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Saturday, February 11, 2006

El pecado de Houdova

SOCIEDAD
El pecado de Houdova

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - Fue una casualidad llegar
a Praga. Me llevó entre su equipaje Helena Houdova, la muchacha que puso
sus pies en terreno prohibido y el lente sobre una barriada donde el
tercer mundo se percibe como una herida mortal.

Atrapó con una cámara el ambiente que suele estar omitido de los
anuncios publicitarios. Absorbió el contraste entre el Ron Havana Club,
la mulata, las playas paradisíacas y los hoteles cinco estrellas sólo
para turistas, con una vista del desastre con actores pequeños y adultos.

Tuvo en el colimador a la pobreza con su séquito, el futuro acordonado a
la incertidumbre, Cuba enajenada y tambaleante. Todo eso en imágenes
digitalizadas, tomadas en tiempo real y probatorias de que no todo es
color de rosa en una república parapetada tras fórmulas de justicia
social e igualdades más delirantes que auténticas.

No sabía que estaba en una jungla disimulada con discursos triunfales,
marchas patrióticas y fidelidades revolucionarias. Su ingenuidad acabó
con 11 horas de detención en una comisaría por actividades
contrarrevolucionarias, las fotografías confiscadas y una fatiga que le
sobrevino por el actuar de unos hombres acostumbrados a exportar
gratuitamente las amenazas.

Era la policía política, con sus dones para desdoblarse en depredadores
de conciencias, intentando marchitar la belleza de la modelo checa y su
compatriota, la también joven sicóloga Mariana Kroftova.

La candidez se deshizo ante la sorpresa. Quizás pensaron en un país
civilizado, sujeto a la legalidad y el sentido común, pero ya saben que
Cuba no es el país de los sueños. Detrás del eterno verano caribeño
aguardan las pesadillas.

Haber sido ciudadanas extranjeras les eximió de peor destino. Una paliza
protagonizada por una turba dirigida por fuerzas combinadas del Partido
Comunista y la policía o la imposición de un procedimiento penal,
ilustran dos posibles consecuencias si el autor de las fotografías
hubiese tenido nacionalidad y residencia en Cuba.

Conocí a Helena Houdova el mismo día de su regreso a Praga. La recuerdo
sencilla, afable y todavía con las tensiones de alguien que sintió el
filo del terror demasiado cerca.

Pensé en ella y su amiga con el desconcierto dibujado en el rostro al
escuchar a sus captores decirles terroristas, en sus sentimientos de
impotencia amplificados por la negativa de no permitirles comunicarse
con funcionarios de su embajada en La Habana.

Increíblemente pudo llevarse algunas instantáneas de esa Cuba que el
gobierno esconde con celo, envueltas en una prenda interior. Mi esposa y
yo viajamos junto a Houdova el domingo 29 de enero. Ella quiso sacarnos
de este mundo, furtivamente, como único se puede salir de una cárcel.
Sentí el clic de la cámara y observé la sonrisa de Helena Houdova. Puede
ser que ya estemos a colores sobre el brillo de la cartulina.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/feb06/10a9.htm

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