REPRESION
"¡Somos la policía!"
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Las pocas cosas agradables
que existen en Cuba se pagan en moneda libremente convertible CUC. No
todos los cubanos tienen acceso a las cosas agradables.
A Damayanti Álvarez y su esposo Ricardo Escamparte, enfermos del
VIH-SIDA, les gustaría disfrutar de las cosas agradables. Quisieran
hacerlo a pesar de la amenaza que pende sobre ellos.
Damayanti y Richard, en busca de disfrute, fueron el sábado para el
Malecón habanero para escuchar desde allí la música que escapa de una
discoteca cerca del lugar.
A las tres y treinta a.m. del domingo termina la discoteca. Se acaba la
magia.
Por el camino, en conversaciones de pareja, Ricardo expresó su criterio
sobre el gobernante de la isla y los presidentes Bush y Chávez.
Un policía que se encontraba cerca se dirigió a ellos y les pidió
identificación. Acto seguido, los cacheó y esposó sin ninguna
explicación. El policía pidió por el walkie talkie que enviaran un carro
patrullero para conducir a dos ciudadanos que se estaban expresando mal
de la primera figura del país.
Ricardo, previendo peores consecuencias, le comunicó que eran enfermos
de SIDA. A los pocos minutos en el carro patrullero No. 855 fueron
conducidos hacia la unidad policial ubicada en Cuba y Chacón en una
forma despótica y agresiva.
Ricardo se quejó del dolor que sentía por las esposas. El policía
respondió con palabras obscenas. Damayanti, al ver lo que sucedía con su
marido, le gritó nazi. La instructora de Criminalística que se hace
llamar Mabel apareció en el lugar, disgustada porque le habían
interrumpido el sueño.
Le molestaban los gritos de Damayanti, no los golpes que recibía
Ricardo. Mabel se acercó a Damayanti y le preguntó a gritos si ella era
guapa. Damayanti mide 1.63 metros y su peso corporal no pasa de las 94
libras. A pesar de estar esposada, fue víctima de una golpiza que le
propinaron la instructora criminal(ística) y dos guardias más.
La golpiza le produjo un ataque convulsivo por hipoglicemia y una
fractura en el dedo meñique de la mano izquierda.
Ricardo, al ver a su esposa convulsionando en el piso, les gritó:
"¡ASESINOS, si se muere no responderé de mí, elevaré esto a donde yo sea
escuchado!" La respuesta de Mabel fue: "Si se muere, se murió, ¡nosotros
somos la policía!"
El político de la unidad, para salvar responsabilidades, los envió a
otra unidad policíaca ubicada en la calle Prado, con la excusa de que
serían puestos en libertad al momento.
En la unidad policíaca de Prado, un agente con chapa No. 26151 les dijo
que si acusaban, ellos lo harían de igual modo y como es obvio, ganarían.
Por las condiciones en que se encontraba Damayanti como resultado de la
golpiza, el agente con chapa No. 022754 la llevó al Hospital Calixto
García con el solo propósito de que fuera atendida por hipoglucemia.
La doctora de guardia en la consulta No. 3 del Calixto García era una
estudiante venezolana que recetó a Damayanti un vaso de agua con azúcar
para evitar un suero de dextrosa. Todo esto sin pruebas ni análisis para
detectar cómo estaba el azúcar.
Damayanti y el oficial, al salir de la consulta de cuerpo de guardia,
pasaron por la consulta de ortopedia. Damayanti le pidió al policía que
le permitiera ser atendida. El dedo se tornaba de un color violáceo y se
hinchaba. Ante esta petición, el guardia le gritó que no, que si volvía
a hablarle le iba a formar otra parecida a la de la unidad de Cuba y
Chacón. Que ella sólo había ido allá para ser atendida por el azúcar.
De regreso a la unidad de la calle Prado, a su marido Ricardo ya le
habían quitado las esposas y entonces fue cuando se las quitaron a ella.
Ricardo fue multado con 30 cuotas de a peso. Damayanti no fue multada,
pero sí amenazada para que no denunciara los sucesos.
Damayanti y Ricardo pasaron a través de esta ordalía desde las tres de
la madrugada hasta las doce del mediodía. Enfermos, adoloridos y apaleados.
http://www.cubanet.org/CNews/y06/mar06/14a7.htm
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