Abril 18, 2006
¿Qué pasó con el 4 por ciento para la industrialización?
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Apenas un año después de
alcanzado el poder en 1959, el nuevo gobierno pidió a los trabajadores
que hicieran el harakiri a su economía personal y entregaran el 4 por
ciento mensual de sus salarios para destinarlo a la industrialización
del país, con la promesa de reintegrarlo más adelante.
Cegados por la romántica embriaguez política colectiva de aquellos días,
la respuesta fue inmediata y unánime: ¿Qué importaban cuatro pesos por
cada cien para hacer la patria más grande, bonita y mejor?
Narciso Rubí Rodríguez, residente en el capitalino municipio Guanabacoa,
jubilado del sector gastronómico, rememora: "La propuesta de entregar el
4 por ciento fue convertida en ley. En la nómina salarial aparecía el
descuento. Cuando más adelante el gobierno decidió eliminar los
impuestos personales, mantuvo el 4 por ciento, definitivamente. Nunca
fue devuelto el "préstamo" que hicieron los trabajadores al gobierno
para industrializar el país, lo que trajo como consecuencia que a la
hora de la jubilación se recibiera menos pensión".
Como para reafirmar la intención nacionalista de industrialización, por
las líneas del ferrocarril central circuló una feria-exposición de
productos industriales cubanos con veinte vagones, que recorrió todo el
país con muestras de las empresas privadas, que poco tiempo después
serían confiscadas por el gobierno revolucionario.
La propaganda oficial, por todos los medios, anunciaba: ¡Consuma
productos cubanos! Pocos entendían el disfraz nacionalista al enfrentar
los productos nacionales con los importados de otros países,
principalmente de Estados Unidos, el mayor exportador hacia Cuba, y
también el mayor importador de productos cubanos a través de un mercado
natural e histórico.
Guerra comercial difícil de asimilar, habida cuenta de que ni antes ni
después la Isla ha podido autoabastecer sus necesidades. Por lo general,
como ocurre con tantos otros países, cualquier producción de procedencia
industrial requiere algún componente de otro país.
Tan fuerte resultó aquella campaña propagandística que, vista a la luz
de estos tiempos, resulta una verdadera curiosidad leer en periódicos y
revistas de entonces la promoción de un producto confirmando la
ciudadanía cubana de la mercancía, mientras los acoquinados
inversionistas, representantes de subsidiarias extranjeras, ponían
énfasis en destacar las bondades de su producto añadiéndole la defensiva
coletilla: "Hecho en Cuba por manos cubanas".
En cambio, los importadores, al no poder emplear ese eslogan, se
contentaron con ensalzar las buenas cualidades de sus productos
enmarcándolos en hermosos paisajes de la naturaleza cubana.
Originada por el régimen, la puja publicitaria no duró mucho tiempo. La
acabó la radical confiscación de todas las empresas, incluidos los
medios de difusión.
Fue creado el Ministerio de Industria para impulsar la
industrialización. Ernesto Guevara, médico, pero no economista, estuvo
entre sus primeros titulares. Guevara fue el artífice principal del
estrechamiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y otros
países del campo socialista, y del distanciamiento con los Estados
Unidos. Época en que llegó a Cuba abundante material bélico y obsoletas
industrias para la "industrialización" del país.
La industria azucarera, primera de Cuba durante siglos, ha quedado
reducida a la mínima expresión productiva, lo que ha colocado al país en
la necesidad de importar azúcar para el consumo interno. Penosa, pero
elocuente muestra de a dónde fue para el 4 por ciento de la
industrialización.
LUX INFO-PRESS
Agencia Cubana Independiente de Información y Prensa
E-mail: Fsindical@aol.com
http://www.cubanet.org/sindical/news/y06/04180601.html
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