Posted on Thu, Feb. 09, 2006
Vitrales en Cuba: caleidoscopio de colores caribeño que resurge
ANDREA RODRIGUEZ
Associated Press
LA HABANA - A la hora de la siesta el silencio sólo compite con el
agobiante calor. En la sala de la vivienda un tanto destartalada estalla
un caleidoscopio de colores: es el efecto de un espléndido vitral,
elemento típico de la arquitectura habanera desde la época de la colonia
y ahora revalorizado.
"Me gusta sentarme y mirar cómo varían los tonos a cada hora", aseguró a
la AP Tania Jiménez, maquillista de profesión y vecina del barrio del
Vedado, adonde heredó una señorial casona de la década del 30 ahora
dividida entre varias familias.
Junto a la escalera, en la parte de la vivienda que le "toca", se
proyecta un vitral de unos tres metros y medio por uno: tenues ocres,
verdes, rosados y rojos.
Aunque es usual ver "pedazos" rotos de estas piezas en esta ciudad o
espectaculares restauraciones de algunas antiguas, difícilmente muchos
puedan disfrutar como ella de una obra tan añeja y a la vez con los
cristales originales intactos.
Pero hasta para el más despistado, dar una vuelta por la capital cubana
y las ciudades más importantes de la isla significa asombrarse ante la
provocativa proyección de los vidrios de colores, sea en abstracciones
geométricas o con dibujos de pájaros y flores, aunque difícilmente _y es
una de sus características locales_ se los encuentre de motivos
religiosos, salvo en las iglesias.
"El vitral es un elemento que forma parte de la arquitectura criolla;
sirve para tamizar la intensa luz del trópico", explicó a la AP el
historiador Severino Rodríguez, una de las personas que más conoce del
asunto en Cuba.
También, manifestó el experto, protege de la lluvia en las temporadas
húmedas, y ubicados en la parte superior de las ventanas aliviana el
peso de éstas al usarse menos madera.
Según su forma el especialista los clasifica en "mediopunto"
(semicírculos sobre puertas y ventanas), "lucetas" (rectangulares a un
costado o arriba de las aberturas) y "vitrales de escalera"
(especialmente desarrollados a comienzos del siglo XX).
También hay mamparas, lámparas y óculos realizados con esta técnica. En
arquitectura se llama óculo a una ventana con forma de ojo, ya sean
redondos u ovalados.
Aunque nadie sabe cómo aparecieron en Cuba los vitrales, los expertos
rastrearon los primeros en el siglo XVIII y su auge en la mitad del XIX.
Rodríguez tiene una teoría sobre las corrientes que los determinaron en
la isla, hogar de inmigrantes.
La primera es la influencia mediterránea, partiendo del Líbano y pasando
por Italia y España: de ella derivan los bellotes (madera ranurada para
encajar los vidrios) y el gusto por los colores.
La segunda proviene de los países nórdicos y del Reino Unido, de donde
proviene el uso del cristal (conectados a través de una junta pero de
plomo) y la idea del "mediopunto".
"Al comienzo cuando llegan los vitrales a Cuba los vidrios no se
emploman, sino que los diestros carpinteros de ribera le dan forma a la
madera", indicó Rodríguez.
¿Ejemplos? el experto tiene una larga lista de casas coloniales
capitalinas, algunas convertidas en edificios públicos, cuyos patios
lucen coloridos "mediopuntos": la residencia de los condes de Jaruco, el
Palacio del Segundo Cabo y la casa del Marqués de Aguas Claras, todas en
La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad.
Además se lucen en el Museo de Arte Colonia, donde hay una completa
colección de vitrales.
Pero a finales del siglo XIX con las guerras independentistas la
arquitectura local sufrió cambios, las casas se hacen más variadas, más
pequeñas y los puntales bajan. De entonces data el imperio de las
"lucetas", comentó Rodríguez.
Con la era republicana aparecen en las nuevas mansiones los "vitrales de
escaleras" emplomados con estaño iluminando el vestíbulo y la mayoría
comprados en Europa.
Después la tradición languidece, pese a los esfuerzos de algunos
arquitectos cubanos de los años 50 por rescatarla.
Los tiempos de revolución fueron buenos para la construcción de
viviendas sociales, pero no para los exquisitos vitrales, reconoció
Rodríguez. Pero ahora renacen con inusitada fuerza.
"Parte importante de mi vida está ligada a los vitrales", explicó a la
AP Rosa María de la Terga, una de las más destacadas creadoras de estas
estructuras y quien comenzó con la técnica en los 70, cuando las mismas
autoridades organizaron un taller para artistas para que no se perdiera
la tradición y para ello rescataron del olvido a un antiguo maestro
vidriero cubano, Nino Mastellari.
Rodeada de cristales y colores en su casa, la mujer mostró cientos de
fotos de sus obras, ubicadas en los lugares más prestigiosos de la isla:
desde casas de diplomáticos, hoteles y restaurantes, hasta iglesias
reconvertidas en salas de conciertos como la capilla de la Alameda de
Paula, en la cual trabajó en conjunto con el pintor Nelson Domínguez.
Hay nuevo apogeo y se comenzó a revalorizar la importancia de los
vitrales, señaló.
Pero al margen de los tecnicismos y tendencias, para miles de cubanos,
como la maquillista Jiménez, el vitral acompaña toda su existencia.
"Me da alegría de vivir. Sus colores me estremecen cada día", dijo
emocionada Jiménez, quien a pesar de las muchas necesidades materiales y
las ofertas "por nada en el mundo" desmontaría para vender el paisaje
campestre que la enorme estructura de vidrio representa en la escalera
de su casa.
http://www.miami.com/mld/elnuevo/13830061.htm
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