Pages

Wednesday, March 15, 2006

La batalla de los palos secos

Sociedad
La batalla de los palos secos

¿Qué dicen las feministas y los homosexuales 'oficiales' en un país
donde los gays siguen arrinconados detrás de la zeta en la escala social?

José Hugo Fernández, Ciudad de La Habana
miércoles 15 de marzo de 2006

Una ácida expresión de homofobia caricaturiza entre nosotros el modo de
hablar de ciertos amanerados a los que llamamos "locas de carroza". Con
el énfasis de una orden de combate, la frase en cuestión convoca: "A la
lucha, a la lucha, que somos locas pero somos muchas".

Resultaría más graciosa si no fuera agresiva para con las
individualidades del prójimo, pero hay que reconocerle su gracia, no
queda otro remedio. Y este es el único motivo por el cual viene a
colación la frase.

No menos cómica, aunque en otro sentido, parece ser la batalla de un
grupo de feministas con capa y espada y de unos cuantos homosexuales
ridículamente tapiñados (por ridículos y por tapiñados) que hoy forman
parte del contingente de sombras que defienden la dictadura totalitaria
en primera línea y que, claro, medran a su costa.

Tales señores y señoritas se muestran muy conformes con haber depuesto
adargas ante un sistema que primero los domesticó con el poder de
convicción de los cilindros, y ahora los recluta bajo tutela oficial,
siempre que sean capaces de demostrar fidelidad de la única manera que
al parecer saben hacerlo: guardando las apariencias.

Se diría que hay un tope (de enajenación) en el cual las víctimas llegan
a sentirse a gusto en su papel, entonces olvidan el motivo que las
convirtió en víctimas, dejan de ser responsables ante su historia,
devienen palos secos sobre la corriente.

Es el cuadro que pintan los de marras (algunos músicos, periodistas,
escritores, poetas, plásticos, cineastas, actores y actrices,
presentadores de televisión…), los cuales, si bien no son muchos, ni
aparentan ser tan locas, continúan llevando su lucha, sólo que en plan
peones de brega, adaptados al ruedo machista leninista como se adaptan
los virus a los entornos más hostiles.

Distraer la perdiz

Si feministas, se llenan la boca para proclamar el ejercicio de la plena
igualdad de los sexos en la Isla, mientras viran el rostro hacia otro
lado para no ver de frente, por ejemplo, la penosa situación de las
mujeres negras, marginadas doblemente en la práctica (que siempre
contradice testaruda los panfletos); o mientras no reconocen, Dios las
libre, el derecho de las Damas de Blanco, no ya a ser respetadas y
atendidas como madres y esposas que reclaman justicia para su familia,
sino al menos a no ser agredidas, abusadora, impunemente, por las hordas
del régimen.

Si homosexuales, distraen la perdiz con el elogio a la apertura en La
Habana de exposiciones fotográficas dadas a mostrar falos más y menos
impúdicos; o de alguna que otra puesta en escena trasnochada y timorata;
o de películas, novelas, canciones que, según ellos, evidencian una
nueva actitud de la muy macha tiranía ante las debilidades del género.

Historia antigua, muerta y enterrada parece ser para los tales
señoritos, no ya la de los campos de concentración en Camagüey, ni la
del homofóbico Congreso de Educación y Cultura, o la del dantesco
período de los parametrados (expulsados en masa de sus empleos bajo el
cargo de homosexualidad), sino la situación de este mismo minuto, cuando
los gays siguen arrinconados detrás de la zeta en la escala social, para
nada confiables, por su naturaleza "floja", y mucho menos respetables,
debido a sus meros gustos.

Sería para reír si no resultara tan triste el panorama de este ejército
de menopáusicos (menstruales y/o mentales), entregados con la mayor
frescura a confirmar aquello de que no hay peor cáscara que la del mismo
palo.

Ahora están que les arden las palmas de aplaudir (aunque en secreto, a
la espera de nuevas órdenes) un proyecto oficial para la posible
legalización del cambio de sexo en personas diagnosticadas como
transexuales. Después de la revolución energética, la protésica.

Lástima que se les hayan adelantado los ayatolás de Irán, donde operaron
ya a unos 400 individuos, cifra levemente menor que la de casi 4.000
gays ejecutados en los últimos años en ese país, no (como creen los
roñosos) a instancias del islam, que es una religión honorable, ni menos
ni más que cualquier otra, sino a causa del machismo enfermizo y feroz
del poder terrenal.

Dios los cría…

Por cierto, una de las noticias más curiosas de la actualidad dio
cuenta, hace pocos días, de que por única vez en mucho tiempo
coincidieron los gobiernos de Cuba, Estados Unidos e Irán, al votar
juntos contra la entrada de la Asociación Internacional de Lesbianas y
Gays (AILG) al grupo de organizaciones no gubernamentales que asesora a
la ONU en materia de derechos humanos. Dios los cría, pero solamente la
homofobia fue capaz de unirlos.

¿Qué dirán sobre el particular los señoritos y señoras palos secos, en
el caso improbable de que los dejaran decir algo?

Y ya que andamos celebrando bodas rojas con los fundamentalistas
iraníes, ¿qué van a decir sobre la mutilación genital femenina, o sobre
la lapidación hasta la muerte a mujeres por haber sido violadas o por
acusaciones de relaciones sexuales naturales, o sobre el asesinato por
honor (del macho) basado en simples sospechas?

¿Qué dicen nuestras feministas oficiales de capa y espada sobre esas
mujeres que son ejecutadas por no llevar el hijab (velo) o por rehusarse
a hacerlo cuando se les obliga? ¿Qué dicen de la reclusión forzada de la
mujer dentro de sus casas y sus hijabs?

Y a nuestros señoritos, ¿qué opinión les merecen las carnicerías
"legalizadas" de homosexuales, las lapidaciones, los códigos de
vestimenta y de conducta impuestos por la fuerza?

Es previsible que no digan sino lo que ya dijo Galileo, sólo que con
mayor picardía y menos miedo: "Me hinco de rodillas ante los venerables
inquisidores".

Después de todo, les cabe el consuelo de alegar que en Cuba, como
también sentenciaría Foucault, no existe uno solo, sino muchos silencios
que son parte integrante de las estrategias que apoyan y atraviesan los
discursos.

Claro que eso no exime de culpas a los palos secos. Resulta comprensible
y hasta perdonable que su necesidad de conservar intacto el carapacho
sobrepasara el nivel de sus fuerzas físicas.

Lo que cuesta comprender es que también prevalezca sobre sus
destilaciones más íntimas, que es como decir sobre su pobre porción de
humanidad. Pero allá ellos y Dios. Que se diviertan y gasten poco,
dejándose arrastrar por la corriente, hasta el infierno.

URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/cuba/articulos/la_batalla_de_los_palos_secos

No comments: