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Saturday, January 03, 2015

Legado o pesadilla?

¿Legado o pesadilla?
CARLOS ALBERTO MONTANER | Miami | 3 Ene 2015 - 9:37 am.

La nueva relación entre EEUU y Cuba sería parte del legado de Obama,
pero los republicanos intentarán convertirla en una pesadilla.

Barack Obama quiere "normalizar" las relaciones con el régimen cubano.
Supone que será parte de su legado. Probablemente le saldrá mal esa
riesgosa jugada diplomática, aunque las encuestas revelan que la mayor
parte de los norteamericanos apoya el restablecimiento de las relaciones
con Cuba y el fin del embargo.

De acuerdo con los adversarios de la medida, se trata de una misión
moralmente dudosa. ¿Para qué darle una mano a una terca dictadura en su
etapa final? Eso no tiene sentido. Además, Raúl Castro lo complica todo.
Insiste en que en la Isla persistirá el modelo represivo comunista de
partido único. Acaba de confirmarlo con la represión contra Tania
Bruguera y los demócratas de la oposición.

Un editorial de The Washington Post resumió ese punto de vista: "El
señor Obama tal vez proclame que ha desmantelado una vieja y fracasada
política con medio siglo de duración, pero lo que realmente ha hecho es
darle un balón de oxígeno a un fracasado régimen de 50 años".

Tal vez el error inicial de Obama fue renunciar a algo que no existía.
Lyndon Johnson, a las pocas semanas de la muerte de Kennedy, le puso fin
a los intentos de terminar por la fuerza con la dictadura de los Castro.
Desde entonces, la estrategia de cambiar al régimen cubano fue
sustituida por la de intentar "contenerlo". ¿Cómo? Mediante presiones
económicas, aislamiento diplomático y propaganda. Unas medidas de guerra
fría contra un gobierno de guerra fría que continúa comportándose como
si el Muro de Berlín no hubiera sido derribado en 1989 y la URSS
continuara existiendo.

Así ha sido durante décadas. A lo que se agregó, con el paso del tiempo,
una consoladora hipótesis: tras la muerte de los Castro y la
desaparición de la generación de la Sierra Maestra, los herederos
abandonarían esa cruel manera de gobernar y se iniciaría en Cuba una
pacífica transición hacia la democracia y la libertad. Se repetiría lo
sucedido en Europa del Este con los regímenes comunistas y en América
Latina con las dictaduras militares. ¿Por qué en Cuba iba a ocurrir algo
diferente? Ése sería el momento de iniciar el deshielo entre los dos países.

Tras el sorpresivo anuncio del 17 de diciembre, quien primero le salió
al paso a Obama fue el senador demócrata Bob Menéndez, hijo de cubanos,
presidente del Comité de Relaciones con el Extranjero. Menéndez estaba
justamente indignado. Pese a su importante cargo, y sin tomar en cuenta
su condición de demócrata, la Casa Blanca le ocultó las negociaciones
con Cuba y lo engañó. Hasta el día en que se reveló la trama, Obama
insistió en que no haría más concesiones a La Habana mientras Cuba no
diera pasos hacia la apertura. Era mentira. Menéndez hizo un durísimo
pronunciamiento público. Se sentía estafado.

Los gobernadores Chris Christie de Nueva Jersey y Susana Martínez de
Nuevo México no tardaron en sumarse al reñidero. Ambos reclamaron del
gobierno de Obama que le exigieran a Raúl Castro la entrega a Estados
Unidos de norteamericanos asesinos de policías y secuestradores de
aviones que han buscado asilo en Cuba. ¿Qué clase de normalización es
esa con unos vecinos que protegen a criminales? ¿No habían quedado en
que la Isla ya no era un nido de terroristas?

Obama les ha regalado a los republicanos un buen tema de campaña en una
etapa cercana a las elecciones de 2016. Jeb Bush, exgobernador de
Florida, poco antes de anunciar que intentaría ser el candidato a
presidente por su partido, se apresuró a calificar la nueva política de
Obama hacia Cuba de "error que favorece a la dictadura". Los senadores
Marco Rubio y Ted Cruz, junto a los congresistas Ileana Ros-Lehtinen,
Mario Diaz-Balart, y el recién elegido congresista Carlos Curbelo
(Florida) —todos republicanos cubano-americanos—, declararon cosas
parecidas, pero, comprensiblemente, en un tono de mayor indignación.

No obstante, la institución donde Obama y los demócratas serán
castigados más severamente será en el parlamento. Los congresistas y
senadores republicanos van a utilizar el cambio de política con relación
a Cuba ensayado por Obama para poner a prueba los límites
constitucionales de la separación de poderes, ahora que poseen mayoría
en ambas cámaras.

El senador Lindsey Graham, chairman de un comité de asignaciones al que
le corresponde dotar de recursos a las embajadas, ya ha dicho que no
habrá un centavo para costear la nueva política. La Oficina de Intereses
en La Habana pasará a llamarse "embajada", pero no habrá embajador. John
Boehner, speaker de la Cámara, por su parte, ha asegurado que el
levantamiento del embargo ni siquiera se discutirá en el hemiciclo.
Seguirá vigente y nada sustancial habrá cambiado.

Pero tal vez el plato fuerte sean las vistas públicas que seguramente se
convocarán en el Senado y en el Congreso para interrogar bajo juramento
a los funcionarios que intervinieron en las negociaciones con La Habana.
La hipótesis es que fueron violadas varias leyes y tratarán de trasladar
estos delitos a los tribunales. Quien mienta será acusado de perjurio.

El propósito de los republicanos es transformar el pretendido "legado
cubano" de Obama en una pesadilla. Están convencidos de que el
presidente actuó contra la ley, los principios y valores de la sociedad
norteamericana. Por algo, diez presidentes antes que él, demócratas y
republicanos, se abstuvieron de tratar de enmendar las torcidas
relaciones con la dictadura vecina hasta que se produjera el cambio en
la Isla. Era lo prudente.

Source: ¿Legado o pesadilla? | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1420235229_12118.html

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