarse al vasto mundo
americano. Eso no era tan pujante antes de la revolución.
Es decir, la revolución pudo triunfar si Castro hubiera tenido una clara
noción de sus limitaciones. Nada justificaba el hecho de convertir la
isla en una vasta prisión.
No tenía sentido inventar la patraña de que Cuba era un ejemplo para el
mundo latinoamericano mientras se suprimían todas las libertades en la isla.
El ejemplo de la revolución mexicana debió haberle servido como modelo.
Ese u otro, pero Fidel, a la manera tradicional cubana, arrasó con todo
y con todos y dejó establecido un poder irrevocable y eterno. Las
consecuencias están a la vista.
Las nuevas generaciones cubanas ignoran la verdadera historia de la
isla. Una parte considerable de las gentes de Cuba nació después de la
revolución o poco antes.
La revolución, desde el primer día, se ocupó de borrar el pasado o de
enlodarlo. El cubano de viene a ser como un ser humano sin raíces, sin
historia, sometido durante 47 años a un baraje de publicidad disparatada.
Lo curioso de la gesta de Fidel Castro es que, a los 47 años, ha logrado
lo contrario de lo que supuestamente se propuso.
Antes de la revolución ningún cubano habría podido llegar a ser senador
de los Estados Unidos.
Hoy hay dos senadores y varios representantes que viene a ser la punta
de lanza para el futuro de una isla que será dominada desde Washington.
Esa millonaria comunidad cubana de votantes que existe hoy en el país
del norte, y que nunca se soñó en la Cuba anterior a Castro, va a tener,
inevitablemente, un peso enorme en el futuro de la isla.
Van a ser votantes en una isla que algún día celebrará elecciones
libres. Ese sueño que han logrado millones de cubanos al transformarse
en americanos va a ser trágico en el destino de Cuba.
Digo trágico pensando en el destino que le concedió Martí a la isla.
Pero bienaventurado si se piensa en las ventajas materiales que son tan
importantes para el pueblo cubano.
En realidad, somos un pueblo poco apto para la verdadera libertad. Más
de 400 años bajo el yugo español, casi 60 años de protectorado americano
y 47 de dictadura castrista nos definen como un pueblo muy sufrido.
http://www.eldiariony.com/noticias/columnistasdetail.aspx?sectionid=48&txtid=1372505
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