Última actualización el Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 08:33
Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 00:30
Jorge Luis González Suárez
Plaza, La Habana (PD) El transporte alternativo representa la aspirina
en movimiento. Igual que ella, alivia pero no cura. Las modalidades
pueden variar, el servicio jamás. Resultan la evolución con retroceso.
Mientras más primitivo, más original. Cualquier artefacto puede prestar
esa función, siempre que no camine como el cangrejo.
El vehículo más llamativo es el bici-taxi. Equivale al rickshaw hindú,
pero con características tropicales. Posee el indispensable bicicletero.
La armazón es a gusto de su propietario, aunque con elementos similares.
Siempre tienen dos asientos confortables. No pregunten de dónde
salieron. Adicionan el indispensable techo como parasol. Los más
sofisticados llevan reproductoras de música con energía de acumuladores.
Este medio de transporte se encuentra en la zona céntrica capitalina.
También en ciudades del interior del país. Como sistema exclusivo es
algo costoso. Un bicitaxero muy sonriente pide $20.00 pesos M.N. por una
carrerita. Esto permite ostentar que usted es "un tipo de porcentaje".
Mientras el chofer pedalea y suda la camisa gorda, usted coge fresco.
Además, admira el paisaje.
Las innovaciones principales que poseen son las adaptaciones del timón y
el asiento del conductor. Unos lo tienen inclinados. Otros manejan
recostados con los pies alargados. Son poses de fotografía. Su
indumentaria es muy deportiva. Usan short, bermudas, camisetas y
similares. Muchos adicionan su gorra. Su aspecto es inconfundible. Y su
lenguaje también.
El modo de conducir es impresionante: pone a cualquiera los pelos de
punta. Giran en U, en V, en W, y en la forma que les dé la gana. Se
introducen entre el medio de autos, camiones y guaguas. Es la manera más
fácil de morir aplastado. La ley 109 no se ha hecho para ellos. La
desconocen o la obvian. Si no hay más accidentes, es todo un milagro del
Señor.
El otro transporte similar es el coco-taxi. Resulta la versión
motorizada del anterior. La diferencia entre ambos está en su condición.
El anterior es particular, éste estatal. Los hay en divisa y otros en
moneda nacional. Al final, si usted no ofrece chavitos a cualquiera, no
viaja. El color que llevan es el de los autos de alquiler. Esto es
anacrónico. Nunca he visto un coco amarillo. Y mucho menos de plástico.
Tenemos otras opciones turísticas. Los coches de caballos de San
Cristóbal de La Habana resultan un regreso fantástico al pasado, pero
ubicados en el presente. Una vueltecita representa entre 3 y 5 CUC. Esto
lo convierte para el pueblo en una ficción del futuro. Cárdenas y Bayamo
se distinguían por ellos. Hoy, al igual que sus pobladores emigraron
para la urbe. Aquí esta su fortuna. Además dan elegancia a la ciudad.
El más simple de todos es la bicicleta personal. Igual que el mamut,
está en fase de extinción. Ya no se dan por centros de trabajo. Hoy
tenemos que comprar las bicicletas en la shopping. Valen por encima de $
130 pesos convertibles. Un trabajador se tiene que convertir en mago
para obtenerla. Después se rompen y no hay piezas de repuesto. Ha botado
su dinero, o mejor dicho, el que le mandó su familiar del exterior.
Debemos proponer, en la reunión con el delegado del Poder Popular, la
creación de la "Emchibicapa", (Empresa de chivichanas, bicicletas,
carriolas y patinetas). Son aditamentos que no gastan combustible,
aunque consuman su energía o la poca que le queda. Parece que la única
solución posible es caminar, que es muy bueno para la salud, aunque no
he visto nunca a un dirigente a pie. Si con estas medidas no se resuelve
el problema del transporte, mudémonos entonces a la Luna.
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