Abril 20, 2006
Nefasto "El Refranólogo Boza" (III)
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Como les decía
anteriormente, entre los refranes que nos predican o advierten sobre las
consecuencias de nuestra actitud ante la vida, se encuentran algunos que
lindan con el degollamiento ético de la identidad del pueblo cubano.
Porque oiga, en un país volcado hacia el exterior en eso que unos llaman
acciones solidarias y otros razones demagógicas, leer y escuchar
refranes que predicen "El cangrejo por hacer favores se quedó sin
cabeza" y "No prepares la jícara antes que para la vaca", o advierten
que "Chivo que rompe tambor, con su pellejo paga", y peor aún, "El que
tumbe su palo que lo ramajee", constituyen un acto de sabotaje a la
suspicacia y la siembra de un marabuzal de desengaños en el terreno
espinoso de la represión.
¿Acaso pretenden que dejemos de darle el último buchito de café -con
comején- a nuestro vecino jodedor? ¿La enérgica camisa del trabajo
voluntario a los encuerados por un huracán? ¿O el camastro ecléctico de
la bisabuela a un auténtico guaraní que viene a Cuba a estudiar
medicina, aunque nos quedemos sin cabeza, ni pies, ni qué tomar, vestir,
o ni siquiera un cartón donde acostarnos?
¿Intentan despojarnos de la eterna sensación momificada de que un día
obtendremos lo que añoramos, y por eso arrojamos la casa por la ventana,
damos lo que no tenemos, pedimos lo imposible de pagar, y así, de empeño
en empeño marchar hacia el futuro desde un presente de jícaras que
anuncia el advenimiento de una bandada infinita de vacas voladoras?
¡Nunca podrán matarnos el espíritu compartidor, la manía de grandeza
solidaria y mucho menos el afán de luchar por tener y no tener!
¡Jamás nos doblegaremos ante predicciones que intentan desasirnos de un
destino manifiesto enrumbado tal vez hacia el caos, pero un caos nuestro!
Y mucho menos haremos el más mínimo caso a manipuladoras advertencias
que llevan en sus letras los puntos subversivos de comas paranoicas
hasta la saciedad.
Eso de que "Chivo que rompe tambor, con su pellejo paga", ¿no es acaso
una vil insinuación de que todo el que atente contra la conga
revolucionaria, ya sea su ritmo, sus pasos, faroles y banderolas, tendrá
que pararse frente a un tribunal no por carnavalesco alejado de una
contagiosa música tropical tocada bajo la magia negra de una sin par batuta?
¿Es que no intuyen la falta de compañerismo mostrada en el refrán "El
que tumbe su palo que lo ramajee", que cual un ejercicio individualista
deja en la estacada, más solo y desolado que piojo en cabeza de calvo,
al supuesto comisor de un delito imposible de realizar sin la ayuda o la
indiferencia de todos?
Son alucinantes los mensajes de textos que intentan elogiarnos desde la
rivalidad el doble juego y otros subterfugios lingüísticos que cuando
dicen pan, quieren decir miseria.
Analicemos si no el caudal tropológico, la relamida indecencia y el
descoque semántico que, agazapados como tigres con neuritis detrás del
follaje apetecible de las letras, saltan al cuello entretenido del
ingenuo lector.
Basta con escuchar el llamado a no creer en las promesas de un jefe en
el refrán "A palabra de borracho, oído de mostrador", comprender el
infeliz olvido y la indiferencia en que quedarán sumidas la vida y obra
de algunos hombres en "A pájaro muerto jaula abierta", o sentir el
sarcástico menosprecio a una pobreza digna, militante, en textos como
"El arrancao hasta en su casa estorba" y "En casa del desnudo, cualquier
trapo es camisa", para darse cuenta del peligro escondido en el
refranero popular cubano.
¿Acaso no ha pensado que la vida es cruel cuando escucha el refrán
"Bicho malo nunca muere"? ¿Puede negar el ataque despiadado y
desestimulador contra la guataquería revolucionaria, el adulador
profesional y el lamesuela indigesto en un refrán que asegura "El que se
arrastra como majá no levanta la cabeza"?
Resulta imposible no sentirse ofendido ante un refrán que restriega en
tu cara una advertencia como "El que no quiera ruido que no cargue guano
seco", o te predice que "Con anzuelo de juguete no se coge tiburón", en
franca referencia a la conveniencia de estarse callados y a no tomar en
serio los proyectos de la obra revolucionaria.
Hay que ser un ingenuo para no ver detrás de cada predicción o
advertencia de juego sucio del imperio, la lengua desquiciante de
quienes nos desean lo peor, y hasta las dudas, temores y actos de
hipocresía de muchos de los que supuestamente nos siguen.
Ese llamado a la inconformidad con lo establecido por la revolución en
su progresivo ascenso hacia la gloria de un desastre nacional, y el
deseo de un comportamiento que rompa con los moldes diseñados para
lograr la meta, se encuentra como el ojo de un ciclón sobre la lengua en
el refrán "No todos los peces comen en abril ni toda la yuca se saca en
mayo".
¿Hace falta tener la inteligencia de un mandril para desclasificar un
mensaje en código imperial que nos dice que cualquier cosa puede pasar
cualquier día, y no en los establecidos por la historia?
¿No ven ahí la pata peluda de una pesadilla social que golpea siniestra
contra la puerta desvencijada del tiempo tormentoso que se nos avecina
de no seguir las pautas, de no marchar callados, de no seguir el hilo de
la trama sin levantar la cerviz?
Cuando la eximia peluquera Peróxica del Sol escuchó el refrán que decía
"La mujer parlanchina ni barre ni cocina", estuvo tres días sin comer ni
ducharse explicando las causas de su comportamiento, las razones que la
llevaban a filosofar, y su disposición a seguir abriendo caminos con la
lengua en aras del equilibrio y bienestar de nuestra sociedad.
Y así es como debe comportarse un verdadero revolucionario: salir al
paso de cualquier manifestación que ultraje la dignidad nacional.
Ponerle zancadillas al enemigo, dinamitar a retórica limpia las oscuras
columnas del pellejo ajeno, y estirar nuestra piel, despercudirla,
oxigenarla y mantenerla lejos de cualquier contaminación que nos dé por
tomar rumbo norte teniendo un sur tan sano y prometedor al alcance de
una mesa redonda.
Tenemos que acabar con todo lo que sugiera, indique, señale, intente o
pretenda desmontar nuestra identidad y honor oculto tras refranes tan
lesivos a nuestra libertad de opinar como "A rumbero viejo no se le
puede tocar diana", "En casa del trompo no se puede bailar cabulla", "No
es del sur la ventolera, si no carga guano", "Si quieres casabe tienes
que rayar la yuca", "Si quieres saber quién carga el agua, bótala",
entre otros que tratan de tergiversar los irreversibles conceptos que
tenemos de Cuba y de los cubanos.
¡Y nosotros sí le tocamos diana, bailamos, capeamos la ventolera,
rayamos la yuca y botamos el agua, no obstante conocer quiénes la
cargan, pero de forma revolucionaria, es decir, con sordina en la
trompeta, sin levantar mucho polvo con los pies, sin dañarnos las manos,
y dejando siempre un poquito de agua para calmar la sed previniendo un
desastre!
Así que no intenten confundirnos con esos mensajes que atentan contra
nuestra inteligencia, provocan nuestro valor y sacuden el nivel de
conciencia de todo un pueblo conocedor de que "Camarón que se duerme, se
lo lleva la corriente", y no siempre para la mesa de los turistas, como
insinúa la nueva versión del refrán, pues también a nuestros dirigentes,
cuadros y administrativos de mayor nivel, les gusta degustar mariscos.
Destilado el veneno de las supuestas predicciones y advertencias
recogidas en los refranes recorridos, continuemos la marcha hacia los
que nos anuncian Conformidad con el destino, Erotismo y Precaución, que
también llevan su carga subversiva y manipuladora sobre nuestra
identidad nacional, en un contexto político-social rejuvenecido por la
Viagra del ALBA, como dijera el eminente psicólogo, Matusalén Rojo
Kaláshnikov, más conocido por AK.
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