Posted on Sun, Feb. 12, 2006
El precio de la Internet
Cuánto cuesta el acceso a la Internet. Depende. La respuesta no sólo
tiene que ver con mejores o peores infraestructuras tecnológicas,
educación, cultura, o posibilidades de comunicación. En algunos casos,
muy pocos por cierto, puede costar la vida misma
Así como he dicho: El acceso a la Internet puede costar la vida. Si lo
duda infórmese sobre la situación del periodista independiente cubano
Guillermo Fariñas en huelga de hambre y sed desde hace 11 días.
¿El motivo de su huelga? Simple, pero tan contradictoriamente complejo,
como todo lo que tiene que ver con la libertad y la dignidad de la
persona humana: Fariñas reclama su derecho a acceder a la Internet. A
tener libre acceso a la red de redes, el mismo derecho que la dictadura
cubana le otorga a unos cuantos privilegiados.Lo reclama para él y para
el resto de la población cubana.
''Me pongo en manos del Señor... Y si Dios quiere, que el gobierno
reflexione y me instale el Internet como hace a sus privilegiados. Y si
Dios quiere que yo fallezca, falleceré. Seré un prócer y un mártir por
la libre información en el mundo'', declaro Fariñas el día que comenzó
su huelga.
El viernes fue ingresado en el hospital provincial de Villa Clara donde
le suministran ahora sueros intravenosos, aunque mantiene su huelga.
Fariñas no está solo en su demanda. Desde el 3 de febrero la periodista
independiente Noelia Pedraza Jiménez, del Movimiento Feminista Martha
Abreu, se declaró también en huelga de hambre en solidaridad con Fariñas.
Para el ciudadano promedio de cualquier pais democrático -incluso para
algunos no tan democráticos-, con mayor o menor grado de pobreza, la
actitud de estos periodistas independientes cubanos, pudiera parecer
increíble. Y es que, claro, cuando usted ejercita un derecho tan
elemental como pulsar unas teclas en una computadora, ya sea en la
intimidad de su hogar, o en cualquier lugar público, para conectarse a
la Internet, ese ejercicio cotidiano se convierte en una rutina normal.
A ese ciudadano promedio del mundo globalizado le cuesta trabajo pensar
que la dictadura castrista limita ese derecho; que el acceso a la
Internet sea un privilegio sólo para algunos; y todavía más, que esos
mismos que disfrutan de esa posibilidad estén bajo el escrutinio directo
de la policía política, que monitorea las lineas telefónicas para
investigar cuáles sitios de la red visita el usuario (¿le suena
''familiar'' el asunto?), y decidir si está haciendo uso del Internet
dentro de los requisitos por los cuales le fue ''concedido'' como
privilegio, ese derecho.
Como en toda dictadura que se precie de no serlo, no se trata de una
violación arbitraria. ¡De ninguna manera, no faltaba más!. Es una
violación perfectamente ''legalizada'' mediante la Resolución 180/2003
que se puso en vigor el 10 de enero del 2004. A partir de esa resolución
los técnicos de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA)
(una empresa mixta en la que participa la firma Telecom Italia) están
facultados ''para detectar e impedir el acceso a Internet'' de aquellos
usuarios que no estén debidamente autorizados.
Contra esa resolución se pronunciaron en su momento varias instituciones
internacinales, entre ellas, La Federación Internacional de
Instituciones y Asociaciones Bibliotecarias (IFLA, por sus siglas en
ingles), Amnistía Internacional y media docena mas de organismos similares.
El pretexto enarbolado desde entonces por la dictadura cubana es que
Cuba, bloqueada por el imperialismo norteamericano, no tiene suficientes
recursos para pagar el acceso a los servidores internacionales de la
Internet. Y esos pocos recursos, alega el régimen, los destina a las
instituciones académicas, científicas, educacionales y a los medios de
comunicación.
Cuando en octubre de 1996 Cuba ingresó a la Internet, la cancillería
castrista publicó un comunicado celebrando el acontecimiento que
``convertía en realidad un viejo sueño: Tener acceso a ese patrimonio
internacional de conocimientos, utilizado por 36 millones de personas en
160 naciones''.
La verdad es que desde entonces la principal preocupación del aparato
ideológico de la dictadura ha sido controlar la información que fluye
por la red de redes. Ello incluye la utilización de filtros especiales
para bloquear el acceso a determinados sitios internacionales de
noticias y muy en particular a las páginas de la oposición democrática
cubana.
De los 11,241,000 habitantes con que cuenta la isla, apenas 120,000
tenían acceso a la internet, de acuerdo con las cifras disponibles más
recientes. A pesar de las restricciones oficiales los cubanos se las
ingenian para penetrar en la red y romper el bloqueo interno de la
dictadura castrista.
La ''llave'' para entrar al Internet la guarda celosamente el CENIAI
(Centro de Intercambio de Información Automatizada), que es el proveedor
oficial para Cuba de Internet. Como dijo en una ocasión su director,
Jesús Martínez: ``El problema de la Internet en Cuba no ha sido nunca
tecnológico o económico. Como en cualquier país, es 70 por ciento
político''.
Ignoro a que países se refería este funcionario ni en qué tipos de
problemas políticos pensaba. De lo que sí estoy convencido es que el
reclamo de Fariñas y Pedraza es un reclamo político muy claro: El
derecho a la libertad de información, consagrada en la Declaración
Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas, de la cual Cuba es
signataria y que en su artículo 19 establece:
``Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión;
este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el
de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas,
sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión''.
palfonso@herald.com
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/columnists/pablo_alfonso/13850913.htm
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