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Tuesday, June 10, 2008

Controlar o liberalizar?

Agricultura
¿Controlar o liberalizar?

Querer aumentar la producción sin mecanismos de mercado, autonomía y
derechos de propiedad, es sencillamente un esfuerzo inútil.

Dimas Castellanos, La Habana | 10/06/2008

En respuesta a la profunda crisis económica se han creado en todo el
país delegaciones municipales del Ministerio de la Agricultura,
integradas por un delegado, uno o dos subdelegados y un grupo de
especialistas, con el objetivo de "consolidar un sistema de trabajo
integral que descansa en el principio básico de control estatal y
atención a la base productiva".

El artículo "¿La espada alejandrina del campo criollo?", publicado por
el diario Juventud Rebelde el pasado 1 de junio, apunta acerca de las
referidas delegaciones: "Mientras seguimos con preocupaciones las
continuas alzas del precio de los alimentos a escala mundial, en los
campos cubanos se busca desatar los nudos que han amarrado sus
producciones".

A juzgar por el contenido del texto, parece que el eje central de la
nueva institución consiste más en el aumento de los controles y la
reorganización de las actuales empresas, que en la imprescindible
liberalización de los nudos existentes.

Según declaró al rotativo la delegada del municipio Güira de Melena, con
la nueva estructura hay especialistas integrales a los que hay que
preparar, porque algunos son graduados de Veterinaria, Sanidad Vegetal o
Agronomía, "para cuando hagamos un control estatal puedan verificar e
inspeccionar las distintas áreas". En Güira se comenzó a asignar a los
productores "todo el combustible que necesitan". Ahora, dice la
delegada, la entidad tiene "la obligación de ver si ese agricultor está
empleando el petróleo en lo que realmente debe utilizarlo".

Por su parte, el delegado de Guantánamo afirma que ahora cuenta con una
estructura idónea para acercarse a la base y "ejercer el control donde
antes no podía hacerse", pues el asesoramiento y chequeo deberán llegar
a cada productor en el área. Según el subdelegado de ese mismo
municipio, las delegaciones están bien concebidas, pero hay que dotarlas
de los recursos mínimos imprescindibles —transporte y combustible— para
llegar al campo, "de lo contrario nos desgastaremos en llevar y pedir
informes sin una verdadera identificación con los problemas", agrega.

De acuerdo con el artículo, en Guantánamo, donde más del 60% de las
producciones agrícolas vienen de la montaña y de los campesinos, "se
requiere que la delegación ejerza control y fiscalización sobre los
mecanismos del sistema empresarial de la Agricultura, que revise su
funcionamiento desde que inicia la cosecha hasta el destino de esas
producciones".

Para el delegado de Ciego de Ávila, "la empresa contrata con el
campesino lo que este va a producir, y en ese contrato queda plasmado lo
que ese productor necesita para alcanzar la cosecha proyectada". "Ese
compromiso de que la empresa le otorgue al campesino los recursos
mediante contrato, y que las producciones se controlen mediante los
insumos asignados, es muy importante".

La mudanza del nudo

Si bien situar la toma de decisiones más cerca de la base productiva
significa más agilidad para la solución de los trámites y mayor eficacia
productiva, y promueve el desarrollo de la iniciativa local, los
controles desde el "Estado-papá" a los "productores-niños" actúan en
dirección contraria a ese propósito.

Convertir a los agrónomos, pecuarios y veterinarios en especialistas
integrales para verificar e inspeccionar a los que producen; entregar
combustible y transporte a las delegaciones para controlar informes y
fiscalizar la producción desde que se inicia la siembra hasta que se
comercializan los productos; entregar petróleo para después tener que
controlar en qué y cuánto se gasta: todo ello significa que los
productores siguen siendo objetos pasivos sin capacidad para decidir,
mientras el Estado crea, por encima de ellos, una estructura supervisora
que continúa siendo el verdadero sujeto de la toma de decisiones.

Los nudos, en vez de desatarse, se están corriendo hacia la base. Esto
obstaculizará el propósito de aumentar la producción de alimentos, pues
no se apunta la causa esencial de la crisis de la agricultura cubana:
falta de autonomía, libertad y derechos de los productores.

La experiencia de la ola de inspectores en los últimos años ha
demostrado su fracaso. Ni cambios frecuentes de los inspectores de los
lugares que visitan, ni la supervisión y depuración sistemática de los
mismos, ni la formación de más y más inspectores "simples" o
"integrales", ni la creación de cuerpos de inspectores para inspeccionar
a otros inspectores, han repercutido en la eficiencia productiva.

Al contrario, en medio del desequilibrio entre el salario y el costo de
la vida, muchos de los fiscalizadores convirtieron las inspecciones en
una vía factible para "escapar" y mejorar su canasta familiar. La
experiencia ha demostrado que la sociedad cubana, altamente calificada y
emprendedora, no requiere de paternalismos sino de libertad. Es
sencillamente un esfuerzo inútil aumentar la producción y la
productividad sin la introducción de mecanismos de mercado, autonomía de
los productores, derecho de propiedad y salarios en correspondencia con
el costo de la vida.

Si se quiere eficiencia en la producción de alimentos, hay que suspender
todas las regulaciones y controles dirigidos a impedir la formación de
una clase media rural y, en su lugar, proceder cuanto antes a la
transformación de los ociosos latifundios estatales en grandes, pequeñas
o medianas empresas, e incentivar a sus dueños, privados o colectivos,
con imposiciones fiscales bajas y flexibles.

En ese camino, ineludible, las delegaciones municipales del Ministerio
de la Agricultura tienen mucho que hacer. Recordemos aquella afirmación
de José Martí: "El mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor
de tierra"; pero, por supuesto, primero tiene que poseerla. Ahí debería
radicar la principal función de la nueva institución agrícola.

http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/controlar-o-liberalizar-89955

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