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Saturday, July 07, 2007

Llanto por el mango y el aguacate

SOCIEDAD
Llanto por el mango y el aguacate

Oscar Mario González

LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Luego de un invierno generoso en
ensalada de tomate y lechuga, el cubano esperó ansioso el despunte del
verano para disfrutar del mango y el aguacate.

Este año, sin embargo, la decepción no pudo ser mayor. A la altura de
los primeros días de julio, el aguacate mediano se paga a 10 pesos la
unidad. El grande cuesta 20. El mango de tamaño normal no baja de los 4
pesos, y si es hermoso, aunque no sea de clase, alcanza los 8 ó 10. Todo
ello en el mercado libre, único lugar donde los productos del agro
tienen calidad, es decir, presencia, sabor. Los productos del mercado
particular, aunque más caros, son buenos, bonitos y sin cola.

El gobierno los vende más baratos, aunque la rebaja no es mucha. A 5
pesos el aguacate pequeño y 1 peso con 50 la libra de mango. Con la
inevitable cola que, a pesar de ser una ocupación casi cincuentenaria,
fastidia tanto como la ladilla en una calurosa noche de verano.

Pero el problema mayor en los mercados del estado estriba en la mala
calidad de los productos que, tratándose del mango y el aguacate, llegan
apolismados y aguachentos.

El cubano estima el aguacate, pues según frase muy criolla, "ayuda a
comer". En estos tiempos el aprecio se acrecienta porque es capaz de
sustituir a la vianda si fuese necesario. Esta circunstancia alcanza
toda su veracidad y estatura en momentos tan difíciles para los fogones
y estómagos. Por muy instructivo e inapetente que resulte el picadillo
de soya, la croqueta industrial y el puré San Germán, cuando se le
adiciona una ensalada de aguacate con algunas gotas de limón, la cosa
cambia. También facilita el desayuno si al agua con azúcar la acompaña
el pan con aguacate.

El mango, por su parte, es una de los manjares más sabrosos que inventó
el que hizo todo lo bueno que hay en este mundo. Lo mismo sirve como
fruta, que como mermelada, refresco o batido, aunque esto último
requiere de leche, y el lácteo no está al alcance de la mayoría de las
personas. Todas las variantes tienen un encanto particular.

El mango bizcochuelo parece ser el rey, con su sabor tan peculiar que
nos lleva de la mano por las lomas del Caney, entre piñas, mameyes y
guayabas; el filipino, con su delgada cáscara verde amarillenta,
ausencia de fibras, semilla fina y pequeña; el minúsculo toledo que,
desprovisto de corteza, es un sorbo de exquisita miel. Hasta la manga
blanca, dulce y aromática, es un bocado de cardenales.

Para el cubano, un verano sin mangos ni aguacates no sólo es motivo de
insatisfacción, sino también de tristeza. Porque siendo el hombre hijo
de una cultura, los del patio no sólo gozamos del sabor de las frutas
que nos da la tierra, sino de su aroma y presencia.

Nadie se explica la poca existencia de mangos y aguacates en una Isla
abundante de suelos cultivables.

Hace falta que el agua regrese a la tierra, que las cosas dejen de andar
viradas de cabeza. Que la libertad y el progreso se enamoren de esta
tierra y aniden en su suelo, para que el nacional no tenga que
lamentarse por la tristeza de un verano falto de mangos y aguacates.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/jul07/06a10.htm

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