Problemas de Convivencia
2007-02-18
Shelyn Rojas, Periodista Independiente
La Habana – Alejandro vivía en una casa grande en la calle Ensenada No. 316 del municipio capitalino de Luyanó. Su madre le comentaba, que con 39 años, era hora de que tuviese una familia y viviera con ella.
Daymarelis, con 19 años, vivía en Calle 2 ª en Jaruco, hacinada con su hijo de un año, Danny, tres hermanos y su madre.
Daymarelis y Alejandro se conocieron en una iglesia evangélica. A primera vista se enamoraron. Al poco tiempo eran marido y mujer, ante las leyes de los hombres y de Dios.
Decidieron ir a vivir para Jaruco. La condición puesta por Miriam, su suegra, era que se hiciese cargo del sostén de toda la familia.
Todo marchaba bien, hasta que los vómitos y mareos de Daymarelis alertaron a su familia. A partir de ese momento Miriam cambió de opinión.
Cuenta Daymarelis que un día, Miriam entró de improviso al cuarto y vertió sobre ellos agua fría. Ya en reiteradas ocasiones los había amenazado con quemarlos.
En otra ocasión, tiró una barreta de construcción contra ellos. Cayó en la cuna. El niño estaba con su madre en la cama.
Danny no podía dormir entre las discusiones y el desorden diario que se vivía ahí. Los hermanos de Daimarelys robaban sus alimentos y las compotas del niño.
Alejandro tuvo que salir, durmió por seis meses en el portal de la casa del frente. Al poco tiempo, los tres estaban en ese mismo lugar.
Daymarelis no puede ir a su casa a recoger los alimentos que el gobierno raciona en una libreta mensual. Miriam es la dueña de la casa, de la libreta también, y no lo permite.
Ante esta situación, tampoco pueden actualizar sus papeles de maternidad. No podrá comprar cuna, colchón, ni pañales para su próximo bebé.
El 14 de junio del 2006 Alejandro llevó para su casa en Luyanó a su esposa e hijo. Esa noche, mientras dormían en su cuarto, fueron sacados por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria, a petición de la madre de Alejandro, que le gritaba que ese no era el matrimonio que había soñado para él. Esa noche durmieron en una funeraria.
Alejandro hizo las gestiones pertinentes para que su caso fuera atendido y resuelto lo más pronto posible. Se dirigieron a los canales pertinentes en Jaruco, para que al menos los dejaran sacar sus alimentos y poder tener derecho a una canastilla para el bebé en camino.
El fiscal del municipio, Osmany, le respondió, según Alejandro, que esos eran problemas de convivencia y que nada podía hacer al respecto. Que no les iba a permitir entrar más allí, que estaban equivocados. Luego los expulsó del local.
Daymarelis y Alejandro viven prestados en la casa de un hermano de fe. Será por poco tiempo. Ella no sabe qué hacer, llora y da gracias a Dios por el esposo que tiene.
Alejandro está desesperado, su familia necesita un hogar y comida. El próximo mes Daymarelis dará a luz, según los médicos, una hembra.
La familia de Alejandro sigue en la calle, a la espera de un milagro. Algo difícil de llegar en la Cuba actual.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=8810
2007-02-18
Shelyn Rojas, Periodista Independiente
La Habana – Alejandro vivía en una casa grande en la calle Ensenada No. 316 del municipio capitalino de Luyanó. Su madre le comentaba, que con 39 años, era hora de que tuviese una familia y viviera con ella.
Daymarelis, con 19 años, vivía en Calle 2 ª en Jaruco, hacinada con su hijo de un año, Danny, tres hermanos y su madre.
Daymarelis y Alejandro se conocieron en una iglesia evangélica. A primera vista se enamoraron. Al poco tiempo eran marido y mujer, ante las leyes de los hombres y de Dios.
Decidieron ir a vivir para Jaruco. La condición puesta por Miriam, su suegra, era que se hiciese cargo del sostén de toda la familia.
Todo marchaba bien, hasta que los vómitos y mareos de Daymarelis alertaron a su familia. A partir de ese momento Miriam cambió de opinión.
Cuenta Daymarelis que un día, Miriam entró de improviso al cuarto y vertió sobre ellos agua fría. Ya en reiteradas ocasiones los había amenazado con quemarlos.
En otra ocasión, tiró una barreta de construcción contra ellos. Cayó en la cuna. El niño estaba con su madre en la cama.
Danny no podía dormir entre las discusiones y el desorden diario que se vivía ahí. Los hermanos de Daimarelys robaban sus alimentos y las compotas del niño.
Alejandro tuvo que salir, durmió por seis meses en el portal de la casa del frente. Al poco tiempo, los tres estaban en ese mismo lugar.
Daymarelis no puede ir a su casa a recoger los alimentos que el gobierno raciona en una libreta mensual. Miriam es la dueña de la casa, de la libreta también, y no lo permite.
Ante esta situación, tampoco pueden actualizar sus papeles de maternidad. No podrá comprar cuna, colchón, ni pañales para su próximo bebé.
El 14 de junio del 2006 Alejandro llevó para su casa en Luyanó a su esposa e hijo. Esa noche, mientras dormían en su cuarto, fueron sacados por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria, a petición de la madre de Alejandro, que le gritaba que ese no era el matrimonio que había soñado para él. Esa noche durmieron en una funeraria.
Alejandro hizo las gestiones pertinentes para que su caso fuera atendido y resuelto lo más pronto posible. Se dirigieron a los canales pertinentes en Jaruco, para que al menos los dejaran sacar sus alimentos y poder tener derecho a una canastilla para el bebé en camino.
El fiscal del municipio, Osmany, le respondió, según Alejandro, que esos eran problemas de convivencia y que nada podía hacer al respecto. Que no les iba a permitir entrar más allí, que estaban equivocados. Luego los expulsó del local.
Daymarelis y Alejandro viven prestados en la casa de un hermano de fe. Será por poco tiempo. Ella no sabe qué hacer, llora y da gracias a Dios por el esposo que tiene.
Alejandro está desesperado, su familia necesita un hogar y comida. El próximo mes Daymarelis dará a luz, según los médicos, una hembra.
La familia de Alejandro sigue en la calle, a la espera de un milagro. Algo difícil de llegar en la Cuba actual.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=8810
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