Obama en Cuba desde la Casa Blanca hasta la casa rota
abril 6, 2016 11:05 am·
Boyeros, La Habana, Leonardo Calvo, (PD) Al tomar la decisión de visitar
Cuba el presidente norteamericano Barack Obama hizo una apuesta
riesgosa, habida cuenta de la enorme carga histórica de confrontación y
desencuentro que ha caracterizado las relaciones entre ambos vecinos.
Para agregar polémica y complejidad al tema, a pesar de tantos meses de
restablecimiento de las relaciones diplomáticas y demás acercamientos
entre los vecinos adversarios, todavía las autoridades cubanas se niegan
a comprometerse de manera efectiva y consecuente con los valores y
derechos humanos universalmente reconocidos.
El presidente Obama se convirtió en el primer gobernante norteamericano
en visitar Cuba después de ochenta y ocho años, cuando todavía en
nuestro país el desconocimiento de los derechos humanos tiene rango
constitucional e institucional, cuando la violación de esos derechos es
cotidiana y flagrante.
La polémica creció porque el momento del arribo de la comitiva
presidencial estuvo matizado por una violenta escalada represiva contra
decenas y decenas de líderes y activistas opositores pacíficos.
Más allá de los avances en el camino de distensión y acercamiento entre
los dos países, el presidente Obama llegaba a Cuba sin que las
autoridades hagan un meridiano reconocimiento a la determinación
demostrada por la administración norteamericana para dar pasos concretos
e irreversibles en lo que será un largo y complejo proceso de
normalización de las relaciones.
Enorme determinación y valentía política tuvo que demostrar el
mandatario norteamericano para pisar tierra cubana en visita oficial
cuando todavía el régimen cubano no reconoce los derechos de los
norteamericanos despojados de sus propiedades en Cuba, cuando este es el
único país que exhibe una ley de inversión extranjera, ante la cual los
nativos solo podemos ser empleados de segunda categoría.
Generó polémica e inquietud la visita de Obama mientras la violencia
represiva y el terrorismo de estado son el amargo pan de cada día en
nuestras calles y las garantías a los derechos civiles, a los derechos
sindicales y a la propiedad son un sueño largamente acariciado y por
mucho tiempo incumplido.
El presidente Obama llegó a La Habana mientras los gobernantes cubanos
exigen en las relaciones internacionales respeto a la diversidad y el
pluralismo, que es todo lo contrario de lo que hacen en su tratamiento a
los cubanos.
El presidente norteamericano tomó contacto con una representación de las
fuerzas prodemocráticas en Cuba como señal inequívoca de un compromiso
indeclinable, pero eso no lo reflejan para nada los medios informativos
nacionales.
En sus presentaciones públicas, Obama dejó testimonio claro de sus
posiciones y criterios.
El presidente Obama pasó por encima de la escenografía montada para la
ocasión, esa que habilitó un "Foro Empresarial" lleno de cuentapropistas
y cooperativistas que brindaron una imagen edulcorante de la realidad
socioeconómica de Cuba. Los participantes seleccionados no se
preocuparon de referirse a la ausencia de personalidad jurídica para los
cubanos, a los impuestos confiscatorios o la falta de garantías
jurídicas, al bajo poder adquisitivo de los ciudadanos o a la
inexistencia de mercado mayorista.
El presidente Obama entró a un remozado Estadio Latinoamericano que fue
repletado con "aficionados" confiables para evitar las manifestaciones
de simpatías masivas que de seguro se habrían producido si la entrada al
coloso del Cerro hubiera sido totalmente libre.
Para su discurso principal, las localidades del Gran Teatro de La Habana
fueron colmadas de representantes de las organizaciones corporativas y
adocenadas que sirven de instrumento de control y dominación a esa
dinastía totalitaria con mucha vocación de eternidad y nula sensibilidad
humanista.
Ese mismo escenario le sirvió al presidente norteamericano para brindar
una magistral pieza oratoria donde recordó el concepto martiano de
democracia que jamás utilizan los jerarcas castristas: "La libertad es
el derecho de todo hombre a ser honesto, a pensar y hablar sin hipocresía".
