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Saturday, November 10, 2007

Ese no es el buen camino

Política
Ese no es el buen camino

Un gobierno que domina hasta la saciedad la vida privada de sus
ciudadanos, no necesita que nadie le diga qué sucede en la Isla.

Leonardo Calvo Cárdenas, La Habana

jueves 8 de noviembre de 2007 6:00:00

Una vez más, los ciudadanos han sido convocados por los que gobiernan a
exponer "de manera abierta, transparente y sincera", los problemas y
realidades que les agobian. Esto, a partir de la orientación de debatir
el discurso con que por primera vez el gobernante en funciones, Raúl
Castro —por cierto, no ha usufructuado las investiduras otorgadas por el
convaleciente presidente Castro en la proclama del de julio de 2006—,
protagonizó la celebración por el aniversario 54 del asalto al Cuartel
Moncada, donde se refirió a algunos aspectos graves de las deficiencias
y carencias arrastradas por varios lustros.

No es primera vez que desde el poder se pretende abrir una expectativa
de reforma o se orienta hablar sin restricciones. Recuérdese la campaña
de rectificación de errores y tendencias negativas, y las reuniones de
empresas, de 1986; el llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista,
en 1991; o los llamados parlamentos obreros de principios de los
noventa. Todos con el mismo final, a saber, amplio cuestionamiento de
los resortes políticosociales y estructurales del sistema, que quedaron
en el olvido y han sido letra muerta.

Las reuniones de empresas dejaron de celebrarse luego de su tercera
edición, después que los participantes creyeron que se podía hablar de
verdad y criticaron hasta la saciedad a los dirigentes y sus ejecutorias
a todos los niveles. Los debates generados por el llamamiento al IV
Congreso constituyeron una especie de catarsis generalizada en un
momento de incertidumbre y esperanza de cambio, pero fueron bruscamente
interrumpidos por el alto liderazgo que, de paso, se enteró qué
necesitaba el pueblo, para decidir hacer todo lo contrario.

Un proceso viciado de origen

Volviendo a la actualidad, vale recordar que el vicepresidente Carlos
Lage ha llamado a que los planteamientos se hagan con nombre y
apellidos, petición que pertenece al género de sainete grotesco, en
tanto todo el mundo sabe el precio de la transparencia a la hora de
decir la verdad o acaso lo que se piensa. Ese peligro, la desconfianza
por las ocasiones anteriores, inútiles y baldías, y la consabida
manipulación de las instancias políticas, mueven la desconfianza y el
escepticismo sobre el nuevo proceso convocado.

Creo en la buena voluntad de las autoridades en funciones a la hora de
hacer la convocatoria, pero eso no basta cuando se trata del ejercicio
de la responsabilidad política por el destino de los demás. Este proceso
nace viciado de origen, aquejado del pecado original de los experimentos
totalitario-populistas de no tomar en cuenta al individuo como valor
fundamental y con la asignatura pendiente del respeto al derecho de las
minorías.

Es muy cómodo y útil convertir a la masa en el aprobador unánime y
permanente de todo lo que dimane de la voz cantante, y deslegitimar de
facto toda disonancia, discrepancia o disidencia, para de cuando en
cuando, siempre que convenga, orientar a esa masa, que no tiene ni
práctica ni confianza, que hable libremente.

Un gobierno con tantos años en el poder y tantos mecanismos e
instrumentos políticos y policiales de control, vigilancia y delación;
un gobierno que domina hasta la saciedad tanto la vida privada de sus
ciudadanos como cada vericueto político o económico de los demás países,
no necesita que se le diga qué sucede en Cuba.

Si después de casi 50 años de dominio absoluto e incontestable,
desconocen qué pasa en la Isla, pueden bajar a vivir un poco como la
gente de a pie, desandar los hospitales, centros de recreación, el
sistema de transporte, enfrentar los rigores de la tupida y agobiante
madeja burocrática y represiva, o mejor aún, aprovechar la excelente
comunicación que conservan con todos sus descendientes, que, callados y
seguros, han abandonado el país para preguntarles: ¿por qué, a pesar de
gozar de todos los privilegios, prebendas y garantías, huyeron, sin
mirar atrás, del paraíso de la censura, el miedo, la envidia, la
hipocresía y la chivatearía?

Los de arriba y los de abajo

A estas alturas, lo necesario y recomendable es pedir a los ciudadanos
que expongan sus criterios sobre las causas y posibles soluciones o
salidas a esta crisis, que sólo se soporta por esa falta de
transparencia, debate y sentido crítico que padecemos, y sobre todo,
abrir espacios de debate libres de restricciones, condicionamientos y
dirigismo verticalista.

Los gobernantes deben aceptar que para respetar los derechos y
dignidades de las personas sólo hay que respetarlos y decidirse a asumir
las consecuencias políticas de esa aceptación. Para respetar los
derechos, no hay que esperar a que aparezca petróleo, levanten el
embargo o los sin voz describan lo que es tan evidente.

El comentario generalizado es que esta vez los militantes del Partido
guardan silencio ante la desgarrada catarsis de muchos que han hablado o
que se han decidido a llamar a las cosas por su nombre, en una
demostración clara del nivel de agobio generalizado y de la crisis de
argumentos y respuestas de los que, desde arriba, se niegan a aceptar la
realidad y sus responsabilidades.

Está por ver hasta dónde llega este nuevo ejercicio, pero sí está claro
que la fórmula de "hablen ahora de lo que yo quiero que hablen, para
después yo determinar las soluciones o alternativas", no sirve para
enfrentar la crisis y los retos.

Son muy grandes los problemas, retrasos, traumas y carencias, para
resolverlos sin asumir que la libertad del individuo y su garantía son
las principales e insoslayables herramientas en la construcción de la
convivencia deseada. No hay por qué dudar que este nuevo llamado a que
los de abajo describan lo que podemos ver clara y cotidianamente está
animado por las mejores intenciones, aunque ese no es el buen camino.

http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/ese-no-es-el-buen-camino/(gnews)/1194498000

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