La Revolución Cubana: el Gran Error
2006-04-17
El discurso del régimen cubano refleja su fracaso. La revolución ya no
se proyecta al futuro, y cada vez menos leemos o escuchamos hablar de
construir una nueva sociedad. La palabra más común ahora es “preservar”.
Se pudiera ilustrar de esta manera: ya no es como cuando vemos a
nuestros hijos niños hacerse adolescentes y pensamos; “como van
creciendo”, ahora es como ver a nuestros abuelos y consolarnos al pensar
“están viejos, pero se conservan bien”. Pero la revolución cubana
resulta que es una vieja (o un viejo) que no se conserva bien. Esta
achacosa y decrepita y aun los que la quieren desean que termine, “para
que descanse en paz”.
Podrá causar risa, pero es una tragedia; en esa sociedad vieja y sin
futuro vive nuestro pueblo. Cuando se vive fuera de la isla, y se
conocen otros ambientes, la percepción de esa tragedia, aunque va
perdiendo su elemento empírico, adquiere una dimensión más racional , y
en verdad es difícil no sentir dolor por lo que padecen los cubanos.
Muchas veces en los últimos tiempos, escuchamos decir a los dirigentes
de la tiranía o leemos en la prensa oficial, argumentos cínicos para
justificar el fracaso. Crece la prostitución, la delincuencia, el
consumo de drogas, la marginalidad social, y con ello el aumento de los
que se largan y muchas veces mueren cruzando el estrecho de la Florida.
Ante esto los voceros dicen: ”Eso pasa también en cualquier parte del
mundo”. Tal argumento, realmente perverso viniendo de ellos, es uno de
los más evidentes reflejos del desastre que es hoy “la epopeya
revolucionaria”. Un proceso social que pretendía edificar una sociedad
mejor y un Hombre Nuevo, después de 47 años, tiene los peores males de
cualquier parte del mundo. Más indignante aun es cuando repasamos la
interminable lista de sacrificios de todo tipo que se les han impuesto a
los cubanos en aras de un futuro inalcanzable.
Recuerdo cuando fue aprobado por la Asamblea Nacional la facultad del
Gobierno para imponer el estado de excepción. Ricardo Alarcón declaró
que eso también estaba contemplado en las constituciones de muchos
países llamados democráticos. Es decir, que de la democracia lo único
que tiene que aprender el Gobierno de la isla, según sus dirigentes, es
aquello que legaliza el uso de la fuerza para preservar el poder.
Cabría preguntarle a todos para los que es normal que en Cuba existan
tantos males: ¿Por qué no tenemos también la libertad de expresión, de
prensa, de reunión, elecciones libres, partidos políticos legales, “como
en cualquier parte”? Sin lugar a dudas el discurso oficial está cargado
de razonamientos que reflejan el desprecio que siente la dirigencia
cubana por el pueblo. Es evidente que para ellos el único fin de la
revolución es conservar el poder.
A pesar de todo, es un hecho que el sistema es incorregible y que si
existe algo que los cubanos ansían como todos los seres humanos: la
libertad en su más amplio sentido. El único destino que tiene el
comunismo en nuestra Patria es ser superado por un cambio hacia la
democracia y el pleno respeto de las libertades.
Las sociedades abiertas, no exentas de problemas, tienen sin embargo los
mecanismos sociales, políticos e incluso económicos para encontrar
soluciones. Los regímenes totalitarios y cerrados como el de Cuba, no
solo carecen de estos mecanismos sino que son ellos mismos la principal
causa de los graves problemas y conflictos.
La apertura económica, por ejemplo traería un mayor bienestar a la
población y con ello disminuirían fenómenos como la prostitución
creciente y la emigración riesgosa que tienen su origen en la miserable
vida de las gentes. Lo mismo podría decirse de la delincuencia. Esa es
la causa de esa retórica que intenta dirigir la mirada hacia los males
ajenos para justificar los propios. Demuestra además que quienes
detentan el poder no pueden dar solución a los problemas sociales de
Cuba, porque para hacerlo el único camino es desechar el modelo político
y económico que les garantizan sus privilegios.
Esa justificación comenzó con la propia revolución. No olvidemos que
muchos años después de la llegada al poder, la propaganda oficial seguía
llamando a los fenómenos sociales negativos como "rezagos del pasado".
Ahora, ante la falta de capacidad del sistemas para superarlos a estos
se les podría llamar muy bien: los malos presagios del futuro.
Cuando el mismo Fidel Castro declara que la revolución no podrá ser
destruida desde fuera, sino que el mayor peligro está en los propios
errores, es quizás la única ocasión en que el dictador dice la verdad.
Solo que a lo que él llama errores no son a desviaciones de una línea
correcta: la revolución y el comunismo son en sí mismo el error. Lo que
llevan de negativo no es a causa de herejías; siendo como ha sido es su
único modo posible de ser. Por eso es inmejorable, solo puede ser
superada cuando ya no exista.
Este razonamiento no aboga por la violencia. Ese camino se puede
recorrer por una vía pacifica. Para ello trabaja la oposición cubana, y
si ocurriera de otro modo sería entera responsabilidad de los que no
aceptan que Cuba tenga un futuro mejor y se aferran al pasado.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=5211
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