CULTURA
El escarabajo y sus hijos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Los escritores pertenecen a
una raza aún sin especificar. Nacen con mala estrella. Los políticos los
ignoran. Los gobiernos, sobre todo si son de corte totalitario, les
temen, los mantienen vigilados, los reprimen. A algunos les prohíben sus
libros y les cortan las alas; hasta los encarcelan si insisten en
escribir según sus pensamientos.
La historia de los escritores caídos en desgracia en Cuba es bastante
trágica, casi tiene medio siglo. Novelistas, dramaturgos, poetas,
cuentistas, periodistas, han sido encarcelados, y un gran número vive en
el destierro.
El gobierno cubano llevó a cabo la misma política de la Unión Soviética
con respecto a los escritores e intelectuales.
Algo que nunca podrá olvidarse es el hecho de que el gran novelista ruso
Andréi Plátonov murió en 1951 siendo portero de la Unión de Escritores
de Moscú, organización compuesta en su gran mayoría por escritores
mediocres. Plátonov fue marginado y castigado por escribir al margen del
realismo socialista.
En Cuba cosas peores han ocurrido. En la actualidad los escritores están
bien controlados por la policía política, mucho más que durante las
primeras tres décadas del gobierno socialista. Tal vez por eso, y porque
se sienten viejos, se manifiestan tan discretamente en público, aunque
el cuchicheo crítico no ha dejado de formar parte de su idiosincrasia,
según se dice.
En apariencia son libres; pero no nos dejemos engañar. Aunque el
ministro de Cultura exhiba una negra cabellera ondulante sobre sus
hombros como los hippies, y en 1990 censurara en la prensa habanera los
errores cometidos contra los escritores durante las primeras décadas de
la revolución, se siguen cometiendo los mismos errores con los
escritores después de 1990. Lo único que se ha logrado es tener un
ministro con cabellera ondulante.
El lenguaje de la verdad es sencillo. Ahora la estrategia no es la lucha
frontal, sino la astucia, la hipocresía y la maledicencia. Además,
bailar al son que tocan es menos preocupante. De esta forma muchos se
han acomodado a la mentira, porque como los niños y los locos dicen las
verdades, ellos, los escritores, ni se sienten niños y mucho menos
locos. O sea, que viven entre dos aguas. Es por eso que los compadezco.
Es por eso que como dije al principio, los escritores no nacen con buena
estrella.
Miren si es así, que en días pasados el escritor colombiano Gabriel
García Márquez sufrió un gran desengaño, tan desagradable, que es digno
de analizarse. En el pueblo de Aracataca, donde nació, se realizaron
elecciones con el fin de agregar el nombre de Macondo, famoso por su
novela Cien años de soledad, al de Aracataca.
En la consulta popular, realizada el domingo 25 del pasado mes de junio,
sólo votaron 3,600 personas. No se alcanzó ni el mínimo de votos
requerido para que resultara exitoso el proyecto. Los habitantes de
Aracataca no lo aprobaron, ni siquiera cuando les dijeron que serviría
para atraer turismo. Prefirieron que el pueblo continuara llamándose
Aracataca y no Aracataca-Macondo.
Cuando leí la noticia me vino a la mente aquello que dijo el escarabajo
a sus hijos: Vengan acá, mis flores…
Que ni se imagine Miguel Barnet que la calle donde vive podrá llevar su
apellido cuando muera. Mucho menos podrá aspirar Pablo Armando Fernández
a que el central donde nació en Oriente -si es que existe- lleve su nombre.
La experiencia de García Márquez debería hacer pensar, sobre todo a esos
escritores a quienes no les preocupa mucho la Historia, la que aún no se
sabe si los absolverá o no.
http://www.cubanet.org/CNews/y06/jul06/11a8.htm
No comments:
Post a Comment