En sus palabras, Obama hizo una alta valoración de las cualidades y
potencialidades del pueblo cubano y reafirmó la importancia de dar
prioridad a la dignidad e integridad de los individuos con respeto a la
diversidad, y sobre todo, sin miedo al debate y a la confrontación de ideas.
El presidente norteamericano dio una lección que mucho necesitan los
gobernantes cubanos: demostró la capacidad de reconocer a los
adversarios virtudes y logros y la honestidad de reconocer las carencias
e insuficiencias de su propia sociedad.
Con sus conceptos y valoraciones, Obama conmovió incluso a cubanos que
no gozan de una profunda cultura política en tanto logró conectar con
inquietudes y aspiraciones de la gente común y sobre todo, proyectar la
idea de un posible futuro mejor para todos, sin distinción ni
condicionamientos.
Una prueba inequívoca de la altura y excelencia del discurso del
presidente Obama es la reacción de los voceros oficialistas, quienes se
han mostrado bastante incómodos e inconformes con varios planteamientos
del ilustre visitante.
Enorme irritación causó el llamado de Obama a trascender el pasado y
construir el futuro, lo cual fue interpretado por los representantes del
gobierno cubano como un inaceptable llamado a borrar la historia.
Llama poderosamente la atención el malestar de los castristas en este
sentido, puesto que ellos padecen del síndrome de la memoria selectiva,
esa patología crónica que los lleva a recordar permanentemente lo que
conviene a sus diseños de control y manipulación hegemónica y a olvidar
o desechar lo que no acomoda a sus intereses.
Si realmente rindieran culto a la memoria histórica, no mantuvieran
silencio y omisión sobre la contribución capital de los africanos y sus
descendientes a la conformación de la nación cubana.
Si rindieran verdadero culto a la memoria histórica brindarían atención
y respaldo a tantos veteranos de sus aventuras bélicas africanas, muchos
de los cuales sufren enorme desamparo y precariedad material.
No es secreto que el dialogo y el compromiso de los gobernantes cubanos
es con el pasado, casi siempre tergiversado.
Con sus palabras, el presidente Obama proyecta la certera idea de que no
se puede caminar hacia el futuro mirando atrás constantemente, puesto
que eso asegura solo tropiezos y retrocesos.
El proceso de normalización de las relaciones Cuba–EU será complejo en
tanto las posiciones poco flexibles y nada autocriticas de las
autoridades de La Habana dificultan mucho el esfuerzo de esa parte de la
clase política norteamericana que se empeña en impulsar una nueva
mentalidad y ambientes positivos que fundamenten una relación
equilibrada y mutuamente ventajosa para ambas naciones.
Esos nuevos ambientes obligarán a los gobernantes cubanos a explicar la
razón de tanta represión e intolerancia cuando su enemigo tradicional
tiende sólidos puentes de interrelación mutuamente ventajosa para ambas
naciones.
La visita de Obama anuncia la interrogante de con qué argumentos
mantendrán su intolerancia criminal cuando ya no sean una "plaza sitiada"
De momento, la visita del presidente Obama no puede impedir que esa
espiral de injusticia e intolerancia siga su curso.
Lo que muchos temíamos, no sucedió: lejos de legitimar al régimen, la
presencia de Obama en Cuba dejó bien claro la incapacidad política e
intelectual de unos gobernantes que solo saben aferrarse a conceptos y
discursos retrógrados y desfasados.
La presencia y los mensajes de Obama anunciaron al pueblo cubano que
sufre y espera que, a pesar de lo difícil del camino, no estemos solos y
una Cuba mejor es posible.
montesinos3788@gmail.com; Leonardo Calvo
Source: Obama en Cuba desde la Casa Blanca hasta la casa rota |
Primavera Digital -
http://primaveradigital.net/obama-en-cuba-desde-la-casa-blanca-hasta-la-casa-rota/
No comments:
Post a Comment