Yoel Espinosa Medrano
9 de julio de 2007
Santa Clara – bitacoracubana - Cuba amaneció, con el actual siglo, en
una feroz guerra, a pesar de otras que tiene en diferentes planos
internos o externos. Ahora es contra un pequeño enemigo mortal, causante
de la muerte de muchos habitantes de la Isla, aun cuando la cifra exacta
de los fallecidos siempre se maneja con total discreción para la
divulgación de la opinión pública nacional o foránea.
Niños, adolescentes, mujeres, ancianos y hombres fueron reclutados, a lo
largo y ancho del país, para protagonizar la denominada ofensiva de
erradicación del mosquito Aedes Aeyiptis, agente transmisor de esa
terrible enfermedad que representa el dengue hemorrágico y todas sus
secuelas.
Para llevar a cabo esa campaña antivectorial, al estilo de una guerra,
se requieren cuantiosos recursos materiales y humanos. Por muy
adiestrado que esté el personal implicado, es imposible ganar esa
batalla si no se encuentra y se elimina la vía de entrada de la
enfermedad y a su vez la forma de propagación.
Los medios de difusión cubanos, radiales, televisivos y de prensa plana,
insisten en la divulgación de acciones, tanto hogareñas como
institucionales, para erradicar la presencia de focos de ese tipo de
mosquito, en especial en aquellas zonas donde con anterioridad
propagaron por picadas la enfermedad o causaron la muerte de alguna persona.
Hasta el momento no ha sido suficiente la utilización de cuantiosos
recursos materiales, la designación voluntaria e incluso obligatoria de
obreros y estudiantiles para la revisión de cada rincón de la isla en
busca de posibles rastros o permanencias del nefasto mosquito.
La situación se solidifica en que los cubanos carecen de una sólida
educación medio ambientalista, las condiciones higiénico-sanitarias
inexistentes en las generalidades de los fondos habitacionales, debido a
la necesidad de acumular agua, unida a la presencia de frascos y objetos
en las calles y vertederos que de una forma indirecta son refugios de
los mosquitos.
En ocasiones, los insecticidas químicos utilizados, y hasta los mismos
equipos, no son del todo idóneos ni manipulados de manera correcta, y
tampoco los inquilinos de las viviendas cumplen con las exigencias
estipuladas, de tiempo y ambiente cerrado, para el mejor efecto del
nocivo producto vertido contra el mosquito, que también provoca
enfermedades en la piel y vías respiratorias de las personas, en
especial a niños.
No son pocos los que aseguran que esta enfermedad y su necesario aliado
que se combate día y noche por personal, a veces sin adiestramientos ni
modales, sin lugar a dudas, arribó a Cuba para quedarse, por lo menos en
estos tiempos.
http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=5129
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