El partido de Martí y el Partido Comunista
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 10 Abr 2016 - 11:04 am.
El 10 de abril de 1892, hace exactamente 124 años, José Martí, el
pensador político cubano de mayor estatura, fundó el Partido
Revolucionario Cubano (PRC) con el objetivo de conducir el proceso de
independencia iniciado en 1868 hasta la fundación de la República.
Basado en un análisis presentado en 1880 acerca de los errores cometidos
en la Guerra de los Diez Años y basado en la experiencia de los partidos
en España y en América, Martí arribó a la conclusión de
institucionalizar la guerra a través de un partido político para arribar
a la República. Es decir el partido y la guerra como necesidad táctica
de una estrategia mayor. Doce años después, resultado de su labor
teórica y su práctica, nació el PRC.
En el acto fundacional Martí explicó que el PRC se creaba "de modo que
en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la
independencia definitiva de mañana".
En el Manifiesto de Montecristi subrayó que la guerra no es "el insano
triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un
grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad
de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera
en un conflicto solo terminable por la victoria o el sepulcro".
El 1 de abril de 1893, en Nueva York, expresó: "La grandeza es esa del
Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con
la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a
todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona…".
En las Bases del PRC lo definió de la siguiente forma: "no se propone
perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o alteraciones más
aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición
burocrática de la Colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial
de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera
democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el
equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad
repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud".
Esas cuatro citas son suficientes para desmontar el intento de legitimar
la existencia de un solo partido con los criterios martianos. El mensaje
contenido en ellas demuestra que en la concepción martiana la función
del PRC consistía en dirigir la guerra de la que nacería la República;
en que dicha guerra no consistía en el triunfo de un partido cubano
sobre otro y que no trabajaría por el predominio actual o venidero de
clase alguna; en que su fuerza radicaba en la obra de todos, que da
derecho a todos; y en que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo,
sino de muchas voluntades.
Esas razones son suficientes, totalmente ajenas y diametralmente
opuestas al actual unipartidismo, que para su justificación se afirma
que "los fracasos revolucionarios estuvieron en la falta de unidad"y que
su ausencia sería aprovechada por el imperialismo para desmembrar la
nación. Argumento tan débil que podría responderse con este otro más
sencillo: los fracasos en más de 55 años han estado acompañado de la
existencia de un solo partido.
Incluso, aceptando la absurda tesis de que Martí preveía después del
triunfo convertir al PRC en el único partido permitido, habría que
aceptar la tesis contraria de que por su profundo pensamiento
democrático, él preveía la coexistencia del PRC con otros partido
políticos. Esto último se podría argumentar con el hecho que ninguno de
los delegados a las asambleas constituyentes de Jimaguayú (1895) y de La
Yaya (1897), entre los cuales había seguidores de sus ideas como Fermín
Valdés Domínguez y Enrique Loynaz del Castillo, ninguno de ellos propuso
incluir algún artículo de esa índole.
Y es que la naturaleza excluyente del monopartidismo es tan radical y
reaccionaria que su implantación comienza por la destrucción de los
partidos existentes.
Los partidos, como indica la etimología de la palabra, son parte de un
todo, que por su naturaleza diversa y plural consta de otras partes
donde cada una representa intereses o tendencias de un sector de la
sociedad. Eso explica que el PRC independentista coexistiera con el
Partido Autonomista, reformista. Y no hay nada que demuestre el supuesto
propósito de suprimir al Partido Autonomista. Es cierto que Martí fundó
un solo partido, pues a nadie se le ocurre fundar varios partidos a la
vez. Lo falso es que aspirara a su existencia en solitario, pues también
otros, como los autonomistas, fundaron el suyo.
La existencia de un solo partido implica la conversión del ciudadano en
masa, lo cual, como decía Hannah Arendt, "representa la derrota del
individuo" (Carl Schmitt y Hannah Arend, Consenso y conflicto. La
definición de lo político, Editorial de la Universidad de Antioquía,
Colombia, 2002, pg. 81). De ahí que la descentralización política
constituya una exigencia del progreso social, mucho más en Cuba donde es
innegable la estrecha relación que existe entre la existencia de un solo
partido, la ausencia de democracia y la profunda crisis estructural en
que está sumido el país.
La mejor demostración de lo anterior es que al VII Congreso del Partido
Comunista asistirán 1.000 delegados que fueron seleccionados por una
Comisión de Candidatura a partir de las proposiciones de los núcleos,
pero con potestad para incluir a otros que no fueron propuestos y que
solo los 1.000 electos (menos del 0,001% de la población) han tenido
acceso a los documentos que aprobará el evento. Por tanto, el Congreso
no representa ni a la población ni a sus propios miembros.
Ese hecho impone la necesidad de incluir, entre los cambios proyectados,
la sustitución del artículo cinco de la actual Constitución por el
reconocimiento del pluripartidismo, lo cual sería un verdadero homenaje
a la labor desplegada por José Martí para fundar una República con todos.
Source: El partido de Martí y el Partido Comunista | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1460244851_21568.html
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