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Wednesday, March 15, 2006

Comprar y tener: verbos limitados

Marzo 15, 2006

Comprar y tener: verbos limitados

Marilyn Díaz Fernández, Lux Info Press

CAMAGUEY, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Obligar a un individuo a
vivir toda su vida bajo estrictas normas de racionamiento material
podría considerarse un crimen. Pero si el mismo sistema de racionamiento
es impuesto a un pueblo entero, se debe considerar como una aberración.

El pueblo cubano, pocos años después del triunfo de 1959, fue sometido
por el gobierno revolucionario a la escasez y la limitación a la hora de
comprar, incluso los alimentos, regulados a través de la libreta de
abastecimiento. Las limitaciones iban, por ejemplo, desde la compra de
un blumer cada seis meses, hasta seis libras de arroz por mes.

Al principio resultó dramático, pero luego la población se fue
adaptando. Es decir, no le quedaba otra opción. Como se diría en buen
cubano: "O se aclimataba o se aclimataba".

Lo cierto es que la dirigencia del proceso revolucionario se desentendía
de la situación, y lo que en principio se planteó como una necesidad
temporal, se convirtió en obligatoriedad que ha perdurado por más de
cuatro décadas.

Generaciones de cubanos han nacido bajo este designio, que los ha
convertido en ciudadanos acostumbrados a la pobreza por decreto oficial.
Al cabo de tantos años, y después que el gobierno dolarizó la economía
interna, el país se llenó de tiendas recaudadoras de divisas que venden
todo tipo de productos, muy lejos del alcance del poder adquisitivo de
los ciudadanos. El racionamiento sigue siendo el edicto principal con el
que se gobierna.

Quien viole la imposición de tener sólo lo que el estado le permite,
debe acogerse al artículo 232 del código penal, que plantea: "El que
compre o posea bienes por encima de sus necesidades, incurre en el
delito de especulación y acaparamiento". Lo que está sancionado
duramente por la legislación.

Surge la pregunta que muchos se han formulado: ¿Cuáles serán exactamente
las necesidades de un ser humano, si las necesidades individuales no
pueden generalizarse, ya que por naturaleza todos no necesitamos lo
mismo porque no somos idénticos, ni realizamos las mismas funciones, ni
vivimos de la misma manera?

Lo peor es que los agentes represivos del gobierno pueden aplicar el
mencionado artículo a un ciudadano por comprar a su voluntad productos y
artículos que son vendidos en las propias unidades estatales, en divisas
o moneda nacional. Por ejemplo, a un ciudadano, al salir de una tienda
en Camagüey, le decomisaron siete gomas de bicicleta que había comprado
y le impusieron una multa porque, según el policía, esa cantidad de
gomas significaba especulación y acaparamiento.

Para la policía es especulación y acaparamiento que cualquier cubano
transporte diez jabones, cinco pomos de aceite, once botellas de ron,
quince paquetes de espaguetis, cuatro libras de arroz, treinta libras de
frijoles, o alguna cantidad de artículos que puedan representar holgura
económica y generosidad o hartura material.

De tal manera, los cubanos quedan privados de gastar su dinero en lo que
les plazca, porque de hacerlo están incurriendo en un delito, y pueden
ser sancionados. Lo que se traduce en que el racionamiento para este
pueblo no es sólo obligatorio, sino que amenaza con ser perpetuo, debido
a que las necesidades individuales de cada uno están sometidas a la
imposición aberrante de las raciones limitadas. Además, si alguien se
extralimita en alguna compra porque le place, incurre en especulación y
acaparamiento.

Agencia Cubana Independiente de Información y Prensa
E-mail: Fsindical@aol.com

http://www.cubanet.org/sindical/news/y06/03150601.html

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