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Saturday, February 11, 2006

Paseo por La Habana sin revolucion

Posted on Fri, Feb. 10, 2006

Paseo por La Habana sin revolución

BELKIS CUZA MALE

Inspirada quizás por esas fotos que andan por ahí en internet, y que
organizó el profesor Narciso G. Menocal para su cátedra en la
Universidad de Wisconsin, camino por La Habana inmemorial que la tiranía
castrista intentó destruir.

Porque a ratos la brisa me acerca al pasado, entro en cualquier sitio
habanero de ésos de principio de los años cincuenta, aunque en realidad
yo era muy pequeña entonces para haber vivido esa época. Qué importa, si
el hoy y el mañana son uno y ya sabemos que no hay nada imposible para
la mente, pues ella lo ha creado todo y le ha dado esencia y materia al
tiempo.

De modo que no miento cuando digo que La Habana sigue siendo lo que fue,
porque nadie puede borrarla, está ahí, con sus avenidas y sus árboles,
con sus casonas del Vedado y sus mansiones de Miramar, con sus playas y
sus barrios humildes, pero cargados de cierta gracia, oliendo a potajes
y a rica sazón, y su gente asomada a los balcones o caminando bajo el
sol quemante del mediodía, mientras que el aire, cargado de boleros
melancólicos, se eterniza en las vitrolas de los cafés.

Yo he conocido muchas Havanas. Cuando he investigado el siglo XIX en el
Archivo Nacional y en otros sitios, he tenido la osadía de ver La Habana
con los ojos de sus moradores de entonces. Era casi un juego para mí y,
de tan a gusto que estaba allí, me costaba mucho volver a saltar la
barrera del tiempo. Deliciosa Habana de volantas y calles empedradas,
murallas interiores y paseos donde florecían las altas palmas. La Habana
que vio la Condesa de Merlín y La Habana recreada por Cirilo Villaverde
en su Cecilia Valdés. Una Habana múltiple y eterna que se va insertando
en un perfil común. Grabados, ilustraciones y fotos que han hecho
posible el milagro de congelar la época.

Si usted mira intensamente una de esas espléndidas fotos de principios
del siglo XX, por ejemplo, descubrirá que con muy poco esfuerzo ha
saltado al pasado y podrá verse paseando por el Prado o por la calle
Obispo, ataviado como uno más, integrado a un mundo que sigue vivo, no
sólo en la imaginación. Y éste es un modo de ir reconstruyendo La Habana
(y por supuesto, a toda Cuba), es decir, imaginándola, recreándola en la
mente, visualizándola como lo que fue, como lo que será, una gran ciudad
sin miserias ni represión. Una ciudad próspera, porque sus hijos no
vacilarán en levantarla de nuevo. Otros ejemplos de ciudades arrasadas
servirán de modelo. Recordemos a Varsovia, tras la Segunda Guerra
Mundial. Y a tantas otras.

Lo que le ha sucedido a La Habana --y a toda Cuba-- en estos cuarenta y
siete años de tiranía es una especie de sunami, una monstruosa ola de
las fuerzas del mal. Satanás gobernando una isla llena de esplendor y
belleza, arrasando con todo, a nombre de una justicia social que en su
lugar ha traído ruina, vulgaridad y represión. Para que La Habana vuelva
a ser lo que fue se necesita que llegue la libertad y con ella se abra
la imaginación a ese pasado que hay que restituir. La política nacional
trajo estas ruinas; por tanto, la Cuba sin Castro debería intentar
construir de nuevo el país, con mejor administración y pocos políticos
profesionales. Una Cuba liberada de las antiguas luchas por el poder, de
sus lacras. No me pregunten cómo, porque la respuesta no parece tenerla
nadie. No habrá transición sin sangre, pero al menos una vez que las
aguas tomen su nivel, es de esperar que gobierne la cordura, no los
emotivos politiqueros de siempre, ahora salidos del castrismo.

En La Habana del futuro no habrá estatuas para Fidel Castro, ni Che
Guevara, ni mucho menos será posible hablar de nuevo de revolución.
Todos ellos irán a parar al basurero de la historia, como le gustaba al
tirano decir, sólo que el término le aplica muy bien a él y a su
pandilla. Habrá tanto que hacer, tanto que reconstruir, tantas ruinas
que restaurar, tanto que rescatar, que no quedará tiempo para pensar en
estos años malditos de tiranía.

La Habana sin Fidel Castro tendrá de nuevo un perfil único, lleno de
armonía y buen gusto. Una Habana tan sofisticada como Madrid o París,
que no otra cosa fue siempre, si no la ciudad de todos los sueños.

http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/13833560.htm

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