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Thursday, February 09, 2006

Policia cubana: ficcion y realidad

SOCIEDAD
Policía cubana: ficción y realidad

Rafael Ferro Salas, Abdala Press

PINAR DEL RIO, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - La televisión cubana
exhibe un serial policíaco cada domingo. El serial se llama "Día y
Noche". En ese programa los policías son unos señores excelentes. En el
trato con el público tienen una actitud insuperable.

Pero un espacio televisivo de ficción es sólo eso: ficción. Cuando usted
enfrenta la realidad, las cosas cambian. Llegar a una estación de la
policía cubana se convierte en una aventura peligrosa.

El peligro está en el trato que usted recibe. La razón para ser llevado
a una estación de policía en Cuba puede ser cualquiera. Una violación
del tránsito, un documento perdido, una riña personal o una protesta.
Usted sabe a qué hora de qué día ha sido llevado a la estación de la
policía, pero usted nunca sabrá qué día sale ni cuál será la hora del
regreso a su casa.

Con la caída del campo socialista, a principio de los noventa, el
régimen cubano entró en un tambaleo social y económico denominado por
las autoridades "Periodo Especial". La crisis llegó hasta las filas de
la Policía Nacional. No le quedó más remedio a la jefatura del gobierno
que lanzar una convocatoria a los ciudadanos procurando el ingreso
voluntario de éstos al órgano represivo.

Formar parte de la policía cubana se convirtió en una alternativa
ventajosa para los principiantes. Las razones son obvias: en medio de
una crisis que afecta desde la familia a la persona misma, no hay mejor
manera de sobrevivir que estar uniformado y tener la autoridad a mano.

El proceso de selección de los gendarmes no fue riguroso, y entraron a
formar parte de la policía elementos de baja calaña y dudosa conducta
social; estaban incluidos además los de bajo nivel cultural y educacional.

Los policías de nuevo ingreso salieron a las calles y se adueñaron de
todo tipo de negocio clandestino. La amenaza policial surgió como el
mejor método de extorsión para recaudar ingresos, tanto monetarios como
en especie. Hasta el día de hoy se mantiene el intercambio entre los
violadores de la ley y los integrantes de la Delgada Línea Azul (la
policía). Esa fina línea que debe existir entre la ley y el orden se ha
quebrado por obra y gracia de las deficiencias de un sistema.

Es notable el bajo nivel de educación de los policías cubanos. Los
esquemas que muestran en seriales televisivos y radiales van más allá de
la ficción, entran en el campo de lo ridículo, nadie se los cree. La
imagen del policía actuado dista mucho de la del real.

En una de las estaciones de la policía cubana usted puede ser ofendido y
puede ser golpeado también, todo depende de cómo le estén saliendo las
cosas ese día al gendarme que hablará con usted.

Nadie quiere visitar entonces esos lugares de espanto. Las gentes
prefieren buscar otras vías de evasiva. Si alguien pierde sus documentos
de identidad, opta por sacarlos nuevamente; muy a pesar de las demoras
burocráticas pocos son los que prefieren llegar a la estación policial y
formular la denuncia del extravío.

Si usted es involucrado en un delito que no cometió, su suerte o
desgracia está en las manos del policía. Él decidirá si usted por
convicción de él mismo será llevado a juicio o liberado. El policía es
quien decide cuándo usted abandonará de los nauseabundos calabozos de la
gendarmería.

En Cuba usted puede estar durante meses en un calabozo sin ser juzgado.
Basta con entrar en la categoría de sospechoso en la mente obtusa y
torcida del investigador policial de turno. También es bueno para usted
tener buen dinero en sus bolsillos; se puede llegar a un arreglo y todo
queda en casa.

Mientras tanto, los cubanos esperan cada domingo la llegada del serial
mencionado al inicio de esta crónica. Todos sueñan con ese policía que
ven en la ficción y que "día y noche" se aleja a desmesuradamente de la
realidad.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/feb06/09a6.htm

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