Pages

Wednesday, November 07, 2007

Poder de las tinieblas

Política
Poder de las tinieblas

El dilema de contar votos en blanco o releer a Hobbes. ¿Cómo entender el
sistema electoral cubano?

José Hugo Fernández, La Habana

miércoles 7 de noviembre de 2007 6:00:00

No habría que perder el tiempo buscando indicios entre las cifras de
votos en blanco, boletas anuladas y por cientos de participación popular
dados a conocer por el régimen en informes tan confiables como las pesas
de nuestros bodegueros.

Tampoco sirve de mucho repetir cantaletas tales como que la gente en
Cuba acude a votar sólo por miedo a las represalias, o que nuestra
maroma electoral no es democrática por el simple hecho de que participa
un solo partido, siempre el mismo, con candidatos escogidos e impuestos
por el poder.

Esto es verdad, pero apenas alcanza para revelar medianamente la
naturaleza embaucadora de que lo aquí llaman el Poder Popular, fachada
más bien poco sutil de una dictadura sin límites y sin escrúpulos, que,
no obstante, ha conseguido validarse (al menos formalmente, aunque con
el visto bueno de casi todo el mundo) mediante un sistema basado en el
poder de las tinieblas.

La autoridad, no la verdad, es la que hace las leyes. Lo entrevió desde
hace mucho Thomas Hobbes, aquel degustador de monarquías absolutas.
Luego vinieron otros y le enriquecieron la idea, demostrando además que
quien hace la ley hace la trampa. Sin embargo, ninguno ha conseguido
tanto como nuestro totalitarismo, que no sólo hace la ley y la trampa,
sino que también se las arregla para fabricar verdades (o espejismos de
verdades) que legitiman su autoridad.

Los ejemplos son innumerables. Y nos resultaría provechoso darles
taller, en vez de continuar tirando salvas con imputaciones sin
sustancia, denuestos machacones y comparaciones despistadas que ni
cosquillas le producen al régimen.

La evaluación realista y serena en torno a las más profundas causas de
nuestra tragedia es algo que, en primer lugar, nos debemos hoy nosotros
mismos, por nuestros dolores pasados y presentes y por nuestras
esperanzas del mañana; y en segundo lugar, se la debemos, por imperativo
de elemental piedad, a decenas de millones de latinoamericanos pobres,
abandonados, confundidos y sin más perspectiva a la vista que aquella
que les ofrece cierto caudillismo zafio que ni cabeza tiene, ya que es
cola (postiza) del nuestro.

Moldeadas con mano maestra

En el caso concreto de las elecciones para delegados de circunscripción,
más que enfocar los resultados del último día, tal vez nos sea útil (de
momento) un somero repaso a sus preparativos. Es aquí justamente donde
son moldeadas con mano maestra las bases del susodicho poder de las
tinieblas.

Barrio por barrio, las representaciones comunales del régimen van
seleccionando a sus candidatos, previa charla de consulta con cada uno
de ellos. Ya puestos de acuerdo, a los escogidos se les encarga la tarea
de ser delegados, sin que haya tenido lugar, claro, la asamblea donde el
pueblo realiza su selección.

Sólo a un extranjero inadvertido le cabe preguntarse cómo es posible
entonces que la decisión popular coincida con lo ya cocinado
oficialmente. No hay más remedio que aclarar que una vez seleccionan a
cada futuro delegado, los representantes del régimen designan, mediante
el mismo mecanismo y también paso previo a la asamblea, a las personas
(por lo general, miembros del PCC o la UJC) que en cada una de las
circunscripciones deberá levantar la mano antes que cualquier otra para
extender "su propuesta".

El resto es pan comido: la gente del montón no quiere ser elegida para
asumir responsabilidades oficiales, mucho menos como delegado de barrio,
pues conocen de antemano que este es un cargo de mentirita, una pieza
falsa (justamente la más débil) dentro del artefacto inoperante del
Poder Popular.

Tampoco resulta del menor interés, por parte de la mayoría, proponer
candidaturas propias como posibles rivales de las que (todo el mundo lo
conoce, por más secreto que sea) son lanzadas por el poder. Y ni hablar
de la eventualidad de que un candidato propuesto por la masa no reúna
los requisitos "revolucionarios" que demanda el caso. Es un lío que
nadie está dispuesto a buscarse porque, entre otras razones, sabe que no
se saldrá con la suya.

De cualquier manera, siempre es seleccionado algún otro aspirante además
del oficial, pero su candidatura conforma apenas parte del juego. Si
algo aprendimos muy bien los cubanos durante casi medio siglo de
sometimiento total es a descifrar de un vistazo las normativas que nos
imponen desde lo alto. Así que invariablemente saldrá electo el delegado
que ya lo era antes de realizado el escrutinio.

Otro tanto (más bien copia al carbón) ocurre en las elecciones para
dirigentes sindicales que tienen lugar en los centros de trabajo y, por
añadidura, en todas y cada una de las convocatorias para que las masas
populares de esta isla elijan a alguien o decidan o condenen o suscriban
algo.

Sin necesidad de mentir

A Hobbes igualmente pertenece aquella tenebrosa hipótesis según la cual
hay circunstancias en que las personas, cerradas todas sus salidas,
anuladas sus iniciativas, atomizada su individualidad dentro del grupo,
perdida la confianza en sí mismas y, para colmo, temerosas unas de las
otras, aceptan pasivamente someterse a la supremacía del poder. Quizás
estaba describiendo nuestro entorno con más de trescientos años de
anticipación.

Otro aspecto que se menciona poco, o desacertadamente, con referencia a
eso que llaman nuestras elecciones, es el hecho de que la dirección del
régimen, representada para el caso por la Comisión Nacional Electoral,
no necesita mentir en cuanto a los resultados del proceso. Tampoco
necesita ordenar fraudes a través de las boletas o de las cifras de
participación y/o votos.

El poder de las tinieblas ha sido aceitado de manera tal, a lo largo de
casi medio siglo, que en cada circunscripción, en cada municipio, en
cada provincia, los dirigentes locales saben lo que tienen que hacer e
informar sin que se les ordene, para que sus parcelas no queden
rezagadas del resto ante el enjuiciamiento de arriba. Y esto es algo que
lo mismo sucede durante las elecciones que en el día a día de cada
empresa, de cada institución, de cada ministerio, de cada proyecto, de
cada campaña, de cada tarea, de cada misión…

El régimen se llena la boca para proclamar que en Cuba no se desarrolla
la más mínima campaña política previa a las elecciones. No es cierto.
Pero tampoco es lo más importante, ya que (como se ha visto sólo con una
observación parcial del proceso eleccionario) ni siquiera necesita hacer
campaña.

http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/poder-de-las-tinieblas/(gnews)/1194411600

No comments: