Éxodo infinito
Desde las salidas masivas por Camarioca y Mariel a la huida en Tampa de
los futbolistas de la selección nacional.
Dimas Castellanos, La Habana
lunes 17 de marzo de 2008 6:00:00
A unas horas de conocerse que la selección nacional de fútbol había
logrado un empate con su similar de Estados Unidos en el preolímpico de
Concafaf (Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol),
en Tampa, que define dos boletos para Beijing 2008, trascendió a los
medios que varios jugadores abandonaban la delegación de la Isla.
El éxodo masivo constituye un fenómeno sostenido y en crecimiento, que
transita su quinta década. Comenzó en 1959, continuó con la Operación
Peter Pan, con las salidas masivas por los puertos de Camarioca y Mariel
y la Base Naval de Guantánamo. Mediante el desvío de naves marítimas o
aéreas, navegando en un Chevrolet, en una lancha rápida, escondidos en
el tren de aterrizaje de un avión, irrumpiendo abruptamente en sedes
diplomáticas y huyendo de cualquier misión en el exterior; primero
blancos, después de todos los colores, adultos, ancianos, niños y
jóvenes, continúan abandonando la Isla.
Los Tres de La Habana, los bailarines del Ballet Nacional y del Ballet
Español, Carlos Otero, Susana Pérez y ahora los siete futbolistas del
equipo nacional, entre otros muchos, demuestran que por cada ciudadano
que opta por huir, otros muchos acechan la primera oportunidad para hacerlo.
Un proceso sostenido
La emigración, un fenómeno que acompaña al hombre desde su origen en la
Tierra, tiene múltiples causas, entre ellas las económicas. Las salidas
masivas responden siempre a situaciones de crisis temporales. Una vez
superadas, los emigrados regresan a sus hogares.
Sin embargo, en Cuba se trata de un proceso sostenido: antes y después
del embargo, antes y después de la Ley de Ajuste Cubano, y antes y
después de la "Batalla de ideas". Su duración, la diversidad sociológica
de los emigrados y el perjuicio de la nación, constituyen razones
suficientes para enfrentar las soluciones que correspondan.
La acusación de "escorias", "antisociales" y "delincuentes" contra todos
los que abandonan la Isla, ha sido desmentida por el éxito de muchos en
el exterior, sobre todo por la ayuda que sus familiares reciben en Cuba.
Por otra parte, si ese argumento fuera válido para las primeras
generaciones de emigrados, pierde todo sentido cuando la mayor parte de
los que huyen son jóvenes nacidos después de Camarioca o del Mariel.
Además, la acusación se vuelve contra el país, pues, después de tener
cerca de tres millones de compatriotas en el exilio, ese argumento da la
impresión de que la Isla cuenta con una eficiente industria productora
de "escorias" y que estos, dado el peso de las remesas familiares,
constituyen el sostén de buena parte de los que no lo somos.
La ausencia de derechos, libertades y espacios cívicos que impiden a las
personas la participación para satisfacer sus aspiraciones de progreso y
bienestar, tiene solución. Para ello, basta emprender las
transformaciones posibles y necesarias que la sociedad y los tiempos
reclaman, y situar la dignidad de los ciudadanos por encima de cualquier
otro interés.
El refrán popular "más vale tarde que nunca" es aplicable a la situación
de la Isla. No es un secreto que, con independencia de cualquier factor
externo, la causa fundamental radica en la incapacidad del modelo actual
para satisfacer las necesidades de la población.
Ahora, al menos han surgido dos elementos nuevos en el escenario cubano:
uno, el proyecto de cambio esbozado por Raúl Castro en su discurso del
pasado 24 de febrero, con el fin declarado de aumentar la producción
para satisfacer las necesidades de la población; dos, la reciente firma
por parte de La Habana de dos importantísimos instrumentos de derechos
humanos de obligatorio cumplimiento, en los cuales se refrenda, entre
otros, el derecho de salir y entrar de su país libremente.
Es decir, si antes se carecía de esos dos elementos, ahora de lo que se
trata es de la voluntad y la urgencia de su ejecución. Un reto inmenso
pero ineludible de los que detentan el poder, y de cuya solución depende
el destino de la inconclusa nación.
Si se avanza en esa dirección —la única en que se puede avanzar—, los
atletas, así como el resto de los ciudadanos, podrán salir y entrar al
país sin necesidad de huir o abandonar sus equipos. Podrán jugar en el
extranjero, poner el nombre de Cuba en alto y después regresar y hacerlo
también en su país natal. Entonces, las huidas dejarían de ser noticia y
el gobierno se anotaría un tanto en la arena internacional y otros
muchos con sus ciudadanos, que no desean marcharse definitivamente, sino
gozar de ese derecho de forma similar a como lo hacen, incluso, los
vecinos de Haití.
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/exodo-infinito/(gnews)/1205730000
